En el 2020 ver bien, sin olvidar a quién miras

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Letrero para llamar la atención sobre las áreas del Canal de Panamá.

Por Victoriano Rodríguez Santos
Economista y educador
diostesalvepanama@yahoo.com

Cuando hablamos de países que luchan por su independencia, huele a sangre, muertos y heridos, pero en Panamá ninguna de las independencias ha sido sangrienta ni producto de guerras, quizás por el escaso territorio o el poco interés de los panameños por defender lo que por derecho propio nos corresponde.

Del 28 de noviembre de 1821, fecha de la independencia de Panamá de España, no se recuerda un solo muerto, y de la emancipación de Colombia, el 3 de noviembre de 1903, tampoco, porque al general indígena y caudillo Victoriano Lorenzo lo mataron meses antes.

En consecuencia, el 31 de diciembre de 1999, fecha de la transferencia del Canal de Panamá a manos panameñas, en cumplimiento de los Tratados “Torrijos-Carter”, fue una salida diplomática, y nadie esperó que ese día hubiese muertos o heridos.

Los panameños somos dados al jolgorio, venga de donde venga, incluso con latas que hagan sonar las ratas y los corruptos con que bailan. Olvidamos pronto y nos preocupa poco el devenir del país, de nuestros hijos o nuestra vejez.

Nos falta mucho tiempo para poder madurar y comprender que de la soberanía de Panamá se vive y se come. Aún no percibimos que históricamente los gobiernos vienen endeudando más al país, independientemente de los ingresos económicos comprobables. Tal es el caso de los recursos generados por el Canal de Panamá.

Muchos pensaron que la independencia de Panamá de Estados Unidos, como resultado de la aplicación de los Tratados “Torrijos-Carter”, traería enormes beneficios colectivos, debido al incremento en el aporte económico anual al fisco, pero simplemente ello no existe, para comprensión del pueblo.

Una explicación pudiese ser la publicación del monto bruto anual cobrado por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) a los barcos en tránsito en la vía acuática y la contribución canalera al fisco, así como la distribución y adecuado uso, para “todos los panameños”, de los excedentes por el pago de peajes y otros servicios.

Empieza el año 2020, cual mensaje de “ver bien, sin olvidarte de a quién”, señala un refrán popular. Está claro que se necesita una política pública de apoyo directo a quienes no tienen voz ‒sin los jamones distribuidos por políticos clientelistas‒, pero con el derecho a tener carreteras, escuelas y centros de salud en los lugares más recónditos del país.

Omar Torrijos Herrera lo logró a través de un proyecto de desarrollo nacional. Por ello, más del 60% de los profesionales provenimos en la actualidad de la clase pobre y sectores medios de la población. ¡Dios te salve, Panamá!

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