Respaldo al pronunciamiento del poder ciudadano de Costa Rica

En la elaboración de esta nota, han sido tomadas en cuenta las observaciones puntuales de nuestro amigo Jorge F. Sarsaneda Del Cid.

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Prosiguen las protestas en Costa Rica contra el gobierno de ese país y el FMI.

Por Franklin Ledezma Candanedo
Periodista y escritor

¿Por qué en Panamá el pueblo no se une e inicia una dura lucha en pos de satisfacer una multitud de necesidades que se le están negando? ¿Por qué no reaccionamos con fuerza y organización?”

“…en Panamá, el gobierno ya pidió préstamos por más de 9,000 millones el primer año de gobierno y sólo ha habido tímidas protestas”. “En Costa Rica, están protestando por la posible tercerización de la CCSS”.

En Panamá, llevamos años sufriendo el deterioro de la CSS y aún no nos unimos todos para defenderla con la fuerza necesaria. Muchos hablan de la falta de estudios actuariales confiables (algo anda por allí, dicen). Pero, ¿dónde están los verdaderos dueños de la institución (asegurados activos, jubilados y pensionados, en número gigantesco), para evitar que los recursos institucionales continúen como un botín político y que, muy pronto, nadie reciba beneficio alguno?

Y peor aún: En las décadas perdidas (70 y 80), hubo tímidas protestas por la ejecución de medidas impuestas por buitres de la banca mundial (BM, AID, FMI, entre otros): Privatizaciones de las empresas más rentables (IRHE-INTEL), con el costo multiplicado de los servicios e ineficiencia de las empresas que las compraron.

Se dieron, además, sin mayor rechazo popular, las concesiones de corredores (adquiridos recientemente con los recursos de todos y seguimos pagando peajes); la acción criminal, sin mayores protestas, de convertir al país entero en un gigantesco casino, que sigue favoreciendo a viejos y nuevos millonarios.

Numerosas son las medidas del Fondo Monetario Internacional (FMI) que se siguen aplicando, a través de la tercerización de los servicios y las llamadas asociaciones público-privadas, formas mal disimuladas de privatizaciones. ¿Y quién dice yo? Por supuesto que muy pocos. ¿Y por qué?

Desde el siglo pasado, y en el presente, fuerzas exógenas, con el concurso de figuras interesadas, adiestraron al panameño para ser individualista crónico. Por lo tanto, sólo el sector que considera afectados sus intereses reacciona, mientras que el resto de las personas mira hacia otro lado.

Se le convirtió en un ser festivo (observen el calendario de fiestas anuales) y, por otro lado, debido a que desde hace 41 años se derogó la reforma educativa calificándola de comunista, sin que nadie se preocupara de rescatar sus aspectos positivos, el país quedó sin programas técnicos, científicos y humanistas.

Muchas son las consecuencias adversas: Educación mediocre, sin carreras propias del siglo XXI, subsidios múltiples eternos, con ingente sacrificio fiscal, sin beneficios para el país, ni mediciones periódicas de resultado, y tantas otras, que retratan de cuerpos a la gran mayoría que se activa en el sector.

Otro factor negativo en esta radiografía del país en general, es la existencia de organizaciones políticas, sin base ideológica, ni programática, meros instrumentos para alcanzar el poder y hacer lo que es conocido por todos, mientras muchos se montan en ese carro y participan del festín económico-financiero (corrupción, juega vivo, sin certeza de castigo en estricto derecho, dame lo mío y mucho, mucho más).

A pesar de que la inmensa mayoría sufre de carencias, es nula la acción consciente colectiva, sin violencia, con herramientas existentes en verdaderas democracias, entre otras, huelga de brazos caídos, que no la sugerimos, pero de las que dejamos constancia. Fraternal saludo y adelante, siempre adelante.

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