Desclasificando al general Torrijos

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Desclasificando al general Torrijos

Por Filiberto Morales

En 1967 y en los primeros nueve meses de 1968, la población panameña vivió la más severa crisis política, social e institucional de la historia republicana. En la lucha por la sucesión presidencial, en las elecciones generales del 12 de mayo de 1968, afloraron contradicciones y apetencias mercuriales en la clase dominante, fracturada en dos facciones que se disputaban el control del Estado, en la perspectiva de usufructuar los beneficios que supuestamente traerían los Tratados del Canal conocidos como “Tres en Uno”.

De un bando, estaban los sectores que se articularon en torno a la candidatura del Dr. Arnulfo Arias, entre cuyos personajes se encontraban Raúl Arango Navarro, Gilberto Arias Guardia, Bernardino González Ruiz y Antonio González Revilla, de los partidos Republicano, Tercer Partido Nacionalista, Partido Acción Democrática, y Demócrata Cristiano.

En el otro bando, estaba el presidente Marco Robles, conocido como “Marco Rifle”, con la mayor parte del aparato del Estado, incluida la Guardia Nacional comandada por el general Bolívar Vallarino. A Robles se le conocía como “Marco Rifle”, por la orden emitida de “tirar a matar” a los delincuentes. Desde el poder, Robles postuló como candidato presidencial y sucesor al Ing. David Samudio, del Partido Liberal.

La descomposición de la clase política y de los partidos alcanzó a todo el aparato del Estado: la Asamblea Nacional de Diputados, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Electoral, la Junta Nacional de Escrutinio, el Ministerio Público y el Poder Judicial.

En marzo de 1968, la Asamblea de Diputados, controlada por la Alianza Arnulfista, orquestó un juicio político al presidente Robles, quien fue destituido y luego sustituido por Max Delvalle, vicepresidente de la República.

La Guardia Nacional cerró filas en torno a Robles, negándose a deponerlo. Dos semanas más tarde, la Corte Suprema de Justica revocó lo actuado por la Asamblea de Diputados y confirmó a Robles como presidente. En ese escenario, se realizaron elecciones el 12 de mayo de 1968. Ambos candidatos al solio presidencial se declararon triunfadores. Hubo renuncias, destituciones y cambios en el Tribunal Electoral y la Junta Nacional de Escrutinio. La Guardia Nacional jugó el papel de árbitro, pese a que Vallarino era de estirpe oligárquica y tenía fuertes intereses empresariales.

El 30 de mayo, Arnulfo Arias fue proclamado presidente electo en los comicios. No obstante, la crisis no tendría salida, sino en una más alta espiral el 11 de octubre de 1968.

Desclasificando reunión con el teniente coronel Omar Torrijos:

Sin embargo, en la crisis política, social e institucional, agravada durante 1967 y los primeros meses de 1968, parece que se pensaba en una salida de los marcos de la formalidad liberal-oligárquica que predominaba en la república de los primos. Por eso, el 11 de octubre no hubo sorpresas, sino sorprendidos, como reza el viejo aforismo.

En las oficinas de la Unión de Estudiantes Universitarios (UEU), me preparaba para disfrutar el “viernes cultural” en el área de Calidonia o de Santa Ana, que frecuentaban los jóvenes. Pero, recibí una llamada telefónica del compañero Emilio Peralta, quien vivía en las cercanías del Cuartel Central, en El Chorrillo.

Emilio, sagaz dirigente formado en los centros bohemios de Praga, informó sobre grandes e inusuales movimientos de tropas en arreos de combate. Poco después, se anunciaba al país el derrocamiento del presidente electo Dr. Arnulfo Arias y la consabida suspensión de garantías constitucionales. En pocas horas, decenas de dirigentes políticos y sindicales fueron detenidos, entre ellos la cúpula del Partido del Pueblo, con fuerte influencia en organizaciones sociales, profesionales y en el movimiento estudiantil.

La Universidad de Panamá se convirtió en centro de convergencia de cientos de opositores al golpe militar, incluidos dirigentes y militantes afines al gobierno depuesto. Llamaba la atención que dueños de grandes empresas llegasen a la sede de la UEU para usar los equipos y mimeógrafos, e imprimir sus comunicados.

