Productores en el distrito de Barú al pie del cañón

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Productores baruenses en vigilia permanente.

Por Marvin Wilcox Madrid
Dirigente productor de Barú

Hay tantas historias que contar de nuestro occidental distrito, pero la necesidad nos obliga a enmarcarnaos en aspectos relacionados a la lucha que como productores campesinos del distrito llevamos a cabo contra un nefasto e ignominioso contrato ley BANAPIÑA, impuesto a sangre y fuego durante el gobierno de JCV, mismo que inició a regir en mayo del 2017 y cuya finalidad es reactivar la actividad económica mediante la vuelta a la actividad bananera en el corregimiento Rodolfo Aguilar Delgado.

Debemos recordar que la presencia de transnacionales bananeras tuvieron una fuerza tal, que a nuestros países se les llegó a llamar Banana Republics, pues en ellos se hacía la voluntad que le convenía a estas empresas, recordemos el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz, en Guatemala, en los años 60 del siglo pasado, como consecuencia de oponerse a las políticas neoliberales de la United Fruit Company con su enclave bananero.

Cuando todos creíamos superado un episodio de la historia que trajo consigo luto y dolor, enfermedades por exposición a los agroquimicos; algunos «iluminados» de nuestro distrito, incluyendo leguleyos (de los otros ni hablemos) se les ocurre negociar con la Del Monte Fresh a través del exministro de La Presidencia, Álvaro Alemán, un contrato ley, que es al que nos referimos (pusieron al zorro a cuidar los huevos).

Los productores se negaron rotundamente a ser despojados de sus tierras, hubo luchas feroces contra la policía, se han puesto demandas en la Corte y en otras instancias de inferior jerarquía, pero sabiendo como funciona nuestro sistema judicial, han hecho gala del desconocimiento total, que en materia agraria deben tener y nos referimos especialmente a la ley 55 del código agrario Panameño de mayo del 2011, que acaba de cumplir 10 años y no ha sido tomada en cuenta por ninguno de estos *»prelados del derecho»* es más han desconocido las normas elementales de impartir justicia, al reconocer en un fallo que hubo pretermisiones *(negligencia)*, pero favorecieron a la contraparte, que es la que tiene la «fuerza», olvidando los principios básicos que deben regir a la hora de emitir fallos; pero ya, no nos sorprende nada del actuar de este órgano del Estado, que es la columna vertebral de la democracia.

La presencia de BANAPIÑA, filial de La Del Monte Fresh, es una regresión histórica a modelos ya desfasados, anacrónicos, caídos en desuso, es permitir la contaminación de aire, tierra, aguas, con la agravante de que por el uso de las tierras y todos los valiosos recursos, incluyendo el agua, pagan misérrimos impuestos y nadie, ni siquiera la Asamblea de Diputados, dijo nada al respecto; clara prueba de que cuando se presentó el proyecto al hemiciclo, ni siquiera lo habían leído y mucho menos analizado. Lo mismo ha sucedido con otros contratos leyes, que al final han permitido la expoliación de nuestros recursos naturales con la consecuente contaminación ambiental a cambio de migajas.

Nos sorprende que nuestra primera autoridad del distrito, en carta dirigida al actual ministro de la presidencia, José G.Carrizo, le solicite que se cumpla con lo pactado en el antinacional contrato ley BANAPIÑA y con ello se genere el despojo de sus tierras a los productores que estamos produciendo comida y contribuyendo con la Seguridad Alimentaria de nuestro país; desconociendo los derechos que nos confiere la Constitución y la reciente Declaración de los Derechos de los Campesinos y de los Trabajadores Rurales, de la cual Panamá es signatario.

Nos han acusado de tener 300 hectáreas de tierra en esa área. ¡Señores: dejen de estar cazando brujas!

Seguiremos luchando y nos opondremos verticalmente a cuaquier acción que intente arrancarnos de nuestras tierras y si en Panamá no se nos confiere el legítimo derecho que como productores campesinos agrarios tenemos, entonces tendremos que elevar nuestro reclamo hasta los tribunales internacionales, sí es necesario, pero jamás renunciaremos al sagrado derecho a seguir trabajando para sustentar a nuestras familias. Somos panameños y, por lo tanto; no hay ni habrá ningún contrato ley y menos uno tan entreguista como el BANAPIÑA, que pueda impedir que sigamos produciendo en nuestras tierras.

¡Dios siga bendiciendo a nuestro Panamá y nos libre de acciones malsanas y corruptas que lo asedian por doquier!

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