Violencia de género

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Violencia doméstica. (Notes From Poland).

Por Carolina Muñoz
Revista Foreing Affairs

La Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer (ONU-Mujeres), estima que de las 87.000 mujeres que fueron asesinadas en el mundo en 2017, más de la mitad murieron en manos de sus parejas o algún familiar. Esto significa que 137 mujeres son asesinadas a diario en el mundo por un miembro de su familia. Asimismo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, organismo dependiente de la Organización, afirmó que, en 2018, el número de feminicidios había sido al menos de 3.529 en quince países de la región.

En el contexto actual, obligados a acatar las medidas impuestas a nivel mundial por la pandemia de covid-19, y a la luz de estas cifras, resulta que no solo se deberían encender las alarmas por la expansión del virus, sino también por la otra pandemia que enfrentamos: la de la muerte de miles de mujeres que quedaron encerradas en casa con sus agresores. Desde el inicio del aislamiento preventivo en el mundo, la mayoría de los países han comunicado un aumento de la violencia doméstica y de sus tasas de feminicidios. En China, la organización no gubernamental Equality Now registró un crecimiento en las llamadas a su línea de ayuda, y en España se reportó un incremento de llamadas por la misma situación de alrededor del 18% en las dos primeras semanas de aislamiento. Igualmente, en Francia la policía notó un aumento de la violencia doméstica del 30% y, de seguir enlistando, podríamos dar cuenta de que casi en todos los países se registró la misma tendencia.

El 23 de marzo de 2020, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, declaró: “Necesitamos poner fin al mal de la guerra y luchar contra la enfermedad que está devastando nuestro mundo. Y esto empieza poniendo fin a los enfrentamientos en todas partes”. Sin duda, sus palabras fueron un pedido de alto al fuego mundial en pos de la violencia doméstica relacionada con el aislamiento por el covid-19. Más tarde, escribió en Twitter: “Les pido a todos los gobiernos que le den prioridad a la seguridad de las mujeres mientras responden a la pandemia”. Y el mundo respondió. Una de las iniciativas más aplaudidas la puso en marcha el gobierno de las Islas Canarias, donde cualquier mujer en peligro podía asistir a una farmacia y pedir una “mascarilla-19” y, así, alertar al personal de que necesitaba ayuda. En Argentina, entre otras medidas tomadas por el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, se lanzó una adaptación de la mascarilla-19, a la que se denominó “barbijo rojo”. El Ministerio, en conjunto con la Confederación Farmacéutica Argentina, solicitó a todas las farmacias del país se adhirieran a un protocolo mediante el cual, si una mujer pide un barbijo rojo, quien la atienda sabrá que tendrá que solicitar sus datos y se comunicará por ella a la línea 144, habilitada para denuncias y ayuda. De acuerdo con el Ministerio, las denuncias por violencia de género aumentaron un 39% durante el tiempo que lleva el país en confinamiento por el covid-19. Además, según el Observatorio Mujeres de la Matria Latinoamericana, del 1 de enero al 9 de abril de 2020 se registraron 96 casos de víctimas fatales en Argentina. Más importante aún, el 25 % de los asesinatos sucedieron en el marco de las restricciones de circulación preventiva del contagio del covid-19. Finalmente, otra de las medidas tomadas en Argentina inspirada por el gobierno madrileño fue la campaña “Tú no te quedas en casa” que, además de permitir que las víctimas de violencia doméstica soliciten ayuda, se asegura que no compartan techo con su agresor al poner a su disposición hoteles y centros turísticos.

Los femicidios no dan tregua y la violencia machista no está en cuarentena.

Otros gobiernos en Latinoamérica están tomando medidas al respecto y vigorizando las existentes. En Brasil, la línea Ligue 180, que proporciona asistencia inmediata y apoyo psicológico a mujeres víctimas de violencia, se encuentra activa y ha informado un aumento del 18% de las llamadas en una semana. El Plan de Contingencia, publicado por el Ministerio de la Mujer de Chile, busca resguardar a las mujeres de las situaciones de violencia por parte de sus parejas, reforzando con más turnos el teléfono de atención 1455, conocido como línea púrpura. En Colombia y Uruguay se anunció el fortalecimiento de la línea de atención a mujeres, y en México y Perú la línea 911 y 100 se encuentran en funcionamiento.

En lo que va del periodo de aislamiento social debido a la pandemia de covid-19, en el mundo se ha registrado un incremento en la violencia del tipo emocional-física, sexual, patrimonial y económica contra las mujeres y, si bien en Latinoamérica se potenciaron las líneas de atención a la mujer, así como otros canales alternativos de asistencia, la violencia no cede porque la casa en donde debemos resguardarnos resulta ser, para algunas mujeres, el lugar más peligroso. Vivimos otra pandemia: la de la violencia contra las mujeres. Los femicidios no dan tregua y la violencia machista no está en cuarentena. Esta se lleva a cabo a gritos y a golpes, con armas blancas y de fuego y, en Argentina, ya le arrebató la vida a Camila, Jesica, Romina, Mariana, Estella y Delia, entre muchas otras.

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