Límite de competencia de alcaldes y representantes en Panamá

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Bahía de Panamá en la mira de grupos financieros.

Por Alberto Velásquez
Periodista

La reciente reunión entre el presidente Laurentino Cortizo y los alcaldes y representantes encendió una alarma preocupante sobre el desempeño de estos últimos funcionarios, responsables, precisamente, en la médula de la conformación política del Estado, como son los municipios.

El hecho de escuchar a uno de esos funcionarios, un alcalde, quien pide al presidente miles de balboas para entregar regalos a sus adeptos ‒porque no es para todos los habitantes de su respectivo municipio‒, se traduce en un escándalo en momentos en que los estudiantes universitarios están en las calles reclamando que les repongan el presupuesto cercenado.

Con esa demostración, los alcaldes, incluido el de la principal comuna de Panamá, demuestran que desconocen el verdadero rol que les corresponde ejecutar. Habría que suponer, además, que los electores que los escogieron eran ciegos o fueron engañados como unos infantes. Como lo señaló hace tiempo el principio de Peter, en las empresas las personas tienen un límite de incompetencia.

Con esas solicitudes baladíes, los alcaldes y representantes echan en un saco roto las múltiples necesidades que se acumulan en más de 60 distritos en el país, con calles inservibles y aceras destruidas, basura acumulada en múltiples lugares, falta de acueductos y alcantarillados eficientes, y numerosos sectores en los que abunda la pobreza y persisten los ambientes nauseabundos o malogrados.

Esos funcionarios no exponen proyectos novedosos que inviten a disminuir el empleo en las comunidades. Tampoco contribuyen con las otras instituciones del gobierno a mejorar las escuelas o aliviar la situación en los centros médicos. Solamente solicitan al presidente la oportunidad para ofrecerle una fiesta inolvidable a sus amistades, aliados y colaboradores más cercanos en Navidad y Año Nuevo.

Entre tanto, el alcalde mayor, el de la ciudad capital, destina miles de balboas para un estudio de impacto ambiental con el objetivo de hacer playas en la metrópoli, sin tomar en cuenta la opinión pública sobre los gastos. Inicialmente, se prevé una inversión de más de cien millones de balboas, que en una sola marejada destruiría los intentos de playa, con aguas casi imposibles de limpiar en el litoral Pacífico.

Ese cuadro del componente del gobierno municipal es increíblemente fatal, tomando en cuenta el hecho comprobado, pero no debidamente anunciado, del bajísimo nivel financiero con el cual Laurentino Cortizo recibió en 2019 las arcas del Estado.

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