Por José de la Rosa Castillo
Especialista en Relaciones Internacionales
Del 3 al 14 de agosto de 2026 se desarrollan en territorio nacional los ejercicios multinacionales PANAMAX 2026, un despliegue que moviliza cerca de 1.700 efectivos y delegaciones de 21 naciones para realizar maniobras aeronavales, operaciones de inteligencia y ejercicios de ciberdefensa.
La fase intensa de maniobras sobre el terreno dura 11 días. Sin embargo, el movimiento logístico previo y el desplazamiento de las unidades autorizadas en territorio nacional se iniciaron el 1 de julio y están comprendidos hasta el 31 de agosto de 2026.
Los ejercicios de este año marcan un claro retorno a los grandes despliegues tácticos sobre el terreno en suelo nacional, después de varios años en los que PANAMAX priorizó la simulación virtual desde mandos exteriores.
Aunque el Ministerio de Seguridad Pública y la Presidencia enmarcan estas prácticas dentro de una estricta cooperación técnica, respetuosa de la soberanía, la estrategia de mantener un perfil comunicacional bajo, evidencia la delicada naturaleza del evento. Evitar una difusión masiva parece ser una táctica deliberada para no despertar alertas entre los sectores sociales, gremiales y estudiantiles que históricamente han defendido la soberanía nacional ante cualquier señal de tutela militar extranjera.
Un despliegue militar en territorio nacional
La logística de PANAMAX 2026 comprende la presencia de 1.700 efectivos militares y de seguridad de 21 naciones en territorio nacional. También incluye el arribo directo de fuerzas especiales con equipamiento táctico y armamento de uso individual; buques de patrullaje naval operando en aguas del Pacífico y el Caribe; así como aeronaves y helicópteros realizando maniobras aeronavales reales en bases locales, como la antigua base naval de Rodman.
A diferencia de un simulacro de escritorio, en esta ocasión se realizan maniobras reales de interdicción marítima, custodia de infraestructuras del Canal en el terreno, despliegue de fuerzas especiales y escenarios simultáneos de ciberdefensa.
El hecho de que PANAMAX 2026 se desarrolle con tropas y activos militares extranjeros operando en el istmo explica por qué el evento ha recobrado una carga política tan alta. Ya no se trata únicamente de un ejercicio de simulación desde Florida, sino de un despliegue militar multinacional en suelo panameño bajo el patrocinio del Pentágono.
Esa presencia física directa en el territorio es precisamente el factor que reactiva los debates sobre la soberanía, la neutralidad del Canal y las razones por las cuales la administración de JRM opta por mantener un perfil informativo cauteloso ante la opinión pública local.
Esa cautela contrasta con la confirmada presencia del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, en el acto de clausura.
La neutralidad del Canal y el antecedente de 1989
Al examinar el régimen de neutralidad del Canal de Panamá y la retórica oficial que presenta la intervención militar de Estados Unidos como una “garantía de última instancia” para mantener la vía interoceánica abierta e ininterrumpida, surge una contradicción frente a las evidencias que aporta la memoria diplomática y la historia del istmo.
En más de 110 años, el único evento en el que el tránsito canalero se paralizó por causas bélicas no se debió a un ataque de potencias extranjeras ni a un sabotaje interno, sino a la invasión militar ejecutada por el propio “garante” en diciembre de 1989.
Esta paradoja adquiere un peso renovado en el contexto geopolítico actual. La figura de Hegseth no es periférica en esta ecuación. Sus intervenciones previas y sus declaraciones de perfil marcadamente intervencionista — en las que ha reactivado un lenguaje de tutela estratégica, una postura de contención agresiva frente a la influencia global de China y reclamos explícitos sobre el “ retorno ” de la influencia de Washington en el Canal — trascienden la simple cooperación en materia de ciberdefensa o logística.
La llegada del jefe del Pentágono en persona para cerrar las maniobras envía un mensaje que va más allá del adiestramiento rutinario: constituye una clara escenificación de disuasión y proyección de poder.
Seguridad o proyección geopolítica
Cuando la potencia tutelar define discrecionalmente qué constituye un “riesgo” para la vía —ya sea la inestabilidad de un régimen en los años ochenta o la competencia geopolítica y comercial en el siglo XXI—, la seguridad del Canal queda subordinada a las prioridades ideológicas y de seguridad nacional de Washington.
Desde la entrega definitiva del Canal el 31 de diciembre de 1999, Panamá ha demostrado que una administración civil, autónoma y estrictamente neutral es la fórmula más eficiente para garantizar el libre tránsito de la flota mundial.
La hiperpresencia de una fuerza armada extranjera no previene necesariamente la interrupción del tráfico; por el contrario, suele convertirse en catalizadora de las mayores tensiones operativas y políticas de la región.
Aceptar pasivamente las maniobras militares bajo el paraguas de la diplomacia defensiva equivale a ignorar el antecedente de 1989. Mientras el discurso formal promueve la idea de una “ protección multinacional ” del Canal, la retórica del Pentágono revela que la frontera entre el resguardo de la neutralidad y la proyección geopolítica unilateral sigue siendo extremadamente delgada.
Panamá gestiona con éxito la logística del comercio global. El desafío pendiente continúa siendo defender su soberanía tutelar frente a quienes confunden la custodia de una vía comercial con la permanencia de un protectorado estratégico, con el beneplácito de un gobierno entreguista.




