Congreso Anfictiónico: el choque de dos visiones en Panamá

0
0
Fotografía ilustrativa de la investigación, levantada con IA.

Por Luis Miguel Blanco Bonilla
Especial para Bayano digital

Bolívar fue un traidor, Bolívar fue un visionario, Bolívar fue un megalómano, Bolívar fue un apóstol. Estos adjetivos y más salen a relucir al investigar el impacto de la vida de un hombre que hizo realidad el Congreso Anfictiónico de Panamá el 22 de junio de 1826, un sueño que persiguió por décadas y que para unos se convirtió en una pesadilla y para otros en una semilla.

Tres profesionales de la comunicación, el doctor Rafael Candanedo, la embajadora Adis Urieta y este servidor nos sumergimos durante seis meses en todos los archivos posibles, digitales o impresos, para reconstruir una jornada como si fuéramos los corresponsales de El Anfictiónico que cubrieron la primera cita multilateral que se celebró en el planeta en una pequeña ciudad, de apenas 9.000 habitantes y que acogió sin reticencias el reto. Un libro será publicado próximamente.

Raúl Porras Barrenechea (1897-1960) fue probablemente uno de los historiadores peruanos que más estudió el Congreso Anfictiónico pues levantó en 1930 una obra completa al recopilar y prologar la documentación diplomática del Congreso de Panamá, incluyendo archivos reservados en su momento. Igualmente escudriñamos otro medio centenar de fuentes dispersas en Lima, Bogotá, Guatemala, La Habana, Washington, Brasilia, Panamá y otras ciudades, que nos permitieron reconstruir un rompecabezas lo más armónico posible.

Conocimos las vicisitudes que afrontaron los ocho plenipotenciarios, los peruanos que llegaron en 1825 y la tuvieron canutas, porque fueron hospedados en las antiguas celdas que los franciscanos levantaron en su convento, contiguo a la Sala Capitular donde se celebraría el cónclave.

A la sazón, en 1821 la Orden Franciscana había abandonado ese convento previendo las disposiciones de los nuevos gobiernos, de tono anticlerical en el caso de Bogotá, por lo que cuando los peruanos Manuel Lorenzo Vidaurre y Manuel Pando, con su secretario, el cubano José Agustín Arango, entraron por la Puerta de Mar en junio de 1825 caminaron unos cuantos cientos de metros y fueron recibidos por los efectivos de guardia del Batallón Istmo, a cargo del coronel irlandés Francisco Bourdet O´Çonnor, que ocupaban las instalaciones.

Ese batallón fue el que se cubrió de gloria en las batallas de Junín y Ayacucho, en 1824, que sellaron la independencia de Hispanoamérica.

El 11 de diciembre de 1825 llegaron los representantes de la Gran Colombia, el general Pedro Briceño -sobrino político del Libertador Simón Bolívar- y el canciller Pedro Gual, ambos nacidos en Venezuela, quienes, como representantes del país anfitrión, quedaron hospedados en una mansión cerca del Parque Catedral, los seguirían el 18 de marzo de 1826 la delegación de la República Federal de Centroamérica, el prelado Antonio Larrazábal y Pedro Molina.

Y el 4 de junio de 1826, 18 días antes de la inauguración, entraron por la Puerta de Tierra, al igual que los grancolombianos y los centroamericanos, los mexicanos, general José Mariano Michelena y José Domínguez.

A ellos les seguirían los delegados del Reino Unido, Edward James Dawkins el 1 de junio, junto a dos jóvenes secretarios que murieron en esta ciudad víctimas del “vómito negro” (paludismo) y el 7 de julio el no invitado enviado de Países Bajos, coronel Jan Verveer, quienes solo podían observar las deliberaciones.

No pudieron llegar a tiempo los delegados de Estados Unidos, Richard Anderson, embajador en Bogotá, quien murió en Turbaco cuando se dirigía a Panamá víctima del “vómito negro” y John Sergeant, que arribó recién en agosto, cuando los plenipotenciarios ya habían clausurado la sesión (15 de julio) y se trasladaron a Tacubaya, en México, para proseguir las reuniones.

