La “Captura del Estado” es la forma superior de corrupción

La Captura del Estado es diseñada influir en las decisiones del Estado en favor de los poderes fácticos.

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Por Cecilio Simon
Redacción de Bayano digital

Como decía en mi artículo “Bañar un elefante con champán”, el “Frente Guacho”, está en proceso de reconstrucción, en medio de la feroz tercera guerra de los poderes fácticos por el control del Estado.

Ese conflicto está centrado en una campaña por la transparencia en la administración del presidente Laurentino Cortizo. En razón de ello, se pone en contexto el eje central de esa confrontación, acelerada por el intento de la “Captura del Estado”.

En la ponencia que presenté al Congreso Científico de la Universidad de Panamá, el 3 de octubre de 2019, titulada “Panamá, red criminal para la captura del Estado”,, publicada en el Blog de Bayano el 19 de diciembre de 2019, destaqué los tres niveles de corrupción previamente identificados:

  1. La Sistémica, referida a las acciones de los funcionarios y actores políticos que es considerada por algunos autores como la corrupción normal,
  2. La Mega Corrupción, estructurada como una red criminal para saquear de manera sistemática al Estado, y
  3. La Captura del Estado, diseñada para influir en las decisiones estatales a favor de los poderes fácticos (gran empresa nacional y transnacional, medios de comunicación corporativos, crimen organizado, narcotráfico, donantes de campaña, y, otros agentes y colaboradores).

Hellman, Jones y Kaufmann, afirman que “la Captura del Estado es una forma de corrupción a gran escala”. En las economías en transición, la corrupción ha forjado una nueva imagen: la de los llamados oligarcas que manipulan la formulación de las políticas e, incluso, configuran las nuevas reglas del juego para su propio beneficio. Ese comportamiento acaparador es denominado “Captura del Estado”.

Garay y Salcedo-Albarán consideran que en la definición original de “Captura del Estado” se omite el uso de métodos de coerción y violencia usualmente empleados por individuos y grupos ilegales para complementar o sustituir el tradicional soborno.

Aun cuando las diversas formas de corrupción muestran una tendencia a modificar la manera en que son aplicadas las leyes, normas o reglamentos a beneficio del que paga el soborno, la “Captura del Estado” se refiere a los esfuerzos para influir en la manera en que se forman las leyes, normas o reglamentos.

En Panamá, la encarnizada lucha entre la fracción hegemónica, que ha manejado los hilos del poder y que ahora se siente desplazada en la administración del presidente Laurentino Cortizo, enfrenta al núcleo empresarial emergente, que ocupa los espacios que los poderes fácticos dominaba y consideran de su propiedad.

Para la facción hegemónica es vital la “Captura del Estado”, con el propósito de manejar los hilos del poder. Su objetivo es garantizar que las decisiones gubernamentales favorezcan sus intereses oligopólicos, por ejemplo, en el lucrativo negocio de medicamentos e insumos médicos requeridos para enfrentar la pandemia.

En lo estratégico, pretenden influir, como lo han hecho siempre, en la reforma al Código de Trabajo, la contratación sin limitaciones a mano de obra extranjera o el establecimiento de fondos de “rescate” creados con dineros provenientes del Estado para apuntalar a sus corporaciones, particularmente a la empresa nacional de aviación que pretende succionar unos 800 millones de dólares en detrimento de la clase media, los trabajadores, la mediana, pequeña y micro empresa en Panamá. ¡Esa es la correcta representación de la “Captura del Estado”!

La cruzada anti corrupción

La coalición denominada popularmente “Frente Guacho”, integrada por una fracción del PRD, que no se siente representada en el gobierno del presidente Laurentino Cortizo, el desvencijado Partido Panameñista y la oposición política “independiente”, liderada por un “partido mediático”, abandera una campaña anti corrupción.

Esa coalición que representa los intereses de los poderes fácticos, que reemplaza el soborno por la coacción al grupo empresarial emergente, al que cuestiona por la corrupción sistémica, que Bayano digital ha denunciado, en tanto que, con la moral compartimentada, sustentada por el historiador Jacobo Schifter, no denuncia los esfuerzos para la “Captura del Estado” por los poderes fácticos, estudiada por Hellman, Jones y Kaufmann. Esto no se entiende.

¡Por ello reitero la moral compartimentada del «Frente Guacho»!

Ellos bañan a un elefante con champan, mientras pelean el alpiste de un colibrí.

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