Por Roberto Pérez
Indymedia
¿Quién es Boris Mauricio Betancourt Hernández, el narcotraficante cubano con el poder de presionar al Gobierno de Panamá y que desde el 2024 cumple sentencia por tráfico de estupefacientes en el Centro de Máxima Seguridad “La Nueva Joya”, luego de haber sido sorprendido in fraganti cuando comercializaba drogas a nuestros jóvenes?
Para comenzar, él es el responsable directo de que siete connacionales continúen detenidos en Cuba, después de la liberación de tres mujeres gracias a la intermediación del canciller Javier Martínez-Acha, quien ponderó como un “gesto de humanidad y amistad” por parte de las autoridades cubanas hacia Panamá.
Sin embargo, algunos panameños interesados en dañar las relaciones diplomáticas con La Habana ven el proceso como una afrenta a la dignidad nacional y piden la liberación inmediata de todo el grupo; otros, en cambio, consideran el hecho como una imprudencia mayúscula de los detenidos, pero pocos conocen que detrás de esta historia hay compromisos políticos y, sobre todo, dinero proveniente del narcotráfico.
Medios panameños reflejaron la protesta ante nuestra cancillería y más reciente frente a la embajada cubana protagonizadas por un grupo de alborotadores integrantes de la organización fachada “Camino a la Democracia Pacífica de Cuba”, creada y financiada por este delincuente para hacerse pasar por un supuesto opositor político y ocultar su historial criminal. Algo insólito para un país que combate el narcotráfico con el apoyo de los EEUU.
El Sr. Betancourt Hernández es un narcotraficante no por el simple hecho de que lo afirmen las autoridades judiciales cubanas que solicitan su extradición. Desde el 2013 tiene notificación roja por la Interpol y él mismo, en cartas publicadas en su cuenta en Instagram lo reconoce, incluso ha pedido formalmente ser extraditado a los EEUU.
Una rara petición que sólo se entendería si está seguro de que no tendrá problemas con la justicia estadounidense. Para asumir esta insólita postura, una probable explicación sería su colaboración con la Administración de Control de Drogas (en inglés: Drug Enforcement Administration), conocida por su sigla como DEA.
Una fuente familiarizada con el caso comentó –a condición de conservar su anonimato- que Betancourt Hernández llegó a Costa Rica en el 2016 procedente de Tampa, Estados Unidos, a dónde había emigrado en el 2009. Allí se involucró en un delito de clonación de tarjetas de crédito, por el cual fue sancionado a 6 años de prisión, pero sólo cumplió 2, gracias a su disposición a colaborar con la DEA.
Según la misma fuente, no descarta que su acercamiento y relación de amistad que estableció en la prisión con el narcotraficante cubano Neftalí García Testa lo hizo siguiendo indicaciones de la DEA. El Sr. García Testa fue quien lo introdujo en el negocio del narcotráfico y le facilitó los contactos en Cuba para los envíos y comercialización de drogas.
Al salir de prisión García Testa se estableció en Costa Rica y desde allí dirigió entre el 2011 y el 2016 el envío de drogas al país antillano hasta que fue detenido. Según versiones sin confirmar señalan que su caída en desgracia obedeció a informaciones entregadas por Betancourt Hernández que la DEA trasladó a las autoridades ticas para sacarlo del “negocio” y posibilitar que su agente encubierto asumiera el liderazgo del tráfico de drogas hacia la Isla.
A partir de ese entonces Betancourt Hernández fue ampliando sus vínculos con redes del narcotráfico en la región, además de introducir durante años drogas en la Mayor de las Antillas lo que documentó por encargo de la agencia antidrogas norteamericana para inculpar a Cuba con el narcotráfico. Un pretexto que históricamente diferentes Administraciones norteamericanas han intentado fabricar para justificar una eventual agresión militar.
La idea de transformar a este delincuente en “refugiado político” pudiera obedecer a una estratagema de la DEA con el propósito de hacerlo pasar como víctima de una supuesta persecución política por parte del Gobierno cubano. Ello le permitiría presionar a la administración de la nación istmeña para evitar su extradición a Cuba y, al mismo tiempo, posibilitaría mantener oculta su colaboración con la agencia antinarcóticos.
Es conocido que Betancourt Hernández comprometió a nuestro coterráneo de Arraiján Jair Ortiz, quien reclutó en el restaurante Mr. Frías de Nuevo Arraiján y propiedad de su esposa Katerine Torres, vocera de la organización que este narcotraficante utiliza como fachada política, a ese grupo de jóvenes panameños para realizar acciones de propaganda contra el orden constitucional cubano con la promesa de recibir un pago en dólares.
Los videos que el propio Jair Ortiz publicó son pruebas contundentes. Ahí aparece burlándose del control policial cubano y negando relación con el resto del grupo de panameños que resultó detenido. En fin, su única preocupación era poder huir y poco le importó dejar a esos jóvenes a su suerte.
El Sr. Ortiz es un individuo ambicioso capaz de hacer cualquier cosa para ganar dinero fácil. Por ello, vinculó a su esposa a la organización creada por Betancourt Hernández, luego del fracaso de su campaña política en Arraiján en las pasadas elecciones.
Los continuos viajes de placer de esta pareja a Miami le nublan el juicio. Allí se relacionan con la madre de Betancourt Hernández y su esposa, pero también tienen vínculos con elementos de la extrema derecha cubano americana como Orlando Gutiérrez Boronat, Rosa María Payá Acevedo y José Daniel Ferrer García.
Tanto Gutiérrez Boronat como Payá Acevedo mantienen estrechos contactos en Panamá al más alto nivel, entre otros, con la gobernadora de la provincia de Panamá, Mayín Correa, conocida por sus posiciones anticubanas. Y desde las sombras, el libertario y asesor económico del presidente panameño, Roberto Brenes.
El canal NexTV, propiedad del narcotraficante y ex presidente Ricardo Martinelli, y en el que curiosamente aparecen como accionistas Mayín Correa y Roberto Brenes, en días recientes anunció un espacio televisivo para que Jair Ortiz y Katerine Torres, defiendan al narcotraficante o agente encubierto de la DEA Betancourt Hernández y hablen de causas políticas que no son nuestras.
Por el momento dejo la reflexión…




