La cara de la verdad

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El rostro de la verdad con los ojos tapados.

Por Jairo H. Pertuz S.
Analista internacional

No soy amigo de la lisonja y menos de la hipocresía o el engreimiento. Trato siempre de ser consecuente con los principios con que fui educado y formado: fuentes de sabiduría y humildad. Me siento orgulloso de ser el reflejo de cuanto me enseñaron.

A veces, siento lástima y pena por algunos personajes, supuestos profesionales en algunas materias que vienen ocupando espacios en medios de comunicación y que no pasan de ser simples alabarderos de grupos sociales, corporativos o financieros, para recoger a cambio la compra de sus conciencias, emitiendo conceptos amañados. Tienen la obsesión de sentirse con la autoridad para exigir a quienes administran el Estado no “entrometerse” (!) en defensa del pueblo, que es el soberano a quien se deben, como funcionarios, en el desempeño de cargos públicos.

La absurda práctica de “más mercado y menos Estado” les otorga privilegios envilecidos y degradantes, amparados en auténticas patentes de corso que supuestamente los hace intocables en un sistema supuestamente democrático. Esto no pasa sólo en Panamá, sino en muchos países occidentales.

En cuanto al manejo de la pandemia en Panamá y su correlación con la economía del país, ha quedado demostrada su positiva efectividad, aunque para algunos intereses es más importante hacer negocios que salvar vidas.

Lo absurdo, como cínico y corrupto, ha venido ganando terreno en una sociedad en la que se niegan los derechos a los ciudadanos, quienes generan la riqueza y hacen posible que existan las empresas privadas y un Estado que, a través de sus instituciones, debe defender sus derechos.

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