La Educación de Panamá en crisis y a la deriva

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La Educación de Panamá en crisis y a la deriva

Para muchos educadores y activistas del movimiento magisterial insatisfechos, las renuncia de la ministrada de Educación no es una sorpresa. Desde las altas esferas gubernamentales, le habían retirado el apoyo que requería para responder a las demandas economicistas de los docentes y cumplir el objetivo de enderezar al maltrecho y obsoleto sistema de enseñanza pública del país.

El modelo de Educación de Panamá está diseñado como una máquina para proveer mano de obra barata al sector privado, pero no para que los jóvenes se adueñen de la tecnología y del conocimiento, unido a objetivos de desarrollo humano. En el medio de enseñanza predomina un ambiente de mediocridad, que aleja al estudiantado de las metas liberadoras nacionales.

En vez de promover en clases avanzadas el sentido de identidad, el sector abandona a su suerte a chicos y chicas que no encuentran en aulas empobrecidas motivos para permanecer en la Escuela. De hecho, muchos jóvenes que reprueban materias o desertan de los planteles de enseñanza alentados por los ambientes hostiles, suelen ser captados por pandilleros y promotores de vicios.

Al movimiento docente también le ha faltado determinación para ir más allá de las reivindicaciones económicas, ante el desafío de dirigir el debate y la definición un nuevo y eficiente modelo educativo que sustituya los arcaicos moldes de instrucción. La propuesta pedagógica no alcanza para suprimir la corrupción que debilita los pilares y presagia un triste colapso institucional.

En vez de convertirse en un proceso sostenido del Estado para coadyuvar al aprendizaje o la adquisición de conocimientos, habilidades, valores, destrezas, Cultura y hábitos saludables, el sistema formal de la Educación se ha convertido en negocio y fuente de contrataciones públicas millonarias para la reparación de planteles y sustitución de más de mil “escuelas-ranchos”.

El modelo curricular que rige sobre la Educación y cuyos resultados son cuestionables desde el punto de vista científico, muestra la subordinación a una fuerza dominante a la que no le interesa el crecimiento de las capas medias de la población ni vencer el atraso en zonas rurales depauperadas. Así ha sido desde que fuerzas oscuras derrotaron la reforma educativa de 1970.

Tras la recuperación del Canal de Panamá y su zona ribereña, el país debió entrar en una etapa de modernización del sistema de enseñanza para aprovechar al máximo su posición geográfica. Pero los grupos dominantes de la economía siguen aplicando la ley del embudo, sin que los gremios docentes hayan comprendido que deben dirigir su lucha contra el andamiaje de inequidad.

Es necesario unir fuerzas y voluntades, y exigir una Educación de calidad. Ello implica derrotar a los grupos sectarios y gurúes que han hallado su modus vivendi en ese ambiente deformado que se nutre de la ignorancia. El movimiento social debe persistir en una verdadera y justa reforma educativa orientada a la formación de profesionales comprometidos con el desarrollo nacional.

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