La soledad del virus

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La Gioconda enmascarada.

Por Rolando Gabrielli
(Poeta chileno residente en Panamá)

Cuando todos los hombres decidieron
no salir de sus casas,
Los automóviles abandonaron
las calles y carreteras
Los negocios bajaron sus cortinas
Las cajas registradoras dejaron de sonar
Las iglesias se quedaron sin fieles
El silencio se apoderó de la ciudad
y sólo los celulares resplandecieron
en los sombríos días del Coronavirus
La tierra volvió a respirar, es cierto,
Los peces bajaron por los ríos hacia el mar
Los ciervos cruzaron los semáforos
Las aves descendieron de los cielos
Nadie clavó un clavo en semana santa
La ciudad parecía una mariposa
en un insectario
Una postal del espanto
El miedo recorría el mundo
Los hospitales no daban abasto,
El virus diezmaba el planeta
Los muertos entraban y salían
de las morgues
Nadie estaba para despedirlos
La vida se había convertido
en un azar,
acechada por lo invisible
Todo era tan real y virtual
Sólo cuando la muerte
se sintió sola,
el virus desapareció.

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