Bañar a un elefante con champán

La reactivación del "frente guacho" expresa el inicio de la tercera guerra de los poderes fácticos

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La guerra fáctica se configura como una encarnizada lucha por el territorio, similar al de la mafia.

Por Cecilio E. Simon E.
Redacción de Bayano digital

Aterrorizados por la posibilidad de la vuelta al poder de Ricardo Martinelli, el “Frente Guacho” inició un proceso de reconstrucción. Está integrado por sectores del PRD que no se sienten representados en el gobierno del presidente Laurentino Cortizo y pronostican que el partido no ganará las elecciones generales de 2024. Asimismo, integran este frente pedazos del desvencijado Partido Panameñista y la oposición política “independiente” liderada por un “partido mediático”.

Muchos están centrados en el tema de la transparencia de las entidades gubernamentales (con la que Bayano digital coincide), pero no son pocos los silenciados en la denuncia de los poderes fácticos, que auspician la corrupción pública, por ejemplo, los casos vinculados al especulativo negocio de los medicamentos o más de una decena de bancos identificados en los expedientes en las fiscalías por el “lavado de dinero” de operaciones ilícitas.

Tercera guerra de los poderes fácticos

La reactivación del “Frente Guacho” expresa el inicio de la tercera guerra de los poderes fácticos para el control estratégico del Estado, similar a la descrita en mi artículo fechado 9 de mayo del 2016, en el que se analiza la guerra que sostuvieron desde el inicio de la administración de Juan Carlos Varela.

La guerra de los poderes fácticos

La segunda guerra fáctica se configura como una encarnizada lucha por el territorio, como la que ejecuta la mafia. En ella se enfrentan los intereses económicos de al menos tres clanes:

El primero, que denominaré los de adentro, constituidos por los llamados contribuyentes de campaña, con gran influencia en las decisiones de los poderes establecidos.

El segundo, es descrito como los no contribuyentes, al que denomino “los de afuera”, con un alto poder mediático y que tradicionalmente son respetuosos de la regla de oro de los poderes fácticos: beneficiarse de lo público y respetarse en lo privado.

Al tercero, corresponden a los excluidos, integrado por los competidores económicos de los de adentro y el clan Martinelli.

El objetivo estratégico de esa guerra es aniquilar a los competidores económicos integrados al grupo de los excluidos  inmersos en la lucha por el territorio. A Martinelli, no necesariamente lo aniquilan por su desenfrenada corrupción, sino por que irrespetó la regla de oro de los poderes fácticos.

Moral compartimentada

El escenario que construyen es similar al que el costarricense Jacobo Schifter, escritor, historiador, profesor universitario y activista gay denomina moral compartimentada de los latinoamericanos.

En sus escritos, Schifter detalla una conducta diferenciada de los varones en el hogar y en la calle. Los domingos, ellos acompañan a sus hijas a misa y las tratan como si fuesen santas. Sin embargo, durante la semana esos mismos individuos prostituyen a las hijas de otros, ya que aquellas pueden ser manejadas como putas.

Schifter también escribe sobre la moral compartimentada en los medios de comunicación. En la mayoría de los países latinoamericanos, ellos no quieren publicar nada sobre el movimiento gay.

Pero ellos, por un lado, se reprimen en casa, donde en apariencia son machos verdaderos e intachables. Por otra parte, viajan al Viejo Continente para tener sexo e intimidad con los nativos europeos. ¡Esa es la denominada moral compartimentada!

Los «partidos mediáticos»

La internacional de los “partidos mediáticos” latinoamericanos, construida por los medios de comunicación corporativos, es portavoz compartimentado de la transparencia.

En Brasil, por ejemplo, el “partido mediático” O Globo desató una campaña “anti corrupción” para derrocar a la presidenta Dilma Rousseff (golpe suave) y encarcelar al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, supuestamente involucrado en la trama de corrupción “Lava Jato”, el mayor escándalo de corrupción en ese país y en América Latina. En él que se involucra a la constructora brasileña Odebrecht, que también operó en Panamá.

La cruzada de transparencia no incluye a los bancos

Como quien asiste a misa y acompaña a su hija los domingos, el auspicioso “partido mediático” brasileño favoreció la llamada “delación premiada” del presidente de la constructora, Marcelo Odebrecht.

En sus declaraciones, el indagado involucró solamente a los políticos con los que cohabitó (sobornó) los días de semana. Pero junto a las otras filiales de la “internacional mediática” ha tenido el cuidado de no incluir en su cruzada de transparencia a bancos en los que se “lavó dinero” de la corrupción.

Asimismo, han sido omitidos los nombres de empresarios con los que se asoció Odebrecht, para urdir la compleja operación de corrupción multinacional.

Como “premio” a su delación parcializada, Marcelo recibió el beneficio de reclusión domiciliaria en su mansión de 3.000 metros cuadrados, a fines de diciembre de 2017.

Transparencia Internacional certifica a la transnacional del crimen

En enero de 2018 Odebrecht, la transnacional del crimen, obtuvo una certificación de Transparencia Internacional, publicada con júbilo por  en su página:

“Estamos felices con esta conquista y seguimos trabajando con acciones concretas, no sólo en el papel. Éste es nuestro compromiso con la sociedad y con el futuro.

 

Odebrecht es una de las nueve empresas brasileñas que han obtenido la máxima puntuación, en una escala de 0 a 10, por la transparencia en la divulgación de sus programas anticorrupción en una evaluación de la ONG Transparencia Internacional con las 110 empresas más grandes de Brasil”.

¡Sin duda esta es la moral compartimentada, de los “partidos mediáticos”!

Ellos bañan a un elefante con champan, mientras pelean el alpiste de un colibrí.

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