Si no se puede viajar, Isabel Allende firma libros a través de un robot

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De puñoy letra. La autora firma en su casa y se reproduce en Barcelona. (Foto EFE).

Por Xavi Ayén
Clarín.comCultura

El futuro ya está aquí, no hace falta que se vayan a Silicon Valley (además, tampoco se puede). ¿Que este año, a causa de la pandemia, no venían escritores internacionales a firmar libros por Sant Jordi (cuando se hace la gran fiesta de los libros en Barcelona)? Eso no es un problema, sino un reto.

Por Barcelona, la distribuidora SolidPerfil3D. Por el lado chino, los fabricantes de robots DexArm. Por el lado literario, la cooperativa Abacus, que puso el local y los lectores; y el grupo Penguin Random House, que ha seleccionado a seis de sus autores con más gancho, seis, para someterse a la experiencia.

Las firmas a distancia son una aplicación de la inteligencia artificial a las tradiciones catalanas de abril, trasladable a cualquier feria del libro o evento literario afectado por las restricciones de movilidad y las medidas sanitarias.

La dedicatoria. La autora chilena la escribió en su tablet. (Foto EFE).

El sueco Jonas Jonasson, la chilena Isabel Allende y el británicochipriota Alex Michaelides firmaron ayer ejemplares de sus libros a un grupo de entusiastas lectores –seleccionados por sorteo– desde sus respectivas casas en Estocolmo, California y Londres.

Primero, por videoconferencia, charlaban en directo con cada uno de sus fans y, a la hora de estampar su dedicatoria, lo hacían en una tableta que enviaba la información a un brazo robotizado en Barcelona –había tres–, que reproducía exactamente los movimientos y el trazo realizados por cada autor.

Realidad mágica

“Es absolutamente mágico –exclama Isabel Allende–, estoy muy contenta porque es un paso más, la próxima vez habrá un holograma mío allí y ya podré hasta abrazar a los lectores, eso está próximo”.

Una de sus lectoras, Imma, funcionaria, le ha traído un pastel.

‒ ¡Pero si la tecnología aún no permite que se lo coma!

‒ Es igual, que lo mire. Han reproducido en la superficie, en chocolate coloreado, la portada de su último libro, Mujeres del alma mía. ¡Isabel, es para ti, ya te comerás uno de verdad cuando vuelvas a Barcelona!

Laura, diseñadora gráfica de 22 años, leyó cuando iba al secundario La casa de los espíritus y le está “muy agradecida porque es el libro que me hizo recuperar las ganas de leer que las lecturas obligatorias habían destrozado”.

Jesica, ama de casa peruana, que lleva quince años en Barcelona, le ha traído Mi país inventado. Está allí “por una sorpresa que me ha hecho mi hijo Luis, que estudia Economía en la universidad y sabe que me gustas mucho”. A Marina también la trajo su hija Alicia, y Merche viene con su hija Bea, que quiere ser escritora.

Lidia la emociona porque le trae una primera edición de La casa de los espíritus de Plaza y Janés. “Esa edición la tengo firmada por todos los actores de la película, de la obra de teatro, por mis padres y por mi agente Carmen Balcells, tiene una historia tremenda”.

Magalí le pregunta por una experiencia que declaró haber sufrido hace años, y Allende le confiesa: “No recuerdo, me lo debí de inventar, la mitad de lo que digo es mentira. Lo importante, al hablar en público o ante un medio de comunicación, es que no se te bajen los calzones… ¡y eso no me ha pasado nunca!”, ríe.

David Vives, de SolidPerfil3D, saca pecho. Su brazo robótico no sólo firma, sino que “también hace impresiones 3D, rayos láser o agarra objetos y los transporta”.

Este martes será el turno del israelí Yuval Noah Harari (en diferido), del francés Pierre Lemaitre y del sueco Niklas Natt och Dag, ambos en directo.

Frankfurt, Guadalajara, Londres y Cartagena de Indias, epicentros de los encuentros editoriales antes del virus, observan atentamente. El mundo nos mira.

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