Izquierdas radicales o las distracciones de Rubin

Específicamente, mencionamos la acusación de izquierdista fomentador de la lucha de clases que le hizo el secretario del Tesoro de EUA, Bob Rubin, al destacado economista liberal -para nada izquierdista- Joseph Stiglitz.

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez
Sociólogo y docente universitario.
Articulista de la Estrella de Panamá

El 7 de julio del 2018, desde este mismo medio de opinión, hacíamos alusión de las prácticas políticas de agentes de los sectores de poder, que alegremente fomentan estereotipos para encasillar a personas específicas, de modo que sean fácilmente discriminadas o sacadas del escenario de una contienda política o económica.

Específicamente, mencionamos la acusación de izquierdista fomentador de la lucha de clases que le hizo el secretario del Tesoro de EUA, Bob Rubin, al destacado economista liberal -para nada izquierdista- Joseph Stiglitz.

¿Qué estaba detrás de tal acusación estereotipada y a la postre injusta? Stiglitz, tenía la responsabilidad -asignada por Bill Clinton- de proponer la reducción de sumas multimillonarias de subsidios a las grandes empresas norteamericanas, para lograr la recuperación económica del país y de aminorar la cada vez más amplia desigualdad social experimentadas en las últimas décadas en ese país.

Este ganador del Premio Nobel de Economía describió en una de sus obras cumbre que “Durante el gran rescate de la Gran Recesión, una sola empresa, AIG, recibió más de 150 mil millones de dólares, más de lo que se había gastado en prestaciones sociales para los pobres entre 1990 y 2006” (Stiglitz, 2012).

Ciertamente, a Rubin y a la gente con poder como él, les resulta muy bien esta clase de manipulaciones al público para mantener la desigualdad socioeconómica, para mantener en activo las actividades y mecanismos que dan lugar a que fluyan los recursos de los pobres y no ricos hacia los más ricos en un territorio o hacia fuera de este.

La retórica de Rubin suele repetirse como “copy and paste”, con escasa originalidad, por magnates y voceros de los grandes poderes financieros del mundo en los países subdesarrollados como el nuestro. Aunque, para ser sincero, hace rato no escuchaba o leía tales tipos de exabruptos en nuestro medio, acusando con nombre y apellido a las autoridades que se pretende descalificar para que no alcance a efectuar o deje de ejecutar alguna medida que “conspira” contra esos mecanismos de enriquecimiento desmedido y a costa de las necesidades del pueblo.

En Panamá, el pecado de autoridades como el ministro de Salud ha sido autorizar la adquisición de vacunas que no están en el circuito del enriquecimiento de las transnacionales gringo-alemanas, como respuesta a la alta necesidad de la población y la propia dinámica económica nacional por lograr pronto inmunidades de rebaño. De paso, quienes han condenado al ministro Sucre por ese tipo de acciones, para evitar que siga incurriendo en las mismas, no hacen más que poner a Panamá en una posición de pérdida de neutralidad, absolutamente necesaria para protección de nuestro activo canalero; parece que tales acusadores no reparan en los intereses de la nación panameña y no como funciona la geopolítica de los grandes poderes.

Por cierto, si el ministro fuese un “izquierdista radical” se hubiera desvivido por no incurrir en la descortesía que tuvo con las delegaciones de médicos cubanos al culminar el servicio de alta calidad que estos brindaron al país.

Si el ministro y el resto de altas autoridades de salud -antes de él y junto con él- cumplieran cabalmente con ese calificativo estereotipado de “izquierdista radical”, el control de la pandemia se hubiera alcanzado con antelación, al eludir permanentemente la participación organizada de las comunidades territoriales en la labor ineludible de controlar la pandemia.

Un izquierdista radical acudiría a contar con la población, precisamente a sabiendas de que estaría más cerca de construir una institucionalidad que permitiría al pueblo desarrollar sus propias capacidades, decidiendo sobre sus propios asuntos comunitarios, en edificante articulación con los profesionales de la salud.

Esto asusta a la tecnocracia, incluso “de izquierda”, mucho más a los que no lo son, porque existe allí un aprendizaje de soberanía popular, de democracia participativa y no representativa al que los beneficiados con los mecanismos que fomentan las inequidades no están dispuestos a ceder.

Más recientemente, parece haber mucho susto entre los capitales financieros expoliadores de las materias primas del mundo, frente a la potencial medida -no exclusiva de izquierdistas- de aprovechar el momento de renovación de concesiones de NUESTROS bienes minerales naturales, particularmente con Minera Panamá y algunas otras.

Así, frente a estas “amenazas”, seguirán apareciendo decenas de Rubines, descalificando con cuanto estereotipo se les ocurra crear para que se mantenga la desigualdad… lo demás, es pura distracción.

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