Muertes colaterales del COVID-19, una crónica en primera persona.

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Foro: Comprometidos combatiendo la corrupción Cecilio Simon Bayano digital (Foto archivo Bayano digital)

Por Cecilio E. Simon E.
Redacción de Bayano digital

Durante la coyuntura estamos enfrentado a una combinación de factores económicos, políticos y visos de corrupción que se sobreponen a la atención sanitaria de la población de la mano de la sinuosa política de salud.

Sin embargo considero no está presente en el análisis la gente sencilla, que padece los estragos de la pandemia en el plano familiar, amical y de vecindad. Por ello escribo este artículo en primera persona singular, para personalizar a los actores anónimos que no aparecen en los titulares de los «partidos mediáticos» ni en las campañas de MOVIN.

¿Cuántos han muerto por el COVID-19?

Esa mañana de marzo al inicio de la pandemia, recibí un chat del compañero Rafael Tejada; murió Jack London .  Al compañero lo operaron del corazón y le dieron salida porque necesitaban la cama para los pacientes de la coronavirus. Jack murió en el taxi camino a casa. Su muerte no está en el conteo del COVID-19.

Mi mamá, doña Elvira (de 88 años), me llamó para decir, sabes, murió Logan, el esposo de Evelia.  Lo llevaron al hospital, no había camas y lo devolvieron.  Se le subió la presión y murió en casa. Seguramente Papi, como le decíamos amicalmente, tampoco está en el conteo diario que hacen las autoridades de salud.

Daños colaterales del COVID-19

El conteo no incluye a mis vecinos de Altos de las Acacias. En efecto, ayer (17/07/2020), fui a visitar a mi mamá.   ¿Qué haces en la calle recriminaban mis hijos, no vez que tu salud es muy frágil, esto no es Bocas del Toro? Tenía más de cinco meses que no veía a la vieja. Ella afanada me preparó el almuerzo. ¡Esa es su afición cuando la visito!

Con movimientos pausados por la artrosis crónica, la vieja se acercó a la mesa con dos platos de comida y sentada a mi lado dijo con resignación: sabes que murió Phillips, el vecino del frente. La semana pasada fue al hospital, no habían camas y lo mandaron a la casa. Murió de una hipoglucemia.

Dos días después, seguía contando, se nos fue De León, el que vive a cuatro casas de Phillips. Tenía un seguro de hospitalización, fue a un hospital privado y le dijeron que debía dejar un depósito de 10 mil dólares para garantizar su atención si tenía la Coronavirus. Sufría de presión alta, en urgencia del Seguro Social lo tuvieron en observación. No había camas para «pacientes regulares», la prioridad son los de la COVID-19. Lo devolvieron a casa y de regresó murió por un derrame.

Mi madre, con criterio político, dijo a renglón seguido, si en vez de robarse la plata, Martinelli y Varela hubieran construido los hospitales, a lo mejor no hubieran muerto Papi, el Señor Phillips y De León.

Quien lee esta crónica dirá si, es verdad, doña Elvira tiene razón. A mi hermano, primo, vecino o amigo le pasó lo mismo. Y seguidamente diría: la confrontación política de MOVIN con el gobierno, los visos de corrupción, las presiones económicas para abrir los bloques y  la demanda de la población pobre para satisfacer sus necesidades básicas producen más muertes que la pandemia.

1 COMENTARIO

  1. Excelente aporte profesor Simon.
    Una de las noticias del día, en mi vecindario, fue la muerte de una mujer muy conocida; había sido tratada de los riñones, solo le funcionaba uno, y en el viaje de ir al hospital y de regresar a casa (pasando así muchos días), lastimosamente murió.
    Así mismo se pueden detallar otras «Muertes colaterales del COVID-19» en casa sector donde pertenecemos.

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