Además, el campus universitario se convirtió en sitio de reunión y organización de acciones de rechazo al golpe. La FEP y la UEU jugaban un papel fundamental, si bien se procuraba establecer distancia de los sectores oligárquicos que también se oponían al golpe animados por sus intereses mercuriales. Arnulfo estaba refugiado en la Zona del Canal, junto a casi 200 personas de su entorno, protegidos por el tío Sam.

La posición del movimiento estudiantil era difícil. Teníamos una conducta antimilitarista, forjada a lo largo de combates y sacrificios, pero también anti oligárquica y antimperialista. La dirigencia estudiantil, en particular el Frente de Reforma Universitaria (FRU), tuvo la responsabilidad de organizar acciones en las calles, mítines relámpagos en los barrios, en contra del golpe de Estado. Esto continuaría hasta el cierre de la Universidad la madrugada del 13 de diciembre de 1968.

En los dos primeros días del golpe, dirigentes de la FEP y la UEU fueron invitados por Arnulfo Arias a una reunión en una base en la Zona del Canal. Arias propuso un plan simple y al mismo tiempo aberrante: los jóvenes debían organizar una movilización en la “Avenida de los Mártires”, como cobertura para que paramilitares arnulfistas y soldados puertorriqueños asaltaran el Cuartel Central.

No hubo respuesta por parte de la delegación encabezada por el compañero Ascanio Villalaz. De hecho, se reconocía la posibilidad de ser tomados prisioneros por los servicios de inteligencia estadounidenses. Es necesario aclarar que también se recibió un mensaje del teniente coronel Omar Torrijos, para el desarrollo de una reunión diferente en la Ciudad de Panamá.

La conversación con el jefe militar se realizó en el barrio de San Francisco, en casa de Moisés “Monchi” Torrijos, periodista y amigo de las causas populares. Ofelia Rodríguez, vicepresidenta de la UEU, y yo, acudimos a la reunión. Creo que asistió, además, Iván Estribí, dirigente de Ingeniería. La casa de “Monchi” estaba tomada por soldados. En cada ventana veíamos fusiles apuntándonos.

Torrijos llegó a la reunión, acompañado por el mayor Armando Sanjur, jefe de la estación de la CIA, quien un año más tarde sería una de la cabezas del golpe contra el comandante. Para poner las cosas en contexto, había fuertes pugnas y contradicciones en el interior de la Guardia Nacional. Aún no se había afianzado el liderazgo de Torrijos, opuesto a la corriente más autoritaria y de ribetes fascistas, encabezada por Boris Martínez.

El teniente coronel Torrijos presentó un panorama de la situación policía y explicó en ese encuentro las razones del golpe. El mayor Sanjur nunca abrió la boca, y tuve la impresión de que jamás soltó la pistola de reglamento que portaba debajo de su chamarra.

Torrijos fue preciso: Arnulfo Arias estaba solicitando la intervención norteamericana en el marco de la OEA y del Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR). Las tropas estadounidenses habían sido concentradas en Balboa, justo en la calle que llevaba hacia el Cuartel Central. Disponían de tanques, camiones y todo lo concerniente a un asalto militar a gran escala. La UEU y la FEP tenían evidencias de esos preparativos. Omar Torrijos solicitó apoyo al movimiento popular para enfrentar la potencial intervención de EEUU.

En la reunión, se detalló a Torrijos la larga lucha de los estudiantes y el pueblo contra imperialismo, la oligarquía y el militarismo. Asimismo, se exigió al comandante, ese 13 de octubre -tres días después del golpe que aún no se diferenciaba en absoluto de los gorilazos en América Latina-, la libertad de los presos políticos y la entrega de armas a los civiles para defender al país frente a la invasión. Se le dijo: “nosotros distribuíamos las armas al pueblo”. No hubo respuesta, creo que no podía haberla en aquella coyuntura.

Al final, Omar nos preguntó qué íbamos a hacer. Yo respondí: “enfrentar a los yanquis, lo que siempre hemos hecho, aunque con palos y piedras, y hasta con nuestros huesos”. Añadí: “en las trincheras nos encontramos comandante”. La lucha prosiguió y en mayo del 69, vinieron para mí y muchos entrañables compañeros, meses de cárcel en La Modelo. Para otros, hubo exilio. Después del intento de golpe, en diciembre del 69, se inició el verdadero proceso revolucionario. A partir de allí, tendríamos otras conversaciones con el comandante Omar, desde entonces en las mismas trincheras.

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