Entre lo importante y lo vital hay que saber elegir

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Cuencas hidrográficas intervenidas en la provincia de Veraguas.

Por Rafael García Denvers
Ingeniero

Actualmente, los sectores sociales se abocan a la tarea de reconstruir una economía agónica y decadente, y ven esa labor como lo más importante, siendo de hecho esa condición un factor que parece unificar a los mejores cerebros de la estructura gobernante y empresarial, incluso por encima de contradicciones de larga data, lo que viene configurando respuestas donde un factor vital no se integra en forma adecuada, el derecho a la vida del colectivo social.

Es indudable la existencia de un colapso económico, particularmente después de la pandemia de Coronavirus (Covid-19), que reveló las debilidades del sistema, pero evidente también es el colapso ecológico, que con el gran titular de Cambio Climático se viene documentando. Absurdo, por lo tanto, es buscar o avalar respuestas y soluciones económicas que aceleren el conflicto ambiental y su deterioro a niveles insospechados e irreversibles. Por ello, es de primordial importancia procurar una garantía de vida al ser humano, y no sólo un acceso a cuestionables riquezas que representan pan para hoy y hambre para mañana.

Existen actividades con evidentes réditos, ganancias monetarias, pero de dudosa, o simplemente imposible sostenibilidad en el tiempo y cuyos resultados anexos conllevan costos muy superiores a sus beneficios transitorios, ejemplo de ello es la minería a cielo abierto y especialmente en climas como el de Panamá, abundante en flora, fauna y recursos hídricos y, por lo tanto, con frágiles equilibrios y características no recuperables.

Mientras la administración del contexto económico siga bajo la directriz de ganancias y acumulación de riquezas a cualquier costo, característica propia del Modelo Neoliberal, la sostenibilidad a futuro de las sociedades y el ambiente que las cobija va rumbo a su extinción. Cualquier evaluación fuera de ese marco de realidad impuesta, es, por decir lo menos, irresponsable y criminal.

Veo con preocupación a un equipo de gobierno que coincide con intereses del capital y habla de reactivación económica y de las mejores practicas ambientales, al apostar por rutas donde el punto de equilibrio lo ubica en las finanzas y no en la salud integral y el futuro alimentario de la sociedad.

Cualquier acción humana que afecte el equilibrio hídrico, ya sea por contaminación, ruptura del ciclo o perdida de su presencia, conlleva un ataque a la capacidad de mantener la flora y fauna, incluyendo la presencia misma del ser humano; la ausencia o contaminación del agua ataca la producción agropecuaria, ataca parte de la producción energética, ataca las actividades logísticas al afectar el transporte fluvial, ataca la economía nacional al ser el Canal de Panamá dependiente del recurso hídrico, y afecta la vida y sustento de la sociedad al atacar el agua para el consumo humano. Ello obliga a medir las decisiones y tener presente que el agua es el más valioso recurso, sobre todo con los efectos visibles del Cambio Climático.

Por tanto, cómo evaluar que el Gobierno de Panamá arriesgue ese valioso recurso, al negociar e intentar favorecer la explotación minera en áreas donde hay asentamientos humanos, actividad agropecuaria, nacimiento de ríos y gran vegetación sustentadora del ciclo hídrico como recurso renovable. ¿Se habrán olvidado del efecto sobre el régimen de lluvias, de la deforestación? imaginemos qué tanta lluvia producirá un devastado terreno donde se ha molido la tierra hasta convertirla en polvo.

La minería no es nuestro enemigo, pero sus efectos son nuestros asesinos. No se debe ver el futuro con luces cortas. Es necesario ver el futuro con luces largas, con un horizonte de equidad y vida sana. Cualquier otro argumento parece muy superficial y llamado a cumplir la infame sentencia de «pan para hoy, hambre para mañana», o, quizás, espejitos de colores con arsénico para mañana.

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