Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público
En las elecciones generales celebradas en 2024, los votantes cometieron el error de elegir a un alcalde, que, aunque joven, es el patético reflejo de una mentalidad colonialista. El burgomaestre de marras considera “mejor” todo lo extranjero, especialmente la ”gringofilia” (amor a los gringos), como una forma de expresar sus actuaciones.
Sin ningún rubor, el alcalde de la metrópoli, Mayer Mizrachi, ha titulado la fiesta de Navidad que organiza en la urbe, con el nombre de “City of Star”. Es decir, sobrepone la publicidad foránea al lenguaje español, que nos enorgullece, e impone un nombre anglosajón, en vez de usar la elegante frase: “Ciudad de las Estrellas”.
No hay duda de que a muchos coterráneos les agrada la terminología esnobista y exótica. Ese dilema moldeó a Mickey Mouse, personaje de los dibujos animados de Disney. Ambos son herederos de una cultura y conducta psicológica con mentalidad colonialista que les lavó el cerebro cuando existió la antigua Zona del Canal de Panamá.
La Zona del Canal fue un enclave extranjero que durante casi un siglo marcó a varias generaciones de panameños con sus reglas, privilegios y símbolos que muchos todavía añoran, debido a la falta de identidad y pérdida de valores.
Con frecuencia, provoca asombro la enorme cantidad de letreros con lemas publicitarios como “Black Friday”, “Week End”, ”Thanksgiving Day”. Y ahora, para finales de octubre, “Halloween”. Algunos le llaman a ese fenómeno una apuesta por la globalización, para evitar caer en el debate de la identidad nacional.
No es que a través de este escrito se fomente el no uso de otros idiomas, pero en el caso de Panamá ese uso responde a una actitud de dependencia. Las personas identificadas con la ”gringofilia” suelen creer que sin los gringos ambiciosos es imposible hacer tal o cual cosa importante.
Otros individuos dominados por el deseo infinito de encontrar a un papá grande y justo, piensan que no pueden sostenerse sin la ”ayuda” y el tutelaje extranjero. Por ello, sueñan con el reino de la fantasía y aspiran a tener en sus manos la ”Green Card”, la tarjeta verde de residente permanente en Estados Unidos, sin darse cuenta de que allá el organismo migratorio ICE los espera.
Hoy, existe una terrible desconfianza en lo nacional y en lo autóctono, a causa de la corrupción rampante. Ello da paso a la nostalgia por el dominio colonialista, como si la solución de las penas y angustias individuales y colectivas estuviese en manos ajenas que ordenan a los súbditos arrodillarse y obedecer al amo sin excusas ni rectificaciones posibles.
No obstante, la historia reciente contradice la pobre justificación de los sumisos y subordinados al poderío foráneo. El Canal interoceánico, administrado por manos panameñas desde 1999, ha sido más rentable y eficiente que cuando estaba bajo el control militar estadounidense.
Los puertos marítimos y la aviación nacional son ejemplos de gestión soberana. La persistencia de la mentalidad colonialista no es un reflejo de la incapacidad nacional, sino de una resistencia cultural al cambio, que se mantiene en algunos individuos, pese a la evidencia irrefutable.
La próxima vez, los electores deberían escoger en las urnas a un alcalde autóctono, sin antecedentes penales y sin resabios dela abominable mentalidad colonialista y sionista.





Excelente artículo