En Panamá demandan desagravio al muralismo mexicano

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Fernando Leal, iniciador de la pintura mural en México.

Por David Carrasco
Director de Bayano digital

Intelectuales, artistas y profesionales panameños propusieron un acto de desagravio a México y a los representantes del muralismo mexicano, al cumplirse el 86 aniversario de la destrucción del mural “Neptuno Encadenado”, que el eximio pintor Fernando Leal (1886-1964) había plasmado en las paredes del Instituto Nacional de Panamá, en solidaridad con la causa soberana en este país.

En declaraciones formuladas a Bayano digital, el profesor y escritor Rafael Ruiloba, ex director del Instituto Nacional de Cultura (INAC), sostuvo que “es necesario que el gobierno y la Universidad de Panamá rectifiquen y honren la memoria de Leal”, cuyo simbólico fresco, alusivo a la usurpación territorial por Estado Unidos, fue destruido con violencia por manos sacrílegas en 1935.

Ruiloba calificó de “vergonzosa” la destrucción del mural, así como la posterior expulsión de este país del muralista mexicano, cuya obra debería ser recolocada en el mismo lugar en la que estaba, con el apoyo de las autoridades del Ministerio de Cultura y la Universidad de Panamá. Recordó que, tras ese penoso incidente, la sede oficial de la casa de estudios superiores se llenó de murales, en protesta por ese atentado imperdonable contra el muralismo mexicano.

El docente y escritor apuntó que en Panamá esta vigente una ley que protege a los murales pictóricos en los edificios públicos, pero adujo que la legislación podría haber sido olvidada. Indicó que esa misma ley podría ser invocada para recuperar el mural destruido en el Instituto Nacional hace 86 años, en un arranque de odio, insensatez, prejuicio político, estrechez e ignorancia gubernamental.

Campamento zapatista (1921).

 

La obra de Leal es eterna

Leal, integrante de la escuela muralista a la que pertenecía el pintor Diego Rivera, había sido contratado por la Universidad de Panamá, que en 1935 empezó a funcionar en la sede del Instituto Nacional o Nido de Águilas. Al artista, se le encomendó realizar un mural en un salón contiguo al aula máxima del plantel, pero el mensaje crítico del fresco irritó al presidente Juan Demóstenes Arosemena, quien ordenó destruir la obra con el uso de trementina y sopletes.

El polémico mural, bautizado como el “Neptuno Encadenado”, mostraba al dios de la mitología romana encadenado a una esclusa del Canal de Panamá. A su izquierda había a un soldado y un “marine” estadounidense abrazados en forma maliciosa a una damisela, mientras que en sentido opuesto aparecía un niño descalzo, jugando con barquito de papel en un charco dejado por la lluvia en una calle de la urbe.

Al respecto, el pintor indígena Ologwagdi, representante de la etnia Kuna que habita en el caribe panameño, manifestó a Bayano digital que “una de las tareas prioritarias es recuperar el boceto original de la obra destruida, con el objetivo de volver a plasmarlo en las paredes del Nido de Águilas”. Añadió que “el mural es una forma de arte visual y no es saludable que sea destruido o malogrado por alguien”.

“Hay una deuda cultural con México y el movimiento muralista identificado con la causa de la soberanía panameña en el Canal de Panamá”, dijo Ologwagdi, quien tiene previsto acompañar a un grupo de artistas latinoamericanos en la tarea de restaurar el exterior del Museo de La Chascona, en Santiago de Chile, dedicado a Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura 1971, cuyas obras pueden ser observadas.

La batalla de Junín (1930).

Muralismo y conciencia social

El muralismo fue un movimiento artístico iniciado en México a principios del siglo XX, creado por un grupo de pintores intelectuales mexicanos tras el inicio de la Revolución Mexicana. Ese movimiento fue reforzado por la Gran Depresión, la Primera Guerra Mundial y el aumento de las demandas más radicales que buscaban una revolución social, política y económica en México.

Al respecto, el profesor de Filosofía, dirigente magisterial y pintor Toracio Iturralde, subrayó que es necesario reconocer la enorme contribución latinoamericanista de Leal, quien fue víctima de la intolerancia. Interpretó que la expulsión del muralista mexicano en un momento crucial en la vida política de Panamá, reveló que “el arte popular es una excelente herramienta de la conciencia social y genera temor en las clases dominantes, y a ello se debe que traten de borrarlo”.

Iturralde resaltó el gran impacto de la obra del laureado artista, quien descubrió el extraordinario papel del muralismo en el desarrollo de una conciencia social en los países de Latinoamérica, incluso en Panamá, donde hoy es necesario ponderar su influencia patriótica. Adujo que su ejemplo vive a través del internacionalismo y la labor de jóvenes artistas quienes convierten en lienzo público los muros abandonados en los barrios, para dar sentido de integración a las comunidades.

Entre las obras sobresalientes del desaparecido muralista mexicano figuran los danzantes de Chalma, El triunfo de la locomotora y la edad de la máquina, La predicación de los franciscanos en la Santa Cruz, Juan Diego ante Zumárraga, El milagro de las rosas, La Danza de  y frescos en el anfiteatro Simón Bolívar de México, con alusiones a las luchas independentistas en América.

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