Conmemoración de la clase trabajadora bajo el desprecio plutócrata

La prueba de que las clases poseedoras del capital económico ‒medios para producir valores económicos‒ y las clases poseedoras de la capacidad de trabajo ‒léase, las que hacemos posible producir y realizar esos valores económicos‒ salvo excepciones, establecen esencialmente los mismos tipos de discriminaciones en los distintos países donde estas prevalecen.

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Trabajadores marchan contra el modelo económico neoliberal. (Foto: El Siglo / Archivo).

Por Roberto Antonio Pinnock Rodríguez
Sociólogo y docente en la Universidad de panamá

La prueba de que las clases poseedoras del capital económico medios para producir valores económicos y las clases poseedoras de la capacidad de trabajo léase, las que hacemos posible producir y realizar esos valores económicos salvo excepciones, establecen esencialmente los mismos tipos de discriminaciones en los distintos países donde estas prevalecen. Hecho harto evidenciado en esta temporada de crisis, atravesada y acelerada por la pandemia del COVID 19.

Nos referimos a que en los días previos al día internacional de la clase trabajadora y de paso, al mes de la conmemoración internacional de los afrodescendientes, lo que se ha observado más intensamente, es la asimetría entre los beneficios ‒o perjuicios‒ recibidos por unos y otros. En este caso, los mayores perjuicios de la crisis los cargan las clases trabajadoras, incluidos los trabajadores que además cuentan con pequeños y medianos medios para producir o realizar riquezas. Pequeños productores del campo y manufactureros y profesionales por cuenta propia, entre otros, han visto quebrar sus opciones de sobrevivencia.

En distintos países se vienen ofreciendo prácticamente los mismos tipos de alternativas deprimentes de protección social a las clases trabajadoras… lo que, como es demostrado, medidas homogéneas a poblaciones en condiciones desiguales, resultan en aumento de la desigualdad social y económica. ¿Será que los no científicos humanistas podrán comprenderlo alguna vez? ¿Será que los funcionarios de los Estados favorecedores de las clases poseedoras del gran capital podrán advertirlo?

Fíjense que la “indisciplina” en las calles, ante las medidas de confinamiento, vienen de las clases que han estado más golpeadas, precisamente en los países donde el desprecio por las clases trabajadoras, expresado a través de los servicios patéticos del Estado, es mayor. En Colombia, hace varios días “Un total de 22 líderes sociales elevaron denuncias públicas por la desatención de que ha sido objeto la población, durante el confinamiento por la pandemia” (Diario La Libertad, 1/mayo/2020).

En Chile, decenas de manifestantes fueron arrestados el lunes en la capital, mientras las protestas contra el Gobierno continúan, en desacato a las órdenes de confinamiento.

Las clases trabajadoras en países con discriminación no sólo clasista, sino étnica, sufren el doble. En los hospitales del estado de Georgia, se halló que más del 80 % de los pacientes con COVID-19 son afroestadounidenses, aunque este grupo representa sólo el 30 % de la población de Georgia (…). Por otra parte, Gobiernos de pueblos indígenas de Estados Unidos informaron que no han recibido ningún pago de emergencia de los 8.000 millones de dólares que prometió el Congreso en el paquete de estímulo económico de dos billones de dólares, aprobado el mes pasado (Op. cit. 28/abril/2020).

Todos hemos visto por los medios locales, las detenciones ‒mostradas como trofeos de guerra por los aparatos de seguridad‒ los sofocamientos de manifestaciones públicas, de quienes en su gran mayoría solo están tratando de ejercer su elemental derecho a la vida. ¿O acaso las autoridades se preguntaron el cuadro familiar que los hizo salir a las calles en la 24 de Diciembre, en Arraiján, La Chorrera o Colón, para actuar en conformidad y resolver las hambrunas de sus hijos y abuelos? Cuando se desprecia a una clase, estas consideraciones son difíciles de aflorar en aquellos grupos que jamás han vivido tales carencias… o se olvidaron de ellas, si acaso las sufrieron alguna vez, así que la represión es su aparente solución.

Después de una pesquisa con estudiantes de la escuela de Sociología esta semana, conocimos las mechas que encendieron esas “desobediencias”. Se registró una y otra vez. Escenarios como el de Julina: “No me ha llegado ni bono ni bolsa, quedé sin trabajo, a mi marido lo detuvieron por buscar algo que hacer pa’ traer a la casa (…), los niños están con hambre y no hay con qué responderles”.

Tal como se ha expresado aquí, las “desobediencias” no son exclusivas de los “irresponsables” de guetos, de barriadas periféricas o donde sean que viven los miembros de las clases trabajadoras más vulnerables de Panamá. Es la misma lógica observada en otros países: siempre que las clases que poseen el gran capital ‒y sus funcionarios aduladores‒ desprecian a las clases trabajadoras, más, cuando nos abofetean con sus corrupciones millonarias del tesoro público. Por ello, la conmemoración de nuestra clase en aras de una nueva civilización con equidad, no puede ser otra que de reflexión y denuncia del desprecio del que somos objeto.

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