Roberto Arosemena, sus ideas perduran y sus luchas continúan

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Roberto Arosemena Jaén.

Por Marco A. Gandásegui, hijo
Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA

Panamá perdió uno de sus pensadores y luchadores más destacados. Después de un tránsito lleno de altos y bajos, pero que vivió a plenitud, falleció Roberto Arosemena Jaén. Estamos acostumbrados a conocer hombres cuyo pensamiento es consistente y contundente. Igualmente, hay hombres que se enfrentan a la sociedad de manera vertical y no dan marcha atrás defendiendo sus ideas. Pero, hombres que combinan estos dos atributos son más escasos. Roberto Arosemena era uno de ellos.

Roberto Arosemena era, por encima de todo, un intelectual conservador. No era como muchos conservadores apegado a los logros de sus antepasados o a sus instituciones (la Iglesia católica). Sin duda, era orgulloso de sus orígenes y defensor del dogma de sus creencias. Pero, sobre todo, consideraba que sus valores, anclados en la historia panameña, representaban el camino para asegurar un mejor futuro para todos los que habitamos este istmo. Podría llamarse un “conservador social”.

Roberto Arosemena rechazaba la ideología liberal que se basa en la individualidad y, con mayor vehemencia, a la ideología “neoliberal” que borra la solidaridad de su vocabulario. Creía firmemente en los valores más arraigados del pasado, como son la familia y la comunión (dentro y fuera de la fe). Tampoco se sentía cómodo con las ideologías socialistas que promovían la lucha de clases y las transformaciones de las sociedades. Coincidía con el pensamiento socialista en lo que se refiere a la justicia, al erradicar la explotación de hombre por el hombre y a la democracia.

Roberto Arosemena podía rememorar a Santiago de la Guardia, conservador del siglo XIX, quien perdió la vida defendiendo sus ideas. Pero más cerca se sentía de los jóvenes de Acción Comunal, conservadores, nacionalistas y enemigos declarados del “imperialismo” norteamericano. Combatieron a Belisario Porras, gran dirigente liberal de la primera mitad del siglo XX, y dieron el golpe de Estado en 1931 que reorientó la política hacia posiciones conservadoras y nacionalistas. Los objetivos que perseguían los jóvenes de Acción Comunal con el golpe de 1931, abortaron en 1941 con la intervención norteamericana que separó al presidente Arnulfo Arias del poder.

Roberto Arosemena veía un Panamá donde todos participarían en la construcción del país. Era el nacionalismo romántico donde todas las clases coincidirían sobre un solo objetivo en plena armonía. Rechazaba el nacionalismo que planteaba la superioridad de una clase, etnia o grupo social, con un supuesto derecho de subordinar a todos los demás. Tuvo roces y acercamientos con los movimientos de liberación nacional. Se acercó a la teología de la liberación de sectores de la Iglesia católica. No pudo comulgar con la Democracia Cristiana, movimiento que terminó siendo cooptado por el neoliberalismo. Lamentaba la pérdida de los valores políticos que promovía Acción Comunal. Entre sus principales “camaradas de armas intelectuales”, estaban los herederos de esa luchas nacionalistas románticas: Arrigo Guardia C. y Alberto Quirós G.

Lo conocí en 1971, hace casi 50 años. Veníamos de dos experiencias muy diferentes, pero como todo movimiento social tenían una base común. Roberto llegó a la Universidad de Panamá después de realizar estudios en Alemania. Yo procedía de Chile y su experiencia pre-revolucionaria. Roberto era un hombre imbuido en la escuela social-cristiana (conservadora) alemana. No era un anti-comunista (enemigo de los valores populares), pero chocó inmediatamente con las políticas populistas de los militares dirigidos por el general Torrijos. A pesar de su nacionalismo y anti-imperialismo, levantó la bandera ideológica del anti-torrijismo.

Roberto Arosemena, sin embargo, no se sumó a una fuerza social o grupo político para luchar contra el régimen militar. A fines de la década de 1980, antes de la invasión norteamericana, Roberto se unió al proyecto social-demócrata de Carlos Iván Zúñiga que pretendió poner fin al militarismo del general Manuel A. Noriega. Su arrojo y decisión le costó un carcelazo en la isla penal de Coiba. Asumió la experiencia sumándola a su vida de lucha. Continuó con su frente en alto buscando lo mejor para el país y su gente.

Compartimos con Roberto Arosemena la publicación de un libro en 1973, editado por CSUCA, sobre la inserción de la economía panameña en el sistema capitalista mundial. En su último libro, en 2019, plantea lo que considera “los lineamientos de una nación panameña, auténtica, que recupere del pasado aquello que puede ser realizado en el presente y proyectado hacia el futuro”.

Roberto Arosemena no descansa en paz. Sus ideas perduran y sus luchas continúan.

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