Muerte por asfixia del sistema financiero

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Muerte por asfixia del sistema financiero

Los denominados “Panama Papers” y el caso de presunto “lavado de dinero” que apunta al grupo económico con importantes inversiones en la Zona Libre de Colón (ZLC) y en el sector de servicios, tienen en común un golpe al sistema financiero panameño y el uso de información desclasificada para hacer naufragar y luego liquidar por asfixia (falta de oxígeno) al modelo de servicios en este país.

La receta letal viene elaborada desde los grandes centros de poder económico y político hegemónicos, que aplican ajustes al sistema global y quebrantan a jurisdicciones offshore que no están bajo su control, a partir de escándalos como detonantes de crisis, para generar resultados desestabilizadores regionales. Panamá pagará un alto precio por ello y debe reaccionar ante el duro escenario que empieza a dibujarse: la pérdida de miles de empleos y la necesidad de reorientar a la economía tras el impacto convertido en revés.

Esa forma de ataque, en la que es difícil identificar a la fuente de origen de acciones dosificadas pero permanentes, es lo que algunos politólogos denominan la ejecución de la “guerra híbrida”, un procedimiento no convencional que alcanza a distintos objetivos a la vez, debilita los modelos verticales y usa como patente de corso la movilización contra la corrupción, el bloqueo a la banca y el secreto, para fracturar o dividir los proyectos nacionales.

De hecho, la fuente que reveló la existencia de unas 200.000 sociedades offshore fundadas por el bufete panameño Mossack Fonseca, en documentos conocidos como “Panama Papers,” expuso sus motivos en una especie de manifiesto publicado en el sitio web del diario alemán “Süddeutsche Zeitung”. La fuente se llama, a sí misma, “John Doe”, y desde el anonimato se escuda diciendo que decidió actuar por el hastío de la corrupción y el “lavado de dinero” insertos en el entramado de sociedades anónimas.

El argumento podría parecer pueril, pero forma parte del nudo de la trama de la historia que Panamá enfrenta con desventaja, sin que se entienda en instancias oficialistas la necesidad de integrar un “gabinete de guerra” y contrarrestar los diversos ataques. Un país desunido, desnudo de coraza y sin objetivos, no está en las mejores condiciones para defender su integridad y el empleo, sin que ello implique el abandono de la importante lucha anti corrupción.

Pero, lo más notorio no es el golpe dirigido contra Panamá, sino que los sectores populares, otrora organizados, concurren divididos y a merced de poderes fácticos que intentan poner a la nación de rodillas y someterla a exigencias externas, algo inimaginable en tiempos de la jefatura del proceso encabezado por el general Omar Torrijos, quien concitó el apoyo internacional y avanzó en la recuperación de la soberanía e integridad territorial con metas definidas.

Cuando la nave del Estado está a punto de naufragar, a falta de un buen timonel y con los flancos lastimados por errores cometidos, los excesos y la marginación de sectores patrióticos de las instancias de decisión, es posible ver saltar por la borda a las ratas. Ha faltado coraje, estrategia e inteligencia para debatir las implicaciones económicas, políticas y sociales, y el rechazo a que una nueva crisis se adhiera como un lastre sobre la castigada población panameña.

Es inaceptable la subordinación a la imagen de un país atado de pies y manos. Está claro, que haberse alejado del proyecto integrador de Latinoamérica y el Caribe, deja a Panamá en la orfandad ante las dificultades financieras. La respuesta sensata a la crisis, debe ser la construcción de fortalezas internas y liderazgos, y evitar que sean hipotecadas las conquistas sociales en una economía bajo fuego hostil. Sin duda, las organizaciones de base requieren apelar a una agenda común y unitaria, para enfrentar lo que está por venir.

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