Disparate

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Algunos sectores ven al Canal de Panamá como un medio para enriquecerse y drenar ganancias.

Por José Dídimo Escobar Samaniego
Abogado

Decía mi padre que “El que no tiene nada productivo que hacer, saca pollos a vender”. Esa frase la usaba cuando a alguien se le ocurría algún disparate que, no tenía ni pies ni cabeza, pero lo trataba de justificar. No es usual, ni se acostumbra a vender pollitos pequeños en el campo, sino que unos los cría y cuando están grandes, entonces, o los consume en un buen sancocho, o son vendidos, lo que es algo lógico en el imaginario campesino.

Pero resulta que gente que no desarrolla actividades productivas, sino que vive del cuento y de hacerse rica sin trabajar, que es lo que hacen quienes manejan las bolsas de valores y viven de la especulación. A esa gente se le ocurrió “titularizar” excedentes que transfiere el Canal anualmente al Tesoro y crear un fideicomiso que absorba las ganancias futuras, por al menos 20 años, para conseguir, según sus cálculos, unos 50.000 millones de dólares.

Esa propuesta es un perfecto disparate, por lo siguiente:

1.- La experiencia obtenida con el Fondo de Ahorro de Panamá, que a la postre no parece haber cumplido su misión de cobertura en casos de emergencia, desaceleración económica y “para beneficio de generaciones futuras de panameños”, es desalentadora. En varias administraciones, se le metió el diente, por lo que fue disminuido sustancialmente.

2.- Esa propuesta no es, ni más ni menos, que la privatización del Canal de Panamá, por 25 años, quizás hasta más tiempo, del principal activo que tiene el pueblo panameño. Cuando se alquila o arrienda un cuarto dentro de su casa, no se puede impedir que la persona alquilada llegue a cualquier hora, o haga uso de los muebles y hasta se vista muy cómoda para estar en su cuarto. Al dejar pasar a esa persona a la vivienda, se pierde la intimidad o privacidad de los propietarios del inmueble. Eso es lo que ocurriría si hipotecamos los beneficios del Canal, ahora que es propiedad del pueblo y que la Constitución Política destaca como un patrimonio inalienable.

3.- El tener acceso a dólares, en un tiempo en que el dólar no para de caer en su valor de compra en el mercado y, el oro no para de subir, no es precisamente una buena idea hacer o sugerir transacciones riesgosas, en las que el cambio de mano de un presunto dinero hace disminuir su valor, porque el mismo valor se ha convertido en volátil y hasta se desvanece con celeridad.

4.- Un criterio muy importante es que, moralmente, no podemos echar mano de los bienes que las futuras generaciones deben tener a disposición para que con toda libertad determinen qué hacer en su tiempo. No hay que transferirles a ellos una carga de deuda que les impida resolver los problemas de su generación. Es decir, si no dejamos un legado positivo, al menos no debemos traspasar pesadas cargas para salir egoístamente del atolladero. Hay un duro muro de moralidad que nunca debemos desconocer por el sentido de responsabilidad generacional y por el amor a los hijos y nietos.

5.- 50.000 millones de dólares que pretenden algunos, no pueden echarse a la bolsa del presupuesto nacional, porque en menos de dos años no quedarán sino los huesos de un pez y pasará como en la novela “El Viejo y el mar”, de Ernest Hemingway. El protagonista de esa obra es un veterano pescador que pelea duro contra el pez durante tres días. Exhausto, lo amarra al lado de su bote, porque era tan grande que no podría echarlo dentro de su frágil embarcación. Si el pescador conseguía colocar el pez adentro del bote, existía el peligro de que se hundiese.

En la travesía de retorno al puerto de la aldea, aquel hombre de mar soñó cosas buenas, pero, uno a uno, los tiburones se comieron el gran pescado capturado. Cuando el pescador llegó a la orilla, se dio cuenta de que los sueños se habían esfumado. Al día siguiente, mientras el viejo estaba turulato y no sabía si sobreviviría al cansancio y a la tristeza, pescadores y turistas observaron con asombro las colosales dimensiones del pez espada del que sólo quedaban espinas. En el mar proceloso hay demasiados tiburones que buscan presas, porque la voracidad en ellos es innata. Además, son insaciables sempiternos.

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