Significado histórico y político de la ampliación del Canal

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El pueblo celebró la ampliación del Canal de Panamá, pero no está dispuesto a entregarlo a manos extranjeras.

Significado histórico y político de la ampliación del Canal

Por Rubén D. Sousa B.

  • La inauguración de la ampliación del Canal de Panamá es un acontecimiento de una trascendencia histórica, en rumbo de lograr nuestra liberación nacional.

En su intuición liberadora y de ser el dueño legítimo de su espacio geográfico, el pueblo panameño entiende que este suceso no sólo es una alegoría, sino un paso estratégico que nos acerca más a un Panamá verdaderamente de los panameños, a una nación libre y con poder de auto determinación

Esa es la verdadera explicación, de por qué el alborozo de las masas populares, ante la inauguración de la ampliación de la vía acuática, a pesar de sus frustraciones políticas por las expectativas que creó el gobierno de mejorar la situación socioeconómica y de desigualdad que no se detiene, la corrupción burocrática latente, los servicios públicos degradados y la seguridad pública ineficaz, entre otros.

El Partido del Pueblo cuando se decidió realizar esta obra y ante la consulta popular que se organizó, planteó su apoyo a la ampliación como una necesidad objetiva del desarrollo nacional, pero objetó fuertemente el marco político, aristocrático, oligárquico, en que se concebía el proyecto. Esta situación aún se mantiene en esencia, y la liberación de Panamá debe ser integral: económica, democrática y de participación pluralista. Precisamente, este hecho de gran significado de liberación nacional, se sigue realizando bajo un esquema político obsoleto, en crisis, como es la dirección en manos de una aristocracia oligárquica.

Un hecho que se debe destacar como viraje, como nuevo paradigma, de lo que significa el Canal libre de los norteamericanos y en manos soberanas de los panameños, es que, mientras en 1914 el viejo canal en manos yanquis, lo inauguró un barco norteamericano, hoy en el Canal libre, la inauguración de su ampliación y modernización, la hace un barco chino.

Llama poderosamente la atención, que en las proximidades de la apertura de la ampliación, con alevosía y nocturnidad, se haya sorprendido a la opinión pública mundial con la denuncia de que Panamá es la capital de los negocios sucios de las empresas conocidas como Off Shore. La parte sucia de esta denuncia, es que involucra a todo el país y su pueblo, en las andanzas de una empresa en particular. Y, precisamente, contra el país que se prepara para un acto soberano trascendente en el mismo espacio geográfico, que les ha servido al poderío geopolítico norteamericano de palanca hegemónica.

El hecho de que esa conspiración anti panameña sea la cobertura de la aplicación de una llamada “Lista Clinton” y una política de control de los “activos en el extranjero”, pone al descubierto el origen verdadero de los llamados “Papeles de Panamá”. Es una especie de macartismo, lo que en otrora fue un instrumento represivo contra los comunistas. En este sentido, la ley Clinton también es un instrumento represivo, pero ahora contra los empresarios. Son los empresarios, quienes dentro del fenómeno de la globalización económica mundial, buscan otros rumbos que los alejen del control de los monopolios norteamericanos.

En el caso de Panamá, ese alejamiento de gran parte del empresariado del control yanqui, constituye un factor estratégico que pone seriamente en peligro el significado geopolítico que el Istmo de Panamá ha jugado en los designios de dominación mundial del imperialismo.

Este acto de trascendencia nacional liberadora, nos presenta la tarea de transformarlo en una palanca determinante del desarrollo de la democracia panameña. Una democracia que garantice la participación directa de todos los componentes de la nación panameña, verdaderos autores de nuestra liberación. Es decir, de lo que se trata es convertir la dirección canalera en un poder democrático, al servicio de la garantía de nuestra liberación nacional y el desarrollo socioeconómico y cultural de nuestra Patria. Hay que liberar ahora la dirección del Canal del monopolio administrativo impuesto por la aristocracia oligárquica.

¡Por un Canal libre y administrado, y por una democracia de participación pluralista!

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