Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público
Hay posibilidades de que a corto plazo las clases se reinicien con normalidad, después de más de dos meses de una huelga de los educadores, convocada en contra de la Ley 462 que reforma el sistema de seguridad social en Panamá.
En ese contexto, es necesario destacar que ningún funcionario, ni el presidente de la República, José Raúl Mulino, ni la ministra de Educación, Lucy Molinar, tuvieron la cortesía de sentarse un minuto para escuchar a los docentes en resistencia que mantienen en alto la bandera nacional.
Como consecuencia inmediata, la ministra de Educación pasará a la historia como la que más educadores ha procesado a causa de una huelga, en apenas un año de gestión. Mas de 500.
En un anterior mandato, Molinar permitió que unidades de la Policía invadieran las aulas del Instituto Nacional. La cuestionada ministra suma a sus espaldas un desastre más a su incompetente doble paso por el importantísimo Ministerio de Educación, al haber destituido y calificar ilegalmente a cientos de docentes.
Antes de ocupar por segunda vez ese cargo, la mencionada dama tenía un lastre de acusaciones sobre casis de corrupción cometidos durante su primera gestión, bajo la tutela del convicto asilado en Colombia. Tiene a su haber el terrible pecado de suspender la lectura de libros y novelas de prestigiosos autores panameños, por considerarlos obsoletos y no aptos para la juventud.
Aquella fue una decisión anti educativa. Además, en firma caprichosa y sin justificación alguna suspendió la circulación del libro sobre la historia del Nido de Águilas, escrito por una prestigiosa institutora.
Para nunca olvidar, es necesario recordar que esa ministra es la que más educadores ha despedido en la historia de la Educación. Sus protectores olvidan mencionar que ella fue una de las acusadas por los escándalos del programa de Ayuda Nacional (PAN), en el que estuvieron en juego 45 millones de dólares para la alimentación de estudiantes. (Léase comida deshidratada). Además, su nombre figura en el escándalo provocado por la compra de mochilas escolares por 12 millones de dólares.
Es posible mencionar otros casos, pero durante los primeros días del actual gobierno la ministra de marras, sospechosamente, intentó la compra millonaria de miles de laptops sin el previo consentimiento del Órgano Ejecutivo y sin los requisitos de la licitación pública. El negocio, por más de 40 millones fue negado públicamente por el mandatario un día jueves.
Después de ese suceso, afanosamente, intentó otro negocio, parecido al caso del PAN, que estalló durante la administración de Martinelli. También le salió mal la jugada. De hecho, se le negó ese procedimiento un día jueves.
En la actualidad, Molinar, es la funcionaria pública más criticada del gobierno nacional. Sus gestos guturales durante la huelga de los educadores no revelaron ni un milímetro de humildad y moderación. Lo que hizo fue asumir la actitud prepotente y soberbia de su jefe inmediato, de no dialogar, de cero aperturas respecto a la Ley 462 y otros graves problemas nacionales.
Desde Colombia, donde funciona la otra parte del gobierno bicéfalo que rige en Panamá, ya asoman las recomendaciones de cambios en el gabinete. Por su evidente fracaso, ojalá que sea retirada de esa jefatura para poder iniciar la recuperación del descompuesto y complejo sistema educativo.