Tampoco llegarían los bolivianos, país creado en 1825 por Bolívar despojando al Perú de casi la mitad de su territorio, mientras que chilenos y argentinos optaron por sus intereses comerciales y de seguridad interna antes que comprometerse a una confederación de países. En tanto, Brasil, invitado, desestimó asistir por la incompatibilidad de su régimen, una monarquía constitucional, que se sentaría con gobiernos republicanos, y por la inminencia de su guerra con las Provincias Unidas del Río de la Plata por la disputa de la Franja Oriental, hoy Uruguay.

Encontramos varios agentes secretos de la Corona Española y otras potencias, encubiertos como comerciantes o parroquianos, buscando enterarse de primera mano sobre los acuerdos de la cita regional. Descubrimos que Vidaurre sobrevivió por lo menos a tres contagios del “vómito negro” y lo hizo público, pero en privado también Gual, Domínguez y Dawkins, lo padecieron y estaban aterrados por la muerte de los británicos.

Cada delegación remitía informes diarios de las deliberaciones a sus respectivos gobiernos y comunicaciones privadas a sus familiares y amigos políticos, en ambos casos testimoniaron más de una vez el alto costo de la vida que encontraron en Panamá, por ejemplo los mexicanos sufrían por el precio de los fletes, 700 veces más caros, para la correspondencia, los peruanos de la escasa comida y lo costosa que era, el alquiler temporal de viviendas subió el 1,150 por ciento y el calor con la humedad asolaban a todos.

Y es que, en 1826, se asomaba el Fenómeno del Niño severo por el Pacífico, lo que generó más estragos en la pequeña ciudad amurallada.

Vidaurre es el más prolijo comunicador en esos días y no se guarda nada, en un momento considera a las panameñas “feas” y luego testimonia su encanto con una joven viuda que describe como una auténtica beldad, de la que huye al conocer que era la causante impune de la muerte de su marido para darle cabida en su lecho a un amante.

Los secretarios británicos enterrados en el sector de Extranjeros del Cementerio Amador son un recordatorio que incentiva el apresuramiento de las sesiones por temor a un contagio generalizado del paludismo, además del incidente en la sesión inaugural, donde a Vidaurre se le impidió leer el discurso que le correspondía por considerarlo “desatinado” y “poco diplomático” por parte de los otros delegados.

Esta situación puso de manifiesto lo que se venía incubando, el posicionamiento del panamericanismo, impulsado por la Doctrina Monroe desde 1823, y el hispanoamericanismo, vertiente que Bolívar favorecía previendo el ímpetu hegemónico del naciente Estados Unidos y la ambición británica de dominar el comercio con las antiguas colonias españolas.

Así que de la agenda de Bolívar quedó poco en pie, porque si bien Vidaurre sostenía una postura de construir una liga hispanoamericana donde no existieran fronteras, para la defensa común de su independencia, los enviados grancolombianos y mexicanos se decantaban por una estructura militar menos ambiciosa y más interesada en los vínculos comerciales con las potencias europeas y que Estados Unidos no fuera neutral.

Aquí entró a jugar un papel mediador el cura Larrazabal, con experiencia en las Cortes de Cadiz, sabiamente ofreció la residencia donde lo hospedaron para celebrar reuniones nocturnas informales y avanzar en los acuerdos que se querían consensuar, pero no incluían a Vidaurre porque su propósito era emitir un documento alternativo a la propuesta del peruano, que tuvo un año para prepararlo.

Larrazabal lidió con los delegados, que eran cinco masones del rito yorkino y tres católicos, incluido él, los llevó a misa para apaciguar los ánimos, con la ventaja que no hubo más enfrentamientos diplomáticos y al final se firmaron los acuerdos, el principal el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua, que el mismo Bolívar los consideró una pobre realización de su sueño anfictiónico.

Ningún país ratificó los acuerdos, ni siquiera abrieron la sesión en Tacubaya porque los peruanos no llegaron, los centroamericanos se dividieron en cinco repúblicas, los mexicanos estaban en plena convulsión política, lo mismo que los grancolombianos, que, además, en 1827 entraron en guerra con Perú.

A la distancia de 200 años, el análisis de Porras se ratifica, pues el insigne historiador lo presenta como un “intento notable de integración hispanoamericana” y el fin de la confraternidad generada por la guerra de independencia. Además, interpreta el Congreso como una parte esencial de la acción política internacional del Libertador.

¿Qué dijeron los líderes globales del Congreso y de Bolívar?

Por otro lado, si nos limitamos a líderes o intelectuales identificados con corrientes conservadoras, liberales clásicas, demócrata-cristianas o de centroderecha, ocurre algo interesante: la mayoría no rechaza el Congreso Anfictiónico, sino que suele reinterpretarlo -desde su óptica- como antecedente de la cooperación interamericana, de la democracia representativa o de la integración regional.

La crítica más dura que encontramos data del 14 de febrero de 1858, del puño y letra de Karl Marx, dentro de su famosa biografía de Bolívar publicada para la New American Cyclopaedia.

En una carta a Friedrich Engels del 14 de febrero de 1858, defendiendo su artículo ante las críticas del editor Charles Dana, Marx escribió: «Bolívar es un verdadero Soulouque.»
Y añadió que le parecía inadmisible que se alabara como un Napoleón americano a quien consideraba: «el más cobarde, miserable y ruin de los canallas».

Sobre el Congreso de Panamá, en el artículo «Bolívar y Ponte, Simón» (1858), Marx escribió: «En el año 1826, del que data la declinación de su poder, logró reunir un congreso en Panamá…»
Y a continuación interpretó las motivaciones de Bolívar de esta manera: «Lo que realmente perseguía era la creación de toda Sudamérica en una república federativa, con él mismo como dictador.»

Los estudios modernos han demostrado que Marx escribió sobre Bolívar utilizando principalmente obras muy hostiles al Libertador, especialmente las memorias de Henri Ducoudray Holstein, un antiguo oficial que terminó enfrentado a Bolívar. También utilizó textos de Hippisley y Miller. Muchos historiadores consideran hoy que esas fuentes estaban sesgadas y que Marx conocía poco la realidad política hispanoamericana.

Durante gran parte del siglo XX, la historiografía oficial soviética reinterpretó a Bolívar como un líder progresista y antiimperialista, en fuerte contraste con la visión negativa de Marx de 1858, según lo documenta la Gran Enciclopedia Soviética (Bolshaya Sovetskaya Entsiklopediya), considerada la obra de referencia oficial de la URSS.

Uno de los mayores especialistas soviéticos en América Latina fue el historiador soviético Iósif Lavretski, quien en 1982 publicó una biografía de Bolívar ampliamente difundida en el bloque socialista, donde lo presenta como líder de la revolución anticolonial latinoamericana y como motor de la integración continental.

En 1891, el prócer cubano José Martí, liberal radical, precursor del antiimperialismo latinoamericano; miembro de logias masónicas cubanas, dijo de Bolívar y el Congreso que había llegado para América la hora de declarar su «segunda independencia». En varios textos vinculó el Congreso de Panamá con la necesidad de equilibrar el poder continental frente a EE.UU.

En 1924, el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, líder de la izquierda democrática e integracionismo latinoamericano, sobre el bolivarianismo sostuvo que el Congreso de Panamá fue el primer intento serio de organización política de Indoamérica y una referencia para la unidad continental. Su interpretación convirtió al Congreso de Panamá de 1826 en antecedente doctrinal del aprismo.

En las décadas del 60 y 70, el líder socialista democrático Salvador Allende, en las varias oportunidades en las que se refirió a la integración latinoamericana, reivindicó el proyecto de Bolívar y consideró al Congreso de Panamá como antecedente histórico de la integración regional. Aunque no siempre citó literalmente el Congreso, sí lo ubicó como origen del ideal de unidad latinoamericana.

En el caso del comandante Fidel Castro, socialista, en 1979, durante actos conmemorativos bolivarianos calificó al Congreso de Panamá como el primer esfuerzo por construir una comunidad política latinoamericana independiente de las grandes potencias. Su lectura fue marcadamente antiimperialista y bolivariana.

Durante su gira por América Latina, el 3 de diciembre de 1982, el presidente estadounidense Ronald Reagan visitó la Plaza de Bolívar en Bogotá, Colombia. Allí depositó una ofrenda floral ante la estatua del Libertador y pronunció un discurso en el que elogió el legado revolucionario de Bolívar para la emancipación del Nuevo Mundo, equiparándolo con los padres fundadores de Norteamérica.
En el marco del Bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar en 1983, Reagan firmó una proclama presidencial en la Casa Blanca (la Proclamación 5074). En su discurso oficial, declaró:

”Nuestras aspiraciones en el norte produjeron a Washington, Jefferson, Adams, Hamilton y Franklin; de igual manera, los países al sur dieron a luz a su Miranda, su Bolívar, su Hidalgo, su Artigas, su O’Higgins, su Sucre, su Morazán y San Martín… Somos una sola familia en el Nuevo Mundo».

Reagan recurrió con frecuencia a la figura de Bolívar y al panamericanismo de 1826 para justificar diplomáticamente su visión de una alianza continental frente a las influencias externas (como el bloque soviético) durante los años más tensos de la Guerra Fría.

El presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, un socialdemócrata liberal de centro, en el año 2000 interpretó el Congreso como un evento que se adelantó a ideas que luego se concretarían en la ONU y en el Derecho Internacional.

Cardoso fue quien trajo a Panamá en la Cumbre Iberoamericana de 2000 las Actas del Congreso Anfictiónico y las dejó en custodia. Ese juego lo adquirió Brasil a un anticuario en Viena alrededor de 1941, según las pistas que hemos encontrado.

En 2013, el presidente del gobierno español José María Aznar, liberal, reivindicó una mayor integración atlántica entre Europa y América y destacó el papel estratégico de América Latina en las relaciones transatlánticas. Aunque no citó directamente el Congreso, su discurso encaja con una visión favorable de la cooperación hemisférica.

El panameño Olmedo Beluche, reconocido izquierdista latinoamericanista, escribió en 2021
que: «El Congreso Anfictiónico de Panamá fue, a la vez, la culminación del máximo sueño de Bolívar y el comienzo de su fracaso».

El ideólogo de izquierda peruano José Carlos Mariátegui, escribió sobre Bolívar y el proyecto de unidad latinoamericana, en su libro Ideología y Política: «Bolívar representa la tendencia más avanzada de la revolución de la independencia.» y lo definía como “el precursor de la unión de los pueblos de América Latina”.

También sostuvo que: «Ni Bolívar ni San Martín pertenecen enteramente a la historia nacional de ninguno de los pueblos que libertaron.»

Por otra parte, el 20 de julio de 2014 el presidente chino, Xi Jinping, durante su visita a Caracas rindió homenaje ante la tumba de Bolívar y lo calificó oficialmente como «líder del movimiento por la independencia de Sudamérica». Además dejó una inscripción honorífica en el libro oficial del mausoleo, de acuerdo con el Ministerio de Relaciones Exteriores de China.

A diferencia de Karl Marx, muchos pensadores de derecha no atacaron a Bolívar por completo, sino aspectos distintos de su legado:

La izquierda exalta su antiimperialismo y la unidad latinoamericana.

La derecha enfatiza su preocupación por el orden, la estabilidad institucional y la autoridad política.

Liberales y socialdemócratas suelen destacar el Congreso de Panamá como antecedente de la cooperación internacional.

Como resumió un historiador contemporáneo, Bolívar ha sido reivindicado por demócratas, conservadores, socialistas, nacionalistas e incluso fascistas, porque dejó una obra política muy amplia y a veces contradictoria.

El 24 de enero de 2019 el Papa Francisco dijo en la Sala Capitular que «Su localización geográfica convierte a Panamá en un sitio estratégico no solo para la región sino para el mundo entero. Puente entre océanos y tierra de encuentros, Panamá, la de los prohombres que inspiraron el Congreso Anfictiónico, nos recuerda que nuestros pueblos son capaces de crear, convocar y soñar con una patria grande que sepa acoger, respetar y defender la dignidad de cada hijo e hija».

Dejar una respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí