Medio siglo de una monumental declaración

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Fachada del Instituto Nacional de Panamá (Foto; Wikipedia).

Por David Carrasco
Director de Bayano digital

El 28 de enero de 2021 se conmemoran 50 años de la declaración del llamado Nido de Águilas como Monumento Histórico Nacional. Ese acontecimiento cambió el destino del principal plantel de enseñanza media de Panamá y se transformó en una especie de herramienta movilizadora para afianzar el legado de varias generaciones en la definición del rumbo patriótico y soberano.

Aquella declaración fue concretada a través del Decreto de Gabinete No. 18, del 28 de enero de 1971, suscrito por el presidente de la Junta Provisional de Gobierno, Demetrio Basilio Lakas, y el ministro de la Junta Provisional de Gobierno, Arturo Sucre. Ambos reconocieron la contribución del Instituto Nacional a la formación del pensamiento crítico del pueblo panameño.

El Decreto precisó que “en su condición de Monumento Histórico, el Instituto Nacional de Panamá, queda bajo custodia y responsabilidad de la Comisión Nacional de Arqueología y Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Cultura y Deportes”, fuente inspiradora del actual Ministerio de Cultura que es responsable de preservar los bienes culturales de este país.

La decisión oficial, avalada por el jefe del gobierno, general Omar Torrijos, fue acogida por la clase aguilucha de 1970, que enarboló las banderas de la gesta soberana de 1964 y dejó su impronta en la historia de Panamá, al trabajar en procura de ese proyecto. Así surgió una Comisión de Patrimonio Histórico, encabezada por el rector del Instituto Nacional, Eric Ramírez, y la directora de Patrimonio Histórico, Dra. Reina Torres de Araúz, prestigiosa antropóloga panameña de raíces institutoras.

En la Comisión, participaron activamente los docentes Ricardo Jaén Jr., Fernando Ríos y Euclides Cerrud, y los estudiantes Candelario Santana, Diomedes Leiva, Melvin Jamieson, Euribíades Muñoz y Mireya del Carmen Peart, cuyo perseverante trabajo rindió frutos un año después, al ser concretado el proyecto al más alto nivel gubernamental para amparar al colegio de los detractores de la causa nacionalista.

Placa conmemorativa.

Para concretar esa iniciativa, los integrantes de la Comisión tomaron el cuenta que el plantel, cuna de rebeldías populares, fue el nervio motor de gestas patrióticas y luchas democráticas a favor del ejercicio de la soberana de Panamá sobre su territorio. Asimismo, ponderaron el hecho de que en el período republicano sus aulas albergaron a la Universidad de Panamá, en una apuesta transformadora por la Educación y el saber científico.

Historia y tradición

El funcionamiento del Instituto Nacional se remonta a 1909, año en que el plantel , guiado por el rector Justo A. Facio, funcionó en la sede de la Escuela Manuel José Hurtado, en la calle 14 Oeste, en el barrio de Santa Ana. Sin embargo, debido al rápido crecimiento de la matrícula, el gobierno adquirió los terrenos de Santa Rosa, con una extensión de 11.624 metros cuadrados, a un costo de 40.865 dólares, para la construcción de la sede del emblemático colegio.

La obra fue culminada en 1911 en las faldas del Cerro Ancón. Su diseño estuvo a cargo del arquitecto italiano Genaro Ruggieri, quien se encargó de los trabajos técnicos. El edificio principal es de inspiración neoclásica. Dos esfinges de bronce custodian la entrada y dan un aire de solemnidad a la fachada. Un papel destacado en la construcción tuvo Florencio Arosemena, quien posteriormente se convertiría en presidente de la República.

En la ejecución de la obra monumental, fueron utilizados diversos materiales, como acero, arena, piedra, mármol, mosaicos europeos, bronce y concreto. La fachada, el aula máxima y los capiteles son verdaderas obras de arte. No obstante, debido al largo abandono, autoridades del centro educativo y grupos de egresados advirtieron que esas instalaciones con valor histórico y cultural presentan un serio deterioro, lo que demanda adecuadas respuestas y la protección permanente por parte del Estado.

El Instituto Nacional es una joya arquitectónica con un pasado de luchas a favor de la democratización del país que requiere una urgente y costosa restauración. El complejo de edificios del plantel guarda la memoria colectiva y representa la tradición y el coraje de la juventud estudiosa que defendió con su sangre los símbolos patrios pisoteados por fuerzas extranjeras y trazó el camino para la recuperación de la franja canalera y su total descolonización.

Olvidar el legado del Nido de Águilas equivaldría a dar la espalda a valores que inspiran a la nación panameña para perfilar su propio destino y preservar sin claudicaciones los principios del desarrollo.

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