Escribe Leo Lagos en Investigación científica (Extracto del artículo principal)
La Diaria
El lanzamiento, que marca un hito para conocer la biodiversidad vegetal del territorio —la última flora que intentó abarcar toda la diversidad de nuestras plantas vasculares se completó en 1911—, requiere apoyos diversos, por ejemplo, un socio que albergue toda su información en sus servidores.
“Si ignorás el nombre de las cosas, desaparece también lo que sabés de ellas”, señaló en 1755 Carlos Linneo, figura fundamental de la historia de la taxonomía, esa pasión humana por intentar dar un orden y clasificar la maravillosa diversidad de las formas de vida de este planeta.
El valor de la frase de Linneo se redobla en este tiempo en que el mundo sufre una acuciante pérdida de su biodiversidad: si no conocemos lo que tenemos en nuestro territorio, apenas podremos ser testigos pasivos de la extinción de lo que nos rodea. No se protege lo que no se conoce, y no se conoce lo que no se nombra. Linneo seguro estaría de acuerdo también en que no alcanza con nombrar: hay que listar, ordenar, clasificar, referenciar en el mapa y depositar muestras en colecciones biológicas que nos permitan entender la biodiversidad pasada, presente y futura. Y en la tradición botánica, la disciplina que estudia al reino vegetal, una forma de intentar cumplir con semejante tarea es la publicación de floras.
¿Qué es una flora? “Una Flora es un recurso científico que recopila información esencial (que generalmente incluye nombres, descripciones y claves de identificación) sobre las plantas de un área geográfica específica y está diseñada para ofrecer una referencia completa y accesible que evita a los usuarios la necesidad de consultar literatura taxonómica dispersa y a menudo difícil de encontrar”, señala un artículo recientemente publicado por más de 20 investigadores e investigadoras de nuestro país y algunos colegas extranjeros. En otras palabras, una flora no sólo es un listado de nombres de todas las especies de plantas conocidas de un país o región, sino una herramienta que lleva a un conocimiento –y deslumbramiento– más profundo sobre ellas.
En la publicación, titulada Flora Uruguaya Online: un nuevo recurso que conecta ciencia, sociedad y conservación los autores intentan ocultar, tras la sobriedad y lenguaje despojado de emociones que impone el formato de las revistas científicas, la inmensa felicidad de haber logrado compilar en un único lugar las 3.112 especies de plantas vasculares que hoy sabemos que hay en el país. Su alegría debería ser también la nuestra: hacía 114 años que nadie concretaba semejante tarea.
Claro que en esos más de 100 años hubo quienes listaron distintos tipos de plantas del país, por ejemplo, las gramíneas o las leguminosas, una tarea ya de por sí gigantesca, pero intentar abarcar a todas las plantas era algo a lo que ningún grupo le había hincado el diente. Es que el desafío es grande, el camino resbaladizo, los incentivos escasos y los recursos ridículos. Por eso, festejemos: gracias a la pasión, rigurosidad, entrega, compromiso, sacrificio, astucia y miles de horas de trabajo, hoy tenemos a nuestra disposición una flora completa de Uruguay. Y para colmo, es gratuita, está en línea (alcanza con entrar al sitio florauruguaya.org) y cualquiera puede pasarse rato deleitándose con todo lo que allí hay.
¿En qué consiste la Flora Uruguaya Online? Es “una plataforma abierta que reúne información taxonómica actualizada, descripciones, imágenes y registros de herbario para todas las plantas del país, ofreciendo un acceso integral y confiable al conocimiento botánico nacional”. Entre sus características, sus autores destacan “su arquitectura, que permite una exploración potente mediante búsquedas por nombre, características, familias, ambientes y áreas geográficas, facilitando tanto la consulta básica como el análisis especializado”, así como mapas interactivos “con la distribución geográfica de las especies” que “integran datos de colecciones y observaciones recientes, lo que permite visualizar patrones de presencia, orientar investigaciones y apoyar la toma de decisiones en conservación y gestión ambiental”.
La Flora Uruguaya Online se sustenta en dos grandes fuentes de información. Por un lado, incorpora los datos y fotos de todas las muestras depositadas en las principales colecciones botánicas del país, a saber: el Herbario Bernardo Rosengurtt de la Facultad de Agronomía (que tiene aproximadamente 100.000 especímenes colectados); el Herbario del Museo Nacional de Historia Natural (con otros 100.000 especímenes); el Herbario del Jardín Botánico de Montevideo (unos 60.000 especímenes); el Herbario Eduardo Alonso Paz de la Facultad de Química (unos 10.000 especímenes), y el Herbario de la Facultad de Ciencias (unos 5.000 especímenes). Entre todas estas colecciones se tienen datos y muