2022: “Falso amanecer”. El engaño de la plutocracia

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Ilustración sobre el neoliberalismo.

Por. Antonio Saldaña
Abogado y analista político

La realidad económica internacional condiciona el actuar nacional de la sociedad panameña, no existe la menor duda. Sin embargo, lo importante es explicar cómo se produce el fenómeno del mercado global, quién lo impuso y por qué está en crisis.

La diferencia entre globalización económica —un proceso que arranca desde el siglo XV— y el libre mercado global, proyecto político de finales de siglo XX; es que el primero es un proceso irreversible y, el segundo, es un modelo político en crisis impuesto por el hegemonismo estadounidense.

El antecedente de este último, “son las políticas de laissez-faire que produjeron la ‘gran transformación’ en Inglaterra [de la época victoriana] de mediados del siglo XIX, las cuales estaban basadas en las teorías de que las libertades del mercado son naturales y las limitaciones del mercado son artificiales. La verdad es que los libres mercados son criaturas engendradas por el poder estatal y se mantienen sólo mientras el Estado es capaz de impedir que las necesidades humanas de seguridad y control de riesgos económicos encuentren expresión política“ (Gray, John. Página 30).

El caso inglés excepcional y “sui generis”, sobrevivió hasta la primera conflagración mundial de la pasada centuria y desapareció del todo en la ‘gran depresión’ de los treinta; pero reapareció con el Thatcherismo en Inglaterra, el Reaganismo en los Estados Unidos y el Pinochetismo en Chile. En una excesiva síntesis, puedo afirmar que consistió en el reemplazo de la teoría Keynesiana pos segunda guerra mundial, por el `Hayekismoʼ de libre mercado y excesivo individualismo, puesto en boga el último tercio del siglo XX. El fenómeno estuvo sostenido con enormes costos sociales (ruptura del tejido social y exclusión social) y fue de efímera duración. En el último decenio del siglo pasado ha sido objeto de una mutación de peligroso hegemonismo político, mejor conocido como el “Consenso de Washington”, que en síntesis, consiste en la imposición del libre mercado global (con su ideología neoliberal) de individualismo exacerbado y de un solo modelo de capitalismo, es decir, el de los Estados Unidos.

Paradigma político que elimina el Estado-nación y las estructuras de intermediación social, por ejemplo, los sindicatos y los gobiernos locales. En pocas palabras, “destruye la cohesión social”.

Este —grosso modo— es el escenario internacional, en el que se inserta la República de Panamá y en el cual la sociedad (ciudadanos) debe debatir cuál es el camino más apropiado a seguir para desarrollar un Estado Democrático Social de Derecho, al que no debemos, ni podemos renunciar.

¿Cuál es la situación de Panamá?

Según fuentes oficiales, el desempleo abierto cifra relativamente el 11%, el subempleo supera el 50% y la desocupación de la generación «Y» (Menores de 30 años que no conocen otra tecnología que la de internet) está en un escandaloso 57%.

Medio millón de personas (un buen número de ellos reducidos a la humillante condición de clientela política) reciben “Bolsas de Alimentos“, cuyo contenido en víveres es diez veces menor que el precio de la canasta básica de alimentos; y otro medio millón de seres humanos se le entrega un `vale digitalʼ, por un valor de ciento veinte balboas (B/.120.00) mensuales, que apenas los coloca en el umbral de la pobreza y para establecer la enorme desigualdad de ingresos existentes en nuestro pais, representa 217 veces menos que el salario del “amo chocolate” (Administrador del Canal de Panamá) el de la otra República (ACP).

Una deuda pública de más de 40 mil millones de dólares que representa, aproximadamente, el 77% de la relación Deuda Pública/PIB. A ello, se suma la existencia, en lugar de partidos ideológicos, entelequias políticas clientelares al servicio del dinero y; un gobierno caracterizado por la opacidad e incapacidad manifiestas.

Lo más seguro, es que en el primer trimestre del próximo año, las autoridades internacionales de Salud (OMS, OPS) declaren la convivencia epidemiológica. De manera que no se podrá justificar, el mantener un absurdo e inconstitucional “Estado de Emergencia”, situación que le ha permitido al “buen gobierno” —en oposición a la transparencia y rendición de cuentas— contratar de manera directa, más de mil millones de balboas.

En conclusión, no podemos negar que vivimos en una economía globalizada, caracterizada por la interdependencia económica y el desarrollo tecnológico; pero otra cosa muy distinta es la imposición del capitalismo estadounidense como único modelo de economía, el cual es el principal causante —el otro, es la genuflexión del gobierno panameño— de la grave crisis económica política y social de la actualidad. Pero que adicionalmente nos somete a la condición de semi-colonia, debido al cogobierno estadounidense; a la imposición leonina, tipo renovación del contrato con la transnacional portuaria PPC y el “rapto de Panamá”, fraguado por la “pandilla” oficial y Minera Panamá, S.A. Para no dejar de mencionar la llegada, en enero de 2022, de cero arancel de un número plural de productos agropecuarios panameños, como resultado de la aplicación de cláusulas del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los norteamericanos.

De manera que tanto el “buen gobierno” como la partidocracia está vendiendo ilusiones y utopías de mercachifles. La verdad es que el tremedal económico político y social que nos espera —a partir del próximo año 2022— no se resuelve con engañifas electoreras y sólo puede ser sorteado con éxito, sí el señor presidente, asume el liderazgo de estadista que necesita la República y une a la Nación entera, mediante la concertación de un nuevo Pacto Social. Todo lo demás es paparrucha.

¡Así de sencilla es la cosa!

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