Por Luis Carlos Samudio G.
Abogado, docente y mediador
Mario Capecchi es un reconocido genetista molecular de origen ítalo-estadounidense. En el año 2007, recibió el Premio Nobel de Medicina.
Capecchi señaló que “uno de mis recuerdos más lejanos se remonta a nuestra vida en los Alpes tiroleses, cuando la Gestapo llegó en busca de mi madre. En ese entonces, contaba con apenas tres años y medio de edad. No tengo claridad sobre lo que sucedió, pero de alguna manera terminé en la calle. ¡Es asombroso! Sólo tenía cuatro años, o más precisamente, cuatro años y medio, y pasé hasta los nueve años de edad sobreviviendo en las calles junto a un grupo de niños”.
Además, afirmó que ha considerado que las enseñanzas que aprendió de aquellos menores delincuentes sirvieron mucho en su carrera como investigador, como una especie de intuición sobre el futuro.
Recordó que ”robábamos para sobrevivir. Éramos perseguidos y nos escondíamos en barriles y establos siempre en fuga”. Mi única preocupación era alimentarme, evitar el peligro y mantenerme vivo».
”Mi residencia, finalmente, fue en la calle. Aunque no aprendí a leer hasta los 13 años de edad, ya sabía todo sobre la vida: había descubierto cómo sobrevivir. Posteriormente, continué avanzando en mis estudios”, puntualizó el científico.
Ese relato comenzó desde la perspectiva de las familias disfuncionales, que carecen de una figura paterna y tienen una madre bohemia que termina encarcelada. A los cuatro años de edad, su hijo se ve forzado a mendigar y sustraer en las calles. Otro caso relevante, ocurrió cuando un joven brasileno interpretó una composición musical en el funeral de su maestro, quien lo había rescatado de un entorno de pobreza y criminalidad.
En el 2004, en Panamá, sucedió un incidente en el colegio Artes y Oficios, entre estudiantes y un sacerdote. Además, un alumno intentó matar a otro niño en una disputa por cincuenta centavos. En ese momento, contacté al director del colegio, profesor Abel Ceballos. Se realizó un programa de capacitación sobre la Mediación Escolar, destinado a abordar y mejorar las conductas disruptivas de los estudiantes. Esa iniciativa fue recibida de manera favorable por parte de los docentes, padres de familia y los alumnos de ese plantel.
Ese contexto puede vincularse con la realidad contemporánea, en la que el delito emerge como resultado de diversos factores: guerras, carencias culturales y educativas, el entorno social, la falta de actividad, entre otros. Sin embargo, los factores socioeconómicos son los más influyentes, resaltando la desigualdad en la distribución de la riqueza, así como la pobreza.
Se presenta un análisis de las conductas de esos críos, con la finalidad de proporcionar una perspectiva general sobre las distintas características de los menores que viven en la calle. Los perfiles de un delincuente, desde la niñez, pueden incluir comportamientos problemáticos, dificultades en el entorno familiar, falta de empatía, desdén hacia la autoridad y un comienzo temprano en el consumo de sustancias como drogas y alcohol.
La visión del castigo, según Moro, se centra notablemente en la corrección del individuo, enfatizando la rehabilitación. Es fundamental destacar que las autoridades deben llevar a cabo las acciones pertinentes para que el infractor pueda reparar el daño causado a la víctima mediante su labor. Moro defiende una política criminal basada en cinco principios: ”legislaciones claras y accesibles; primacía de la libertad y la razón sobre la ignorancia; funcionamiento ejemplar de un sistema judicial libre de corrupción; incentivos para el ciudadano honesto; y mejora de los niveles culturales y educativos de la sociedad”.
Desde esta perspectiva, es importante cuestionarnos la necesidad de poseer un conocimiento criminológico que promueva la transformación de ciertos aspectos de nuestra realidad en pro del desarrollo humano. Esa disciplina puede definirse como una ciencia empírica e interdisciplinaria que estudia el crimen, el delincuente, la víctima y el control social del comportamiento delictivo.
Es importante reconocer que todos los niños, sin importar su origen, enfrentan las mismas adversidades en el mundo, como los conflictos bélicos, la falta de acceso a la cultura y la educación, y las dificultades del entorno social. Nuestra infancia, que no está a salvo de esos fenómenos sociales, también se ve afectada por la falta de actividades adecuadas. Muchos niños recurren a la sabiduría que se encuentra en las calles en su búsqueda de afecto y conexión familiar.
Parafraseando, la voz más poderosa del mundo, dice: ”Cultiva el amor y la bondad en un niño, y cosecharás amor y bondad. Sólo de esa manera, podrás edificar una gran civilización y una gran nación”.
Por eso, ante mis alumnos, enfatizo la importancia de ”la paciencia”. Les sugiero que es más beneficioso tomar acción y ejecutarla en lugar de pasar mucho tiempo pensando en un tema. Lo importante es comenzar, no complicarse.
Es fundamental tener un plan y una visión clara de los objetivos que se quieren alcanzar para lograrlo. Hay que enfrentar las críticas externas con determinación. Lo más importante es que no dejes que tus propias autocríticas te impidan avanzar.
¡Juntos trabajemos a favor de la paz y de la convivencia pacifica!




