Bancos frente a un dilema: pensar “verde” o desaparecer

El cambio climático está obligando a las instituciones financieras a modificar su forma de pensar y actuar. Una tendencia que podría tener un impacto significativo en sus balances contables y, posiblemente, determinar su futura supervivencia.

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Las instituciones financieras deben cuidarse de no arriesgar su futuro por su negligencia en la toma de decisiones que tienen un impacto medioambiental o social. (Keystone / Rank Augstein).

Por Matthew Allen
swissinfo.ch

En su discurso pronunciado en junio como presidente de la Asociación de Bancos Privados Suizos (ABPS), Yves Mirabaud declaraba: “Los banqueros ya no son solo especialistas de las finanzas, sino también expertos en la huella medioambiental y social de sus inversiones”.
Sus declaraciones se producían poco después de que la Autoridad Supervisora de los Mercados Financieros (FINMA) ordenara a los bancos y las compañías de seguros que «comuniquen públicamente y de forma adecuada los riesgos [climáticos] que asumen». En Suiza, las empresas se han autorregulado en este tema, pero ahora FINMA exige plena transparencia sobre sus métodos contables.
El cambio climático plantea muchos riesgos para el sector financiero. Los peligros de desastres naturales, como huracanes o inundaciones, son evidentes para el sector de los seguros. Pero los bancos también podrían estar expuestos a riesgos de reputación o demandas judiciales si financian proyectos contaminantes. Y esto repercute en la manera en que los banqueros trabajan y gestionan el riesgo.
Las métricas tradicionales de evaluar el riesgo frente al rendimiento de una inversión se están adaptando gradualmente para incluir factores medioambientales y sociales. Los actores financieros comienzan incluso a vigilar las empresas en las que invierten.
Si un banco vende sus acciones en una empresa contaminante, estas probablemente serán compradas por inversores poco escrupulosos, argumenta Mirabaud. «Como acreedor o accionista, es mejor ejercer presión sobre esa empresa para que adopte un modelo de negocios más limpio», añade.
¿Cambio de dirección?
Los grupos activistas piden regularmente que los bancos suizos rindan cuentas sobre las empresas y los proyectos que financian y dañan al medioambiente. Esta lista negra incluye, por ejemplo, los proyectos de deforestación en la cuenca del Amazonas y otras partes del mundo; el derrame del petróleo del Norislk-Taimyr Energy en Siberia; y el controvertido proyecto del oleoducto Dakota en Estados Unidos.
Todos ellos son negocios que van en contra de la intención declarada de Suiza de convertirse en uno de los centros financieros más importantes del mundo para las finanzas sostenibles.
El cambio de actitud de los inversores y las actividades comerciales también podrían exponer a los mercados financieros a “cambios en la oferta y la demanda de determinadas materias primas, productos y servicios”, dice el Grupo de Trabajo sobre Divulgación Financiera Relacionada con el Clima (TCFD). Las inversiones tradicionalmente seguras, por ejemplo, en proyectos energéticos podrían volverse indeseables en el futuro.

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