EEUU no combate el narcotráfico, lo regula bajo sus propios intereses

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El intervencionismo de Estados Unidos en la era de Donald Trump.

Por Daniel Martínez Cunil

El nuevo plan antidrogas de Trump no tiene nada de nuevo. Salvo el tono más agresivo y amenazante, no es más que una repetición de sus conocidas intenciones intervencionistas en América Latina y el Caribe.

En lugar de emprender una campaña para regular el consumo de drogas en su propio país, anuncia una escalada guerrerista contra países productores como Colombia y México. Intervenir militarmente en nuestro territorio, bajo el supuesto de que no se combate el crimen organizado no es más que un pretexto para justificar la imposición por la fuerza y el chantaje, de un modelo dependiente y subordinado a su proyecto neocolonial.

El accidente de Chihuahua, que hizo público el grado de intervencionismo semiclandestino de las agencias estadounidenses en México, no es excepcional, sino la expresión desestabilizadora que recluta gobiernos de derecha, de preferencia fronterizos, impone una agenda mediática, somete a la oposición que carece de proyecto propio y ataca desde diversos ángulos al gobierno mexicano.

En la Estrategia Antiterrorismo presentada el documento menciona a los cárteles de la droga y es claro que se propone actuar bajo una lógica militar e intervencionista. En la nueva estrategia se advierte que Estados Unidos trabajará con gobiernos locales ”cuando estén dispuestos y sean capaces” de colaborar. Y añade que, si no pueden o no quieren hacerlo, Washington ”tomará cualquier acción necesaria para proteger” a Estados Unidos, sobre todo ”si el gobierno en cuestión es cómplice de los cárteles”.

Queda claro que las acciones y declaraciones previas preparaban el camino para un escenario de una acción unilateral en territorio mexicano, Al presentar su estrategia antiterrorismo, el presidente estadounidense dejó claro que, si el gobierno mexicano no hace lo que Washington considera suficiente para desmantelar a los cárteles de la droga, su administración está dispuesta a actuar directamente. «He escuchado quejas de algunos representantes de México y otros lugares, pero si ellos no van a hacer el trabajo, nosotros lo haremos», afirmó el mandatario estadounidense.

Ya no es suficiente con la reducción de tráfico de drogas: el decomiso de fentanilo en la frontera ha caído alrededor de 50%, evidenciando menor disponibilidad. Tampoco la reducción de muertes por sobredosis en EU, ni la entrega de capos o destrucción de laboratorios: México transfirió 55 traficantes de alto perfil en 2025 y desmanteló casi 2 mil laboratorios entre 2024 y 2026.

Se trata entonces de la lógica ”Si ustedes no ponen su casa en orden, nosotros la vamos a poner en orden por ustedes”. La intervención como objetivo político donde Trump está siguiendo un guion similar a Venezuela: el mensaje en redes sociales, las acciones legales y administrativas, para culminar con la acción militar unilateral e invasora.

Hay que recordar que la National Security Strategy 2025 formaliza el llamado ”Corolario Trump” a la Doctrina Monroe y la designación del narco como organizaciones terroristas extranjeras y el fentanilo como Arma de Destrucción Masiva. La acusación contra Rocha Moya en la Corte del Distrito Sur de Nueva York es más que la respuesta a la crisis que surgió en Chihuahua, probablemente lo que hizo fue adelantar los tiempos.

Sería ingenuo no prever que las acciones directas en territorio mexicano ya están planeadas, esperando solo la orden final de la Casa Blanca para ejecutarse. Después de la crisis detonada en Chihuahua, es claro que se trata de algo más que la violación a la Constitución y la Ley de Seguridad nacional, lo que se ha hecho visible es una reorganización territorial del poder en la frontera norte de México en un momento en que la disputa geopolítica global ha recolocado el petróleo, el territorio, los minerales raros y la inteligencia estratégica en la punta de la acumulación capitalista actual.

No se trata de soberanía o de patriotismo ritual. De allí que el discurso de Sheinbaum se agote rápidamente, porque la soberanía es una relación material que expresa la capacidad efectiva de un Estado para organizar coerción, información y administración sobre un territorio determinado. No es solamente la facultad de legislar, sino la capacidad concreta de decidir qué fuerzas operan dentro del territorio, bajo qué reglas y para qué fines.

Como ocurre en este caso (probablemente en otros más) y se fractura ese derecho del gobierno central. Cuando un gobierno estatal puede establecer mecanismos de cooperación con agencias de inteligencia extranjera a espaldas de la federación, no se trata simplemente una falla institucional: se trata de que, con la complicidad de la oposición de derecha, el adversario ha hecho daño estructural en la forma del Estado mexicano.

Paz entre Irán y EEUU

Lo que se pueda firmar como ‘acuerdo de paz’ entre Irán y EEUU será más una tregua que un acuerdo real. Prueba de ello es que Trump ha ordenado la construcción de miles de misiles THAAD y Tomahawk, entre otros, para suplir los empleados en la agresión contra Irán. Además, está solicitando triplicar su cantidad, tanto para surtir de misiles suficientes al Estado sionista, como para llenar los arsenales de EEUU.

En dos años, como máximo, según calculan expertos, EEUU dispondría de un arsenal enorme. En otras palabras, ganado tiempo, EEUU estaría en mejores condiciones para intentar destruir Irán, destruyendo lo que crean que deban destruir para alcanzar ese objetivo. Quien crea que EEUU busca un acuerdo real con Irán ignora lo que es EE. UU. y, peor aún, desconoce el peso del lobby sionista ahí.

El Ejército de EEUU ha solicitado 745,7 millones de dólares para adquirir 96 sistemas lanzacohetes múltiples Himars, multiplicando por doce la financiación inicial, según los documentos presupuestarios del Pentágono.. En suma, EEUU prepara otra guerra, y no será para ocupar Groenlandia ni contra Rusia. Su destino más seguro es Irán.

Tres factores han sido determinantes para que EEUU haya buscado un alto al fuego. El primero fue el agotamiento de sus arsenales, ante la inesperada resistencia de Irán. El 23 de abril, según una última evaluación publicada por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el ejército de EEUU “agotó sus reservas de misiles críticos hasta niveles peligrosos durante la guerra de siete semanas contra Irán, lo que generó un riesgo a corto plazo que podría dejar al país vulnerable”. Si los agresores hubieran dispuesto de armamento suficiente, la guerra habría continuado.

El segundo factor es el económico. El cierre del estrecho de Ormuz y los ataques de Irán a la infraestructura energética de los países del golfo, estaban desencadenando una crisis energética que, en primer lugar, se iba a llevar por delante a los principales aliados de EEUU, es decir a la Europa atlantista, Japón y Corea del Sur. El rechazo atlantista a apoyar la agresión yanqui/sionista contra Irán tenía una profunda razón económica. Si la guerra hubiera continuado, la crisis energética habría podido desatar una crisis en una mayoría de economías del mundo, pero, en primer término, entre los aliados de EEUU. La prórroga del cese al fuego es respuesta a la agonía económica y al ahogo financiero de las petromonarquías.

El tercer factor es la insospechada resistencia de Irán y su asombroso arsenal misilístico. Podría ocurrir que la capacidad militar demostrada de Irán sea el detonante de una tercera -y casi definitiva- agresión contra este país. El Estado genocida sionista ha sufrido en vivo y directo el poder militar y tecnológico de Irán, cuyos misiles causaron daños terribles a entidad sionista. Sería ingenuo no pensar que el poder iraní no ha causado una preocupación existencial entre los sionistas. Tendrán ya considerado que, si Irán, con todo y las enormes sanciones que ha sufrido, ha podido desarrollar el poderoso armamento del que ha hecho gala, ¿qué no podría desarrollar con una economía reconstruida y con apoyo de Rusia, China y Corea del Norte? La paz beneficiaría grandemente a Irán, pero sería fatal para el ente sionista. Si destruir Irán ha sido su objetivo, tras el fracaso de la agresión, pasará a ser objetivo esencial. No se detendrá hasta lograr que EEUU lance un tercer y aniquilador ataque contra Irán.

El único medio para Irán de garantizar su sobrevivencia sería desarrollando como sea el arma nuclear. Porque, así como Irán ha demostrado su fuerza y resiliencia, esa fuerza y resiliencia habrá multiplicado el temor, en el ente sionista, a un Irán cada día más potente económica, militar y tecnológicamente.

Desde esa perspectiva se entiende la exigencia de EEUU de pretender despojar a Irán de todas, absolutamente todas, sus reservas de uranio enriquecido. Sólo privando a Irán de dicho uranio se garantizaría que Irán quede imposibilitado de desarrollar un arma nuclear y -asegurada esta imposibilidad-, podrían EEUU y su cohorte planificar una tercera y definitiva guerra de agresión, para aniquilar de raíz a la república islámica y desmantelar Irán como país, dividiéndolo a su antojo.

El destino del uranio enriquecido es el nudo de la cuestión y la posición de EEUU sobre este tema será la señal de lo que piense a futuro. Si insiste a muerte en que Irán entregue su uranio, es porque está considerando un tercer y definitivo ataque. Si opta por una posición más sensata y aceptable para Irán, es que la posibilidad de este tercer ataque se aleja.

Si algo demostró Irán en la guerra es que dispone de tecnología suficiente para fabricar misiles capaces de ser dotados de ojivas nucleares. Dicho de otra forma, Irán ha demostrado que posee la tecnología necesaria para fabricar misiles de largo y medio alcance con capacidades múltiples. Disponiendo de uranio enriquecido suficiente, estaría en capacidad de fabricar en meses ojivas nucleares.

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