La generación que abrió la senda soberana

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El dirigente estudiantil Rómulo Bethancourt Arosemena y Omar Torrijos, en un encuentro con la juventud.

Por Filiberto Morales
Docente universitario

Cuando mi generación, muchos de cuyos líderes estuvimos en la cárcel y/o el exilio a raíz del golpe militar de 1968, decidimos luego del golpe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), del 16 de diciembre de 1969, apoyar el proyecto torrijista que emergía en Panamá. 

Años después, cuando entramos a construir el Partido Revolucionario Democrático (PRD), no lo hicimos solos; lo hicimos organizadamente, con las organizaciones en las que teníamos fuerte presencia: movimiento estudiantil, frentes de mujeres, juventudes barriales, trabajadores y campesinos, y profesionales de diferentes campos (educadores y científicos, entre otros) .

Ello explica la configuración, junto a otras fuerzas sociales, de una inteligencia colectiva social y política como nunca. Posteriormente, tuvo alguna organización o partido político. Esta inteligencia colectiva social y política acompañó la conducción del proceso de descolonización que dirigió el general Omar Torrijos. Esa realidad contribuyó de manera importante al diseño y ejecución de políticas y programas que caracterizaron el proceso torrijista en aquella fase.

Luego de la desaparición física del general Torrijos, no obstante los severos errores, desviaciones y retrocesos, hacia 1989, el PRD mantenía potencialidades que hubieran podido constituir la fuerza social y política capaz de reconducir el proyecto en la nueva fase que Torrijos definió como la fase del desarrollo equitativo, justo, sustentable e independientemente.

Esas potencialidades explican que la invasión norteamericana en la Noche Buena de 1989, no tuviera primordialmente el objetivo de capturar al general Manuel Antonio Noriega, sino también destruir para siempre las capacidades multidimensionales del pueblo y de la sociedad panameña para re-enrumbar el país en la perspectiva torrijista. Para ello, intervinieron al PRD por diversas vías, desde adentro y con caballos de Troya: la entronización de la corrupción, el clientelismo, la organización delincuencial, el pesimismo, la frustración, que permean todo el tejido del partido y de todo el tejido social.

Luego de más de 30 años, no se ha construido una organización política que sea el relevo del PRD, que llegó casi que agónicamente al período post invasión.

Después de este escrito, realizado sobre la marcha, la pregunta que me hago en la coyuntura concreta de hoy, uno de cuyos elementos críticos será el resultado del Congreso venidero, es si sobreviven las potencialidades torrijistas en el PRD, que lo caracterizaron y templaron en la lucha dirigida a la descolonización. ¿Dar o no el salto?

“To be, or not to be, that is the question”, se planteaba Don Justo Arosemena al comenzar la segunda mitad del siglo XIX, ante el intervencionismo norteamericano y la real amenaza de hacer de Panamá otra Texas. Pido tolerancia para estas ideas en borrador.

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