Eusebio Leal Spengler, un cubano irrepetible, ciudadano del mundo

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Eusebio Leal Spengler (1942-2020), Historiador de La Habana, Cuba.

Por Reynaldo E. Rivera E.
Embajador de Panamá en Cuba

El 31 de julio fue un día triste, de profunda recordación y dolor, para panameños y cubanos. Se cumplieron 39 años de la trágica y sospechosa muerte en el Cerro Marta, en Coclesito, del general Omar Torrijos Herrera, el conductor de nuestro pueblo en el proceso de liberación nacional, que nos permitió el 31 de diciembre de 1999, sacar la última estaca colonialista del corazón de nuestro pueblo, con la firma de los Tratados Torrrijos-Carter, que hicieron posible el perfeccionamiento de nuestra soberanía nacional, el pleno goce de la independencia y la autodeterminación, con la recuperación del canal interoceánico y la salida de los soldados de ocupación extranjeros, cumpliendo con el sueño de más de un sigo de los patriotas que en un alpinismo generacional, en especial, nuestros mártires del nueve de enero de 1964, que trazaron el camino de la libertad y la independencia para tener Un solo territorio y una sola bandera.

Ayer, como miles de compatriotas, recordamos a Omar, quien fue también un amigo de Cuba y se atrevió en 1974, sin pedir permiso a una potencia imperial, a reestablecer relaciones diplomáticas con este fraterno pueblo, que nos dio su mano franca y generosa, con su conductor revolucionario, el Dr. Fidel Castro Ruz, para que las naciones que formaron el Movimiento de Países No Alineados, apoyaran a Panamá, en su justa lucha de liberación nacional. En mi condición de embajador, en reconocimiento a Omar, la bandera nacional, ondeó a media asta en la sede diplomática. Fue un acto sencillo, humilde, pero de profunda emoción patriótica. En realidad, fue el reconocimiento a un hombre que murió pobre y que con espontaneidad prefería entrar al canal que a la historia.

En ejecución de este acto de homenaje, recibí la noticia de que en horas de la mañana, concluyó el ciclo de vida, de un cubano raizal, profundamente humano y humanista, amigo fraterno de Panamá y los pueblos del mundo, en especial los de Nuestra América; revolucionario por convicción; una verdadera fragua de conocimientos e ideales, así como uno de los más extraordinarios oradores, que haya podido escuchar en mi larga vida.

Hablo de Eusebio Leal Spengler, el hombre menudo, incansable en los quehaceres por rescatar no sólo las esencias históricas de la ciudad de La Habana, desde su fundación hace quinientos años, sino la propia cubanía raizal de toda la isla, en todas las etapas de su devenir, desde sus orígenes taínos y caribes. No era sólo el Historiador de la Ciudad, era el historiador de Cuba y de la América entera. A nadie oí jamás hablar con tanta elocuencia, pasión objetiva, conocimiento y admiración del apóstol José Martí. Tenía la capacidad inigualable de retroceder en el tiempo, como si tuviera la máquina ilusionada de llevarte y traerte como un pasajero del viento y los años. Sinceramente, no creo que alguien haya deseado, al escucharlo hablar, que concluyera una exposición de su ilustrada sapiencia. Empero, más que un historiador, que hablaba sobre Martí, Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, Mariana Grajales, Fidel, todos y cada uno de los y las dirigentes de las luchas libertarias de este noble y solidario pueblo, Eusebio fue la imagen y semejanza más perfecta de su nombre: Leal a la amistad, a los principios éticos y morales, a la humildad y la solidaridad revolucionaria, entre los pueblos.

Le conocí hace casi cuarenta años, cuando fui embajador aquí. Lo visité en el Palacio de los Capitanes Generales, donde me acompañó a colocar nuestra querida enseña nacional, símbolo de las luchas nacionalistas de nuestro pueblo, en la Sala de las Banderas; me habló del dolor del pueblo cubano por la muerte del general Torrijos y su ejemplo de valor y dignidad latinoamericana; su identificación con el conductor que dijo “cada hora de aislamiento a Cuba son sesenta minutos de vergüenza hemisférica, que debemos prorratearnos los pueblos de América”.

Eusebio visitó Panamá muchas veces, en vida del general Torrijos y después. Por la amistad entre ambos, y en conocimiento nuestro líder revolucionario, de los avances en la restauración del Casco Viejo de La Habana, le puso en contacto con mi inolvidable profesora de antropología Reina Torres de Arauz, para la planificación y desarrollo del programa de restauración del Casco Viejo de la urbe capitalina de nuestro país, lo que adelantaron con esmerada, sincera y capacitada colaboración.

La enfermedad y ocupaciones de Eusebio, quien hasta el último minuto de su existencia jamás abandonó el cumplimiento de sus deberes políticos y profesionales, me impidieron saludarlo personalmente y expresarle, como embajador, el agradecimiento de nuestro pueblo, por toda su generosidad y apoyo en más de medio siglo, lo cual hago póstumamente en este transitar de recuerdos.

El pueblo cubano, más que ningún otro, sabe la magnitud de la obra de este magistral y mágico narrador de la historia, de los sueños y las esperanzas, para quien  cada  día era, además de un amanecer, un reto a vencer, en su dolor y tristeza, más profunda que la mía y de los (las), panameños (as) que lo conocimos, tendrán presente siempre que Eusebio sembró tanto y tan bien en tierra fértil, que surgirán y crecerán frondosas ceibas de lealtad, capacidad, solidaridad y dignidad, como homenaje y continuación de su obra.

Hasta luego fraterno amigo.

¡Loor a Eusebio Leal Spengler!

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