La construcción de un delfín en la política

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Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público

La historia política de nuestro de Panamá está saturada de escenarios montados por gobernantes que intentaban transferir su poder a un delfín, llamando así, tradicionalmente, a quienes eran designados como sucesores, oficial u oficiosamente de un mandato. 

Recuerdo que varios dirigentes políticos y destacadas personalidades se disputaban el derecho a suceder al presidente Marco Aurelio Robles. En esa ocasión, se produjo un forcejeo que protagonizaron David Samudio, Jorge Velásquez, Quijano y otros, para que Robles los designase como su posible sucesor, su delfín.

Los escenarios políticos no han cambiado mucho en este país desde esos años. En un gobierno presidencialista, como el que nos regula, no resultaría extraño intentar tener un delfín en la política.

Sin embargo, esa figura patrimonialista, surgida en tiempos absolutistas, no es fácil de construir en el presente. Hay que armar un andamiaje, no sólo político, sino responder a las necesidades de que el escogido tenga una imagen pública lo más impecable posible.

Aunque todavía sucede en algunos países del entorno geográfico, su creación depende del poder que tenga quien lo define. Si el que lo propone administra un gobierno débil, rodeado de inconsistencias, de funcionarios inhábiles y oscuros, evidentemente darle forma y construir un delfín no resultaría exitoso.

Además, si el aspirante a suceder un alto cargo ostenta una imagen de mal manejo, incumplimiento de promesas y evidentes menciones en escándalos de corrupción, se constituye en un delfín que va a la derrota cuando compita con otros.

Panamá no es apto para delfines, por más que un gobernante intente hacerse a un lado para que su pupilo dirija, tome las riendas del poder gubernamental. El propósito de construir un delfín atractivo, no prosperará, aunque el principal se ausente y no asuma directamente sus responsabilidades o el país se maneje sin brújula ni rumbo fijo.

La reciente definición del candidato a la Presidencia, de quienes consideran que hay un ungido delfín, requerirá limpieza de imagen para alejarse de escándalos que empañan la gestión pública.

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