La defenestración de Praga de 1618 en las manos de Dios

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Ilustración de la defenestración de Praga de 1618.

Hace 400 años la defenestración de gobernadores católicos en Praga dirigida por nobles del bando no católico, desató uno de los conflictos más devastadores de la historia, la Guerra de los Treinta Años.

Por Tereza Kalkusová | Radio Praga

El 23 de mayo de 1618 más de 100 nobles no católicos marcharon sobre el Castillo de Praga con el fin de arrojar por la ventana a los gobernadores de confesión católica. Con este suceso empezó la llamada Revuelta Bohemia (1618-1620), cuyos líderes exigían el respeto a la libertad de religión. Lo que parecía ser un conflicto local de Bohemia pronto se convirtió en uno de los episodios más sombríos de la historia mundial.

Las contiendas religiosas eran un tema candente desde hacía mucho tiempo en los Países Checos. En el corazón de Europa nació ya a la vuelta del siglo XIV y XV, a base de las ideas de Jan Hus, el movimiento reformista de los husitas.

Durante el siglo XVI surgieron en varias partes de Europa movimientos protestantes como el luteranismo o el calvinismo, que pronto se fueron expandiendo por el continente hasta llegar a Bohemia, donde echaron raíces. Ya que los Países Checos pertenecían desde 1526 a la Monarquía de los Habsburgo, cuyo representante era por tradición de confesión católica, los conflictos religiosos se iban intensificando.

Un pueblo, dos religiones

Con el fin de prevenir los conflictos que seguían surgiendo, en 1609 el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey checo Rodolfo II de Habsburgo editó una carta real que garantizaba la libertad de religión. La historiadora Marie Šedivá Koldinská del Instituto de Historia Checa de la Universidad Carolina contó a Radio Praga más acerca de esta discrepancia de confesión en la sociedad de entonces.

“Los Países Checos eran lo que se suele llamar “el reino de dos pueblos”, juntas vivían aquí una minoría católica y una mayoría no católica. La última estaba interiormente dividida, ya que se componía de muchas corrientes diversas, como los luteranos, los antiguos utraquistas, los utraquistas nuevos o la Unión Fraternal, de influencias calvinistas, es decir, no se trataba de un grupo homogéneo.

La Carta de Majestad de Rodolfo es concebida en la actualidad como un documento muy progresista en cuanto al tiempo en el que fue editada. Si lo comparamos con los decretos de los demás países europeos, descubriremos que territorios alemanes de la monarquía se regían por la regla Cuius regio, eius religio, es decir “de quien la región, de él la religión”. Entonces, los súbditos tenían que subordinarse a la religión de sus señores. En cambio, en los Países Checos no fue así, aquí los súbditos tenían la posibilidad de elegir.  

Aunque los católicos eran una minoría, eran los que llevaban el timón del poder y, al fin y al cabo, el mismo emperador era de confesión católica. Los del bando no católico llegaban a obtener cargos políticos, pero aun así sentían que sus derechos tendían a disminuir cada vez más. Tras la muerte de Rodolfo II, se puede registrar un empeño por fortalecer el cesante poder de la Iglesia católica, que más tarde desembocó en la rebelión.

El detonador de los acontecimientos de 1618 fue la orden de cerrar una iglesia protestante y de derrumbar otra. Éstas fueron construidas sin permiso por los súbditos protestantes en territorios de propiedad católica. Los gobernadores Vilém Slavata de Chlum y Jaroslav Bořita de Martinice fueron acusados de violación de la Carta de Majestad de Rodolfo y la revuelta se puso en marcha.

Sin embargo, las causas del conflicto no fueron simplemente de índole religiosa, se trató también de un conflicto en el que jugó su papel el anhelo por el poder. Los nobles también aspiraban a cambiar la forma de gobierno, en cuya visión el poder pasaría de manos de una persona a los estamentos de los distintos territorios de los Países Checos.

En las manos de Dios

Como reacción a la violación de la Carta de Majestad, el 22 de mayo fue convocada una reunión en el palacio Smiřických, que consecuentemente fue prohibida por el rey y emperador, lo cual agudizó las ya tensas relaciones. Allí los nobles del bando no católico decidieron efectuar al día siguiente la defenestración de los gobernadores Vilém Slavata y Jaroslav Bořita, a quienes consideraban culpables de que la reunión se prohibiera. El emperador optó a última hora por cambiar la prohibición por un aplazamiento de la reunión, sin embargo, eso ya no logró invertir la situación.

El 23 de mayo de 1618 amaneció con una procesión de alrededor de 100 nobles, quienes, bajo el mando del conde protestante Enrique Matías Thurn, se dirigieron a las oficinas de los gobernantes en el Castillo de Praga.

Tras un intenso intercambio de opiniones, en un proceso judicial improvisado, los gobernantes fueron hallados culpables por alterar de forma intencional la pacífica coexistencia de diversas confesiones y fueron sentenciados a muerte, siendo arrojados desde el segundo piso por las ventanas del Castillo.

La historiadora Marie Šedivá Koldinská describió a Radio Praga el transcurso que tuvo la defenestración.

“Por la ventana fueron arrojados Slavata y Bořita de Martinice y su escribano Philip Fabricius, quien con unos comentarios inapropiados irritó a los presentes evangélicos. Bořita de Martinice no se oponía tanto, pero Slavata bastante, y con ello se relaciona cómo acabaron tras la caída. La sobrevivieron Bořita de Martinice con mínimas contusiones, al igual que Fabricius. Solo Slavata, quien se resistió con fuerza al arrojamiento, resultó malherido. Se sujetó hasta el último momento y cuando lo golpeaban con pistolas en los dedos, se soltó, pero fue cayendo paralelamente al muro y por eso se golpeó la cabeza contra la cornisa de una ventana que estaba debajo. Se rompió la cabeza, pero al final se curó y sobrevivió, al igual que los demás”.  

La historiadora añadió que los protestantes optaron por la defenestración como forma de castigo, ya que derramar sangre en los respetables espacios de la oficina gubernamental, sería impensable, y prefirieron dejar a los arrojados en manos de Dios.

Estiércol o milagro

Lo curioso es que los defenestrados sobrevivieron la caída desde unos 16 metros y al final lograron huir. La historiadora Marie Šedivá Koldinská indica que tras el suceso ambos bandos presentaron de forma pública la interpretación de la salvación de los defenestrados.

La Guerra de los Treinta Años “La propaganda protestante ponía hincapié en que sobrevivieron solo debido a que cayeron en un vertedero. Hay documentos en los que se habla sobre un montón de estiércol, otros que mencionan montones de papel de oficina, nada de ello, por supuesto, era cierto. No podemos imaginarnos la Praga de inicios del siglo XVII como un gran estercolero, eso sería una visión errónea. Se trata de un constructo propagandístico posterior, que pone de manifiesto que la basura y cosas al estilo hicieron que los arrojados cayeran sobre un terreno blando y así lograran sobrevivir”.  

Una interpretación opuesta la sostuvo el bando católico, que explicaba el hecho mediante la aparición de la Virgen María, que con la ayuda de los ángeles logró salvar a los sentenciados. En la actualidad los historiadores explican el hecho mediante el carácter de la superficie en aquel entonces.

“En esa época el terreno era distinto al de ahora. Había una cuesta que conectaba con el recinto del castillo, entonces los defenestrados cayeron a una cuesta inclinada, no encima de una superficie plana. Cierto tiempo rodaron hacia abajo y la presencia de esa cuesta inclinada disminuyó la intensidad de su caída. A veces, también se menciona la moda de la época, ya que los abrigos y pantalones estaban hechos de telas gruesas y ciertas partes del cuerpo del vestido acolchadas, con el fin de destacarlas según la moda de entonces. El carácter de los vestidos en aquella época pudo haber influido en cómo acabaron, es decir, que sobrevivieron”.  

El punto de no retorno

Tras la defenestración, los nobles protestantes intentaron justificar su acto, explicando que no se trataba de una rebelión contra el rey o el emperador, que solo defendían sus derechos. Al mismo tiempo empezaron a reunir el ejército, ya que sabían, que si prevalecían en Viena, corazón de la Monarquía de los Habsburgo, las tendencias antiprotestantes, estarían en plena guerra.

La historiadora Marie Šedivá Koldinská, explicó el significado que tuvo la defenestración en los Países Checos.

“Desde el punto de vista checo se trató del paso del Rubicón, es decir, ya no se podía dar marcha atrás, ya no era posible decir que alguien era neutral. Después del acontecimiento, todos estaban obligados a elegir uno de los bandos y los sucesos se aceleraron notablemente. Hasta ese momento, era un conflicto latente. Después de la defenestración es, de facto, ya una guerra abierta”.  

El conflicto fue inevitable y tras dos años de lucha, la Revuelta Bohemia acabó el 8 de noviembre de 1620 en la batalla de la Montaña Blanca con la derrota del bando no católico y la sangrienta y ejemplar ejecución de 27 nobles rebeldes en la Plaza Vieja de Praga en 1621. En 1627, el emperador Fernando II proclamó en los Países Checos la religión católica como la única posible.

Un conflicto de índole local desató un desastre antes no vivido en Europa – la guerra de los Treinta años. Como indicó Marie Šedivá Koldinská, la guerra estaba a punto de estallar debido a causas religiosas y de poder y fue una casualidad que su inicio se diera en los Países Checos.

“La defenestración es concebida en primer lugar como el inicio de la guerra de los Treinta Años, así que aunque hubiera ocurrido en Praga, es decir, era una reacción inmediata a los problemas locales, se trata de un hecho que tiene un significado paneuropeo, ya que este suceso causó un enorme conflicto, el más grande que hasta ese entonces Europa había vivido”.  

La guerra de los Treinta Años llegó a su final con la Paz de Westfalia en 1648 y dejó tras sí unas tierras arrasadas y esquilmadas por los ejércitos y causó un notable descenso de la población europea.

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