Por Otto Ríos
Egresado del Instituto Militar General Tomás Herrera
Mucho se ha escrito sobre la figura de este insigne hombre con vocación revolucionaria, pero hay detalles que lo hacen único, al menos desde el punto de vista de su proyección militar y política.
El comandante Torrijos utilizaba en su uniforme el verde olivo, el color que en el siglo XX representaba las luchas revolucionarias en el continente latinoamericano, a diferencias de otros generales que usaban trajes formales repletos de estrellas, medallas y condecoraciones que reflejaban poder. El verde olivo representa una imagen austera del soldado en acción, en contacto directo con las bases populares y campesinas de este país.
Como insignia de mando el jefe militar panameño portaba en su uniforme una hoja de laurel dorada, que significa gloria, honor, constancia, patriotismo y humildad. Esas características afianzaron directamente su filosofía de mando, buscando con ello identificarse con la gente común. Asimismo, procuró que la institución armada bajo su mando fuese respetada y admirada por la población.
Ese cuerpo armado y disciplinado sirvió de ejemplo en el ámbito regional. Su enfoque serviría para formar y organizar la Yunta Pueblo-Gobierno y unir al pueblo en la lucha para la liberación nacional.
Torrijos creía que la estabilidad social dependía de una armónica y justa relación entre empresarios y trabajadores. A través de una visión patriótica, pretendía despertar una identidad compartida, cultura e historia común para dejar atrás un Panamá dividido. Etl objetivo era la consolidación de la soberanía nacional, que era la religión que unía a todos los panameños.
Conclusión: El legado en las aulas del Instituto Militar General Tomás Herrera
La filosofía austera del liderazgo de Omar Torrijos, profundamente arraigada en los sectores populares y guiada por el honor al mando, requería cimientos duraderos. Para transformar esa visión de unidad y soberanía en una realidad permanente, era indispensable afianzar desde la raíz esos valores en las nuevas generaciones.
Es bajo esa premisa que la fundación del Instituto Militar General Tomás Herrera se consolida como la obra insignia más trascendental en el ámbito educativo y moral. Ese centro de enseñanza no nació con el propósito exclusivo de instruir cuadros castrenses, sino de moldear integralmente al ”Tomasito”, un joven disciplinado, consciente de su realidad nacional, con vocación de servicio y preparado para ser un pilar de transformación en la sociedad panameña.
Al inculcar en sus cadetes los valores de constancia, patriotismo y humildad, el Instituto Militar se convirtió en el reflejo práctico de la Yunta Pueblo-Gobierno. Formar a mejores hombres para la sociedad significaba trascender los cuarteles, para entregar a Panamá ciudadanos íntegros, capaces de liderar con el ejemplo, unir a las fuerzas vivas del país y honrar el compromiso histórico de construir una nación soberana, justa y verdaderamente libre.




