Opacidad, impunidad y vasallaje

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La viceministra de Asuntos Políticos de Estados Unidos, Victoria Nuland, saluda al presidente Laurentino Cortizo.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

Sin duda, a escasos días de cumplirse la mitad del período presidencial (30 meses), ya está claramente perfilado —con sus numerosos ejemplos— el legado político del señor Laurentino Cortizo Cohen. A la vista: opacidad política, impunidad del cohecho y vasallaje en las relaciones internacionales.

Según la Real Academia Española (RAE), opacidad proviene del latín “opacitas” y significa “cualidad de opaco”, a su vez, la voz opaco indica que “impide el paso de la luz”. La otra acepción alude a lo “oscuro y lo sombrío”. Mientras que la opacidad política se caracteriza por la ausencia de rendición de cuentas, de transparencia y de acceso a la información de la Administración Pública.

En este último aspecto, el régimen de gobernanza actual, se ha “blindado” por diez (10) años en materia de transparencia y rendición de cuentas, al emitir un Decreto Ejecutivo declarando las sesiones del Consejo de Gabinete y las notas del Presidente y Vicepresidente de la República, de carácter confidencial.

La impunidad proviene del latín “impunitas” que traducido literalmente al español quiere decir, “sin castigo” es, pues, la ausencia absoluta de cumplimiento de la ley penal o dejar sin sanción un hecho punible. Dicha injusticia, es la causa principal —en éste y anteriores gobiernos de la República— de la pobreza, la desigualdad y la ausencia de inversión social en Panamá.

El vasallaje político es una herencia del pasado feudal, al que es sometido o se someten algunos mandatarios —generalmente venales— al querer de las grandes potencias o grupos regionales u organismos internacionales (“piratas”) o empresas transnacionales. El caso de la República de Panamá mediatizada su soberanía por causa contractual (Convenio del Canal de 1903), que parecía superado con la firma de los tratados Torrijos-Carter, de 1977, y la salida del último soldado estadounidense del territorio nacional al mediodía del 31 de diciembre de 1999; se ha retrotraído a un hecho ilusorio, al revertirse la descolonización —por acción u omisión— de mandatarios vasallos de la política imperial del gobierno que “no tiene amigos, sino intereses” en el mundo.

Tal es el caso de la remilitarización de la Fuerza Pública (a contravía de la disposición constitucional que dice: “La República de Panamá no tendrá ejército”).

Sin embargo, bajo el “paraguas” del Pentágono se han erigido mediante normas de Ley, no uno, sino cuatro ejércitos pretorianos (servicios policiales que de policías sólo tienen el nombre). Pero, además, desde los tiempos del régimen corrupto del hijo del general, presidente conocido, popularmente, como el “muñeco que pasea”, se reiniciaron los ejercicios militares conjuntos entre el ejército que ocasionó el asesinato de decenas de jóvenes panameños el 9 de enero de 1964 y el genocidio del pueblo panameño el 20 de diciembre de 1989 y días siguientes; maniobras conjuntas con ejércitos bastardos (PN, SENAN, SENAFRONT y SPI), creados a despecho de la Constitución, por los siervos plutocráticos nacionales a instancias del imperialismo norteamericano.

Pero, la enajenación de la República no se agota en la remilitarización y la realización ejercicios militares conjuntos; sino que además, se han vuelto a poner bases militares estadounidenses en el territorio panameño (CROAN en las riberas del Canal y otra instalación militar en Darién).

Finalmente, el “rosario” del vasallaje no termina allí. La joya de la corona se la lleva el actual gobierno, que permite la insolente intervención pública del diplomático estadounidense (un pinche representante comercial) en los asuntos internos de Panamá. Y, la “cerecita” del ignominioso vasallaje político de esta caricatura de República es la presencia de “especialistas” militares y civiles estadounidenses (de la CIA, la DEA, el Departamento del Tesoro, etc.) en instituciones de seguridad nacional y de fiscalización del Estado vasallo.

Como ocurrió en el pasado siglo de la oligarquía liberal y durante el régimen militar “norieguista”, el gobierno del “Norte revuelto y brutal” le permite a su actual vasallo, todo tipo de excesos en contra de los derechos humanos de los hijos del pueblo y de los haberes públicos, siempre y cuando los mezquinos intereses imperiales sean resguardados por el “encomendero” de turno.
¡Así de sencilla es la cosa!

1 COMENTARIO

  1. Como siempre, un sesudo comentario exponiendo con mucha claridad y valentía la radiografía que estamos padeciendo muchos en Panamá. Saludos.

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