Empleo y universidad: entre la independencia y el sometimiento

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Técnico del sector industrial.

Por Roberto A. Pinnock R.
Sociólogo y docente de la Universidad de Panamá

La historia de las independencias de los países occidentales, guarda estrecha relación con la existencia de una masa crítica (cantidad suficiente y necesaria) de su población con niveles de educación solo adquirida a nivel superior.

En efecto, en los países postcoloniales de América, se observa que prolifera un entusiasmo especial por el fomento cuantitativo y cualitativo de universidades que vinieron a formar al sujeto social que asumió las riendas de los aparatos técnico burocrático, público y privado. Obviamente, esto fue posible en la medida que estuvo recorrida la maduración de la oferta de los niveles de escolaridad primaria y luego secundaria, en cada país.

Los países con mayor oferta y cobertura de escolaridad universitaria están entre los que poseen menor vulnerabilidad en sus mercados laborales y, ciertamente, con poblaciones con capacidades propias para alcanzar un proceso de independencia no sólo política, sino económica y tecnológica. Eso es lo que habla positivamente de países como Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Cuba, Chile y Venezuela, desde finales del siglo XIX.

Basta recordar que, en Panamá, aun cuando se decía que habíamos logrado la independencia como nación y erigido como “República”, buena parte del aparato estatal, por ende político real, estaba dirigido por actores coloniales estadunidenses. En 1930, los servicios de atención de salud estaban directamente regentados por éstos, por falta de profesionales universitarios locales.

Es innegable la relación estrecha, planteada por el general Torrijos 40 años después, en la que era inconcebible perfeccionar la independencia sin contar con esa masa crítica de profesionales egresados de universidades dentro o fuera del país, quienes asumirían las riendas del nuevo aparato técnico burocrático del Estado. Esto se evidenció en la carrera de Medicina, de la que antes de los años del torrijismo ‒con el Dr. José Renán Esquivel a la cabeza del recién fundado Ministerio de Salud‒ egresaban menos de 20 médicos por año, Con el impulso a ese proceso, han egresado más de 100 médicos por año, hasta la fecha.

Mercado laboral: El mito de la poca oferta de profesionales

En Panamá, la estructura empresarial ofrece plazas de trabajo para las que no se requieren mayores estudios. Es decir, casi ocho de cada diez empleos generados no necesitan que se tenga estudios universitarios (INEC, Censos de población, 1990, 2000 y 2010) y los que sí lo necesitan, son mayormente requeridos en el aparato estatal, particularmente: Servicios de Salud, Canal de Panamá, servicios de Educación secundaria y universitaria.

De acuerdo a las estimaciones oficiales, para el período 2015 a 2020, se ofertarán 232.289 puestos de trabajo, de los cuales, sólo 25.393 requieren estudios universitarios completos (MITRADEL, Alta comisión de empleo, 2014). Es decir, basta que únicamente el 10,9% de los aspirantes a los próximos empleos generados sean profesionales universitarios. Esto se alcanzaría con mantener abiertas las carreras de Ingeniería, Informática, Arquitectura y Construcción, y Medicina, para llenar esa cuota de nuevos empleos del próximo quinquenio. Lo demás, según las cifras, estará sobrando en el mercado de trabajo.

En tal sentido, resulta un mito la idea de que estas estimaciones de mano de obra requerida “superan el talento humano que está siendo formado en las universidades del país” (La Estrella de Panamá, 8 de diciembre de 2014).

Para satisfacer esta lógica del mercado laboral impuesta por las élites de poder, se propone engrosar las filas de los que estudian carreras técnicas a nivel de secundaria o, en el mejor de los casos, en las universidades, aunque minimizando los años de estudio. A su vez, esto deterioro la calidad de la mano de obra técnica y profesional, y fue una excusa para la contratación de mano de obra extranjera a precios reales relativamente deprimidos.

En cualquier caso, para esos sectores lo tecnológico sólo es de interés en su aplicación, mas no en su creación o modificación por los panameños. Lo científico, lo humanístico y las artes, se soslayan. De allí, el respaldo casi irrestricto que sectores del empresariado privado dieron a la llamada “transformación curricular”, impulsada en la gestión Martinelli-Molinar, para formar a un técnico o técnica capaz de hacer el trabajo requerido por el mercado laboral, pero con salarios inferiores a los que un universitario exigiría.

En esa propuesta “transformadora de la educación”, merodeaba el ímpetu por mantener al pueblo bajo sometimiento, en procura de revertir el proceso descolonizador, de independencia real. La población no debe dejarse embelesar por la lógica de mercado que soslaya los mayores niveles de educación al pueblo. Es preciso propiciar una renovación universitaria vinculada a la renovación de los niveles de pregrado básico y medio, que esté en capacidad de modificar esa lógica que privilegia poca mano de obra cualificada. De lo contrario, seguiremos en el papel de actores sometidos en el sistema productivo local.

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