Un alcalde que decepciona

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Mujeres panameñas lucen vistosas polleras. El traje típico es centro de un intenso debate.

Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público

Cuando José Luis Fábrega Polleri se lanzó por segunda vez como candidato a la Alcaldía de Panamá, el cargo más importante del país después de la Presidencia de la República, la mayoría de la población confiaba en que luego de la primera aventura electoral en la que perdió, venía con suficiente ánimo y proyectos extraordinarios y bien planificados para suplantar a un burgomaestre que prácticamente casi inunda la ciudad capital.

La experiencia en la esfera política y municipal revela que no ha sido así.

El alcalde comenzó su gestión manteniendo en puestos administrativos a funcionarios de alto nivel sobre los cuales recaían numerosas sospechas de haber demostrado incapacidad durante el anterior mandato.

Pero, aparte de los nombramientos y despidos, que son criticables, anunció la recuperación de una playa en la ciudad capital, que a todas luces representa un proyecto improductivo y demagógico, con pocas posibilidades de materializarse.

Las personas que disfrutaron esas playas están muy conscientes de que esos paisajes costeros se perdieron para siempre. Las ampliaciones de la Avenida Balboa y luego la construcción de la cinta costera las hicieron desaparecer.

Haciendo caso omiso a las críticas, Fábrega presentó el proyecto, con la posibilidad de invertir 120 millones de dólares en el mismo, mientras que en la metrópoli se requieren estructuras prioritarias y hay que decidir sobre la forma de garantizar un adecuado ambiente a favor del habitante citadino.

Mas recientemente, sin importar el cumplimiento de ciertas normas, aumentó descabelladamente multas de mal estacionamiento, y ha comenzado a permitir que los buhoneros vuelvan a la Avenida Central, entorpeciendo a los comerciantes, afeando la ciudad y dificultando el paso de los peatones.

Pero, el colmo de su improvisada gestión es querer adoptar el programa del Desfile de las Mil Polleras, casi al mismo tiempo de la actividad que celebra legalmente la ciudad de Las Tablas, con serios perjuicios económicos para esa región de Azuero.

El Desfile de las Mil Polleras ha sido exitoso y, sin duda, lo es en la actualidad. Desde ahora, los santeños disgustados por la competencia no van a permitir que arrebaten su hegemonía folclórica, por culpa de un alcalde que desde un principio sólo se ha caracterizado por la improvisación en los procedimientos adoptados.

Así lo reconoce un destacado santeño: “su repentina decisión no se trata de organizar un homenaje a la pollera, sino de quedarse con los réditos que el evento ocasiona”. Y agrega: “Es una visión pesetera que le roba a las áreas interioranas el derecho que se han ganado a celebrar sus festividades en su propio entorno.

Es, lamentablemente, un alcalde que decepciona.

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