Bocas del Toro: traicionada por el ”chen chen” que nunca llegó

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Los bocatoreños y las bocatoreñas jamás se rinden.

Por Rogelio Antonio Mata Grau
Docente e investigador social

Con ese título sugestivo puede resumirse el drama histórico en la provincia de Bocas del Toro, en el Caribe panameño. Mientras los sucesivos gobiernos prometían crecimiento, inversión y progreso, la realidad ha sido otra: pobreza estructural, abandono institucional, represión cuando se protesta y olvido cuando se calla.

Bocas: espejo roto del país

En mayo y junio de 2025, Bocas del Toro fue noticia por los bloqueos, la violencia, la militarización y la represión. Pero no estalló por accidente. Estalló porque la población se cansó de vivir con escuelas derrumbadas, hospitales colapsados, caminos intransitables y promesas rotas. Se cansó del ”chen chen” (dinero) que siempre se anuncia, pero que nunca llega al pueblo trabajador.

Los bocatoreños no son criminales. Son obreros, campesinos, indígenas, jóvenes sin futuro. Y salieron a las calles porque el modelo económico los ha condenado a sobrevivir en la periferia de todo: de la riqueza, del poder y de la dignidad

El modelo que margina

Desde la imposición del modelo neoliberal en los años 90, traído por una invasión que cambio para siempre el destino de una nación, se nos dijo que si el país crecía, todos ganaríamos. Panamá creció, pero las ganancias quedaron en la cima. Las provincias pobres como Bocas siguieron igual o peor. Porque en ese modelo, la riqueza no se distribuye, se concentra. Se construyeron autopistas en la capital, pero no hay caminos dignos en Changuinola. Se levantaron bancos y torres en Punta Pacífica, mientras las comunidades indígenas siguen sin agua potable.

2022, 2024 y 2024: señales ignoradas

La rebelión popular de 2022, la continuidad de las luchas en 2023 y el colapso electoral de 2024 fueron advertencias claras. El pueblo panameño ya no cree en el sistema político que protege a corruptos y castiga a los que luchan. Ya no acepta migajas ni discursos. Quiere justicia social, quiere oportunidades, quiere soberanía.

En ese contexto, lo de Bocas no fue un brote aislado, fue la continuidad de una ruptura histórica: la ruptura entre el pueblo y el régimen político-económico que ha vendido al país al mejor postor mientras deja a su gente en el abandono.

La represión como respuesta

El Estado no respondió con inversión ni diálogo: respondió con garrote. Suspensión de garantías constitucionales, represión policial, persecución a líderes sociales, helicópteros artillados con bombas lacrimógenas. Como en la dictadura, pero con ropaje democrático. Porque cuando el modelo no puede convencer, reprime. Pero esa represión no puede tapar el grito de un pueblo que ya no quiere sobrevivir, sino vivir con dignidad.

Refundar Panamá desde sus márgenes

Bocas del Toro no debe ser tratada como una zona de conflicto, sino como una zona de reparación. Reparación histórica, social, económica y cultural. Porque ha sido traicionada demasiadas veces. Porque se le ha prometido “chen chen” y sólo se le ha dado gas lacrimógeno y garrotazos como respuesta.

Porque encarna las grandes deudas de este país y sus provincias, sus pueblos indígenas, su juventud, su clase trabajadora. Si Panamá quiere tener futuro, debe empezar por reconocer el pasado de abandono y marginación que hizo estallar a Bocas. Sólo así podremos construir un nuevo pacto nacional, con justicia redistributiva, democracia participativa y soberanía popular.

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