La injerencia estadounidense en la República de Panamá

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Laura Richardson, jefa del Comando Sur, ha venido varias veces a Panamá a leerle la cartilla a la Fuerza Pública.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

A 119 años de soberanía e independencia, esto es, de haber fundado el Estado Nacional, con la denominación de República de Panamá; conviene aclarar que la soberanía e independencia también nacieron mediatizadas por la intervención del imperialismo norteamericano y la decisión de la oligarquía panameña.

En la institucionalización de la República, dos actos marcaron las contradicciones fundamentales que articularían la lucha del pueblo panameño por el perfeccionamiento del Estado nacional.

Mediante la intervención de la representación diplomática yankee, el presidente Manuel Amador Guerrero, ordenó en 1904, la disolución o licenciamiento del ejército bolivariano del Istmo de Panamá, bajo el mando del general Esteban Huertas.

En ese mismo año, Don Tomás Arias, líder conservador, en concubinato con el representante diplomático del “Norte revuelto y brutal“, mister Buchanan, introdujeron el artículo 136 —de corte injerencista y antinacional— de la Constitución de 1904, mediante el cual “el gobierno de los Estados Unidos de América podrá intervenir, en cualquier punto de la República de Panamá, para reestablecer la paz pública…“, es decir, por un lado, el odioso Tratado del Canal de Panamá garantizaba la independencia y, por el otro, el ignominioso artículo de la Carta escrita de 1904 le proveía la jurisdicción nacional.

Esa última situación de intervencionismo del ejercito de los gringos en el territorio nacional la vivirían “en carne propia“ los panameños de a pie durante 32 años, hasta que mediante el Tratado Arias-Roosevelt, de 1936, se eliminó.

Aquellos dos actos son las causas originarias de las dos contradicciones fundamentales que alimentaron el alma nacionalista y popular de los panameños más humildes: La contradicción de la Nación vs imperialismo norteamericano; y la contradicción del pueblo panameño vs oligarquía; y que se expresó en las luchas nacionalistas y populares durante los primeros 65 años de República.

Durante todo ese período, la oligarquía se valió del injerencismo estadounidense para dirimir sus diferencias políticas e implorar la “revisión“ del Tratado del Canal de Panamá, de 1903, a cambio de “migajas económicas“.

A esas “demandas revisionistas“, respondieron los Tratados de 1936, 1955 y 1967 (este último conocido como los fallidos tratados “3 en 1“). Además, durante ese período se hicieron más estrechos los «lazos matrimoniales» del imperialismo norteamericano y la oligarquía panameña hegemónica.

En la quinta década del siglo pasado, en virtud del ingreso de los EEUU en la “Segunda Guerra Mundial“, se inició la militarización de los cuerpos policiales en varios países de América Latina y, en Panamá, se creó la Guardia Nacional (GN), estamento militar único, que serviría como instrumento de represión de las luchas populares, por parte del “remonismo“ (macartismo anticomunista), en el inicio de la “guerra fría“, una vez cesado el conflicto global.

Desde finales del decenio del los 40 e inicios de la década de los 50, la Guardia Nacional se convirtió en los “jenízaros“ de la oligarquía en contra del pueblo panameño y, a la vez, dirimentes de las diatribas de la oligarquía.

Ambas contradicciones fundamentales se agudizaron y profundizaron por el rol de “factor real de poder“ de las organizaciones populares; y se incrementó el intervencionismo estadounidense y la represión de la Guardia Nacional (GN) en contra de los líderes populares.

Es este marco político, se explica la insurrección de los estudiantes y el pueblo panameño de los días 9, 10 y 11 de enero de 1964.

Para salvaguardar el poder de la oligarquía de la ira popular, el presidente, Roberto Francisco “Nino“ Chiari Remón, ordenó la ruptura de relaciones diplomáticas con el coloso del Norte. A propósito de la contradicción con el imperialismo estadounidense, esta derivó en dos posiciones en la nación panameña: la de la oligarquía, el “revisionismo“ y la popular que se decantó por la abrogación total del tratado del Canal de Panamá, de 1903.

Esa es la razón del por qué la oligarquía antinacional y antipopular, a pesar de los recientes sucesos luctuosos de enero de 1964, insiste en su fórmula “revisionista“ y negocia con el gobierno de EEUU, los Tratados de 1967, convenios que son rechazados por el pueblo panameño.

Por otro lado, las contradicciones entre los gamonales de las entelequias políticas de la oligarquía se tornan irreconciliables y la fuerza pública de “buen componedor“ de las peleas de la oligarquía (“quita y pone presidentes“) asume de facto el poder político del Estado, mediante el golpe militar del 11 de octubre de 1968.

Las fases del “gobierno revolucionario“ ya las describí en un reciente artículo de opinión, lo cierto es que, éste fue fulminado al igual que la Fuerza Pública, entonces denominadas Fuerzas de Defensa (FFDD) por la cruenta y genocida invasión del ejército más poderoso de la tierra, el 20 de diciembre de 1989.

Yo he sostenido la tesis de que la causa verdadera de la invasión estadounidense a Panamá, no fue para llevarse a MAN y, supuestamente, restaurar la democracia!; sino para liquidar a las Fuerzas de Defensa (FFDD), que 10 años después, en1999, asumirían las bases en las riberas del Canal desalojadas por el ejército estadounidense.

¿Cómo así?

Sencillamente, porque sin ejército nacional, la seguridad del Canal de Panamá quedaría nuevamente en manos de los imperialistas norteamericanos. Por ello, le impusieron al triunvirato (Endara, Arias, Ford) la creación —otra vez— de una Policía Nacional (PN) guardiana exclusivamente del orden público; porque de la seguridad nacional y del Canal de Panamá se encargarían ellos. (Los imperialistas estadounidenses).

Luego del mandato constitucional de 1994, “La República de Panamá no tendrá ejército“

El gobierno de la plutocracia corrupta y de clientela política oganizó, mediante Ley, los servicios de Policía, que son verdaderos ejércitos, armados por EEUU y cuyos lemas, “DIOS PATRIA Y HONOR“ y “DIOS Y PATRIA“ se derivan del neofascismo europeo y del bolsonarismo de Brasil. (“DIOS, PATRIA Y FAMILIA“).

La “historia se repite en espiral“, solía decir en nuestro medio, un viejo caudillo de la oligarquía del «“ancian régime“; pero no mencionó, que primero como tragedia y después como farsa o tragicomedia.

En efecto, el imperialismo estadounidense reemprendó la militarización de los servicios de Policía y vuelvió a convertirlos en sus gendarmes. La plutocracia neoliberal los dirige como instrumentos de represión en contra de las luchas populares enfocadas en el objetivo de una democracia real y efectiva (“Radicalización de la democracia“), y no en la caricatura de democracia existente (plutocracia).

¡Así de sencilla es la cosa!

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