Omar Torrijos, “en recuerdo del padre Héctor Gallego”

“A mi modo de ver es muy claro el amor de Torrijos al campesinado panameño . . .” Néstor Jaén, sacerdote jesuita [1]

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Sacerdote Héctor Gallego saluda a un campesino. (Foto de Archivo).

Por Dalys Vargas
Licenciada en Relaciones Internacionales y autora de dos libros sobre el general Torrijos

Leí el artículo “En recuerdo del padre Héctor Gallego”, publicado en el diario La Prensa con fecha 8 de junio de 2020, donde el Dr. Carlos Guevara Mann afirma que “El secuestro y desaparición forzada del sacerdote Héctor Gallego —un delito de lesa humanidad cometido por órdenes directas del dictador Omar Torrijos en 1971— es uno de los actos más representativos del régimen de terror instaurado por los militares en 1968”.

Semejante afirmación no puede quedar sin respuesta, cuando vemos que se ha publicado como una verdad indiscutible, en un artículo que pretende socavar, en tiempos de pandemia, la figura de uno de los líderes de mayor sensibilidad social en la historia de Panamá.

Al respecto, voy a anotar algunos hechos ilustrativos de la relación que existió entre el general Torrijos y los religiosos que asumieron la opción preferencial por los pobres en la Iglesia Católica, para demostrar cuán temerario y absurdo resulta el golpe que se ha querido propinar a la figura de Torrijos, intento que me recuerda los puños y patadas asestados por el Tío Conejo al muñeco de alquitrán en el cuento “El hermano conejo y el muñeco de brea” (hay distintas versiones en español del cuento original en inglés, recopilado por Joel Chandler Harris), aunque sólo en el sentido de que tal violencia no tendrá el efecto deseado porque, para comenzar, el general no es una figura maleable de brea ni de barro, ni tampoco es el fantasma aterrador que aparece en la mente del Dr. Guevara Mann, por lo que este último solo logrará que sus propias manos y pies queden atrapados en el alquitrán, y sus manotazos en el aire no podrán tapar la luz que irradia el espíritu de Omar Torrijos.

Los cristianos de base que estuvieron activos en San Miguelito en los años 60 y 70 conocieron, desde adentro, la alianza del general Torrijos con el movimiento liderado, en sus inicios, por un grupo de sacerdotes y monjas misioneros de Chicago, estadounidenses de gran mística a quienes conocí personalmente siendo niña, cuando mi padre me llevaba a la Misa Típica que ellos impulsaron y celebraban en la Iglesia Cristo Redentor. Esos misioneros eligieron, en Estados Unidos, avanzar en el mismo camino que han recorrido Leonardo Boff y Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano reconocido como el padre de la teología de la liberación, aunque los innovadores religiosos de Chicago llegaron a San Miguelito casi diez años antes de que se publicara, en 1971, el famoso libro de Gutiérrez.

Recomiendo leer, completo, el artículo “Las huellas del padre Mahon y de la iglesia experimental de San Miguelito”, de Mónica Guardia, publicado en La Estrella de Panamá, actualizado el 22 de julio de 2018, donde se señala que “la colaboración [con el general Torrijos] terminaría de romperse tras la desaparición del padre Héctor Gallego, amigo de Mahon […] Para el sacerdote estadounidense, era claro que Torrijos no había participado en el crimen” [énfasis suplido]. Según el libro del padre Leo T. Mahon citado por Guardia, él y el resto de los mencionados religiosos estadounidenses tuvieron que partir de Panamá, no por el distanciamiento con Torrijos, sino debido a presiones de la jerarquía eclesiástica conservadora.

Cabe destacar que el secuestro y desaparición del sacerdote Héctor Gallego sucedió el 9 de junio de 1971. Cinco días después, el 14 de junio de 1971, en un comunicado de la Comandancia de la Guardia Nacional, el general Torrijos advirtió que podía tratarse de un plan de desestabilización interna para entorpecer las negociaciones con los Estados Unidos, que se reanudaron de manera oficial en Washington, D.C., precisamente ese mes, el 29 de junio de 1971.

Pocas semanas después, el 24 de julio de 1971, el general pronuncia el discurso donde señala que “sabe que va a morir violentamente”, palabras escuchadas por la multitud de campesinos que acudieron con entusiasmo a la colocación de la primera piedra del ingenio azucarero La Victoria, en la misma provincia de Veraguas donde se había producido, el mes anterior, la desaparición de Héctor Gallego. Agrega el general: “Lo que me interesa es que, el día que eso pase, recojan la bandera, le den un beso y sigan adelante”.

Lejos de ser un enemigo de los campesinos, el general Torrijos era amigo e, incluso, “cómplice” de ellos, tal como observó Gabriel García Márquez en un artículo publicado en la revista Alternativa, Bogotá, agosto de 1977. Juan Materno Vásquez [2] y Carlos Francisco Changmarín [3], quienes estuvieron cerca de Torrijos cuando era adolescente y estudiaba en la Escuela Normal de Santiago, han dado testimonio de que él iba con otros a cortar las cercas instaladas arbitrariamente y a arengar a los campesinos para que no se dejaran explotar.

En los años 70, bajo el liderazgo del general Torrijos, se expropiaron tierras de los enormes latifundios y se creó el sistema de los Asentamientos Campesinos, a fin de promover la organización, la educación y el mejoramiento del nivel de vida de esa población, sumida en la extrema pobreza, la dependencia y el analfabetismo.

A comienzos de los años 80, durante las matanzas de civiles por las Fuerzas Armadas de El Salvador y sus brazos paramilitares, el general Torrijos rescata de los bombardeos a un grupo grande de campesinos salvadoreños y les brinda refugio en Panamá. Se establecen cerca de la desembocadura del Río Belén en el Atlántico, entre las provincias de Veraguas y Colón, donde fundaron Ciudad Romero. Cuando falleció el General, colocaron su foto en un altarcito rústico construido por ellos a la entrada del pueblo, al lado de una foto de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, hoy santo de la Iglesia Católica, hecho registrado por el Dr. José de Jesús Martínez en su libro Mi general Torrijos.

Sin embargo, el profesor Guevara Mann asegura que el general Torrijos dio las órdenes directas para secuestrar y desaparecer a Héctor Gallego, insinuando, en el mencionado artículo y en escritos anteriores, que el general Torrijos es responsable de lo ocurrido, como también de la tortura y muerte del sacerdote en manos de miembros del G2.

Personalmente, pienso que la desaparición del Reverendo Padre Héctor Gallego fue un mensaje, una amenaza dirigida al general Torrijos, utilizando métodos propios de las mafias y de otras fuerzas poderosas, opuestas a los firmes planes de rescatar la soberanía nacional y mejorar las condiciones de vida de los sectores humildes y marginados de Panamá.

En mal momento escribió el Dr. Carlos Guevara Mann palabras tan infames, falsas e injuriosas contra un hombre que, en verdad, merece ser reconocido como héroe y mártir. Bien lo señaló el sacerdote Carlos Villalobos durante las honras fúnebres del general Torrijos: “. . . a nadie se le ocurre que, a un hombre de carne y hueso, con defectos a veces aumentados con el microscopio electrónico de la envidia y la mala voluntad, se le pueda aplicar la frase de [Jesús]: ‘Bienaventurados los hacedores de la paz’. Y nuestro hermano fue un constructor de la paz”. [4]

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[1] R.P. Néstor Jaén, S.J.: Los dos tercermundismos de Omar Torrijos. Diario Crítica, 4 de agosto de 1981, pág. 6.

[2] Juan Materno Vásquez: Omar Torrijos. Ediciones Olga Elena, 1987, San José, Costa Rica, págs. 26, 27 y 120.

[3] Carlos Francisco Changmarín: Entrevista concedida a la autora el 7 de septiembre de 1984. Citado por ella en su libro Omar Torrijos Herrera y la Patria Internacional, 2004, pág. 195.

[4] R.P. Carlos Villalobos, Revista Lotería 309, págs. 614-615.

3 COMENTARIOS

  1. Acertado y puntual, ademas bien sustentado el artículo de Dalis Varga, una patriota mas que abundan en este pais, y que ilustran sobre figuras como la del General Torrijos. El autor del, casi libelo, a pesar de su calidad intelectual, y sobre algunos temas, escribe de espaldas al rigor científico que obliga a respetar la historia. Igual ha ocurrido con otros patriotas panameños como Victoriano Lorenzo y Prestan.

    • Excelente artículo. Habría que añadir días después del Golpe el Padre Gallego fue expulsado del país pero Omar autorizó su retorno al conocer de boca de Monseñor Martín Legarra (si no estoy equivocado) el trabajo social que venía realizando con los campesinos, y que tiempo después sería replicado con los asentamientos campesinos.

      Tendría sentido entonces alegar que Omar «el terrible dictador peor que el mismo Idi Amin» lo mandó a matar? Por Dios el odio ciega pero la ignorancia deja tuerto…

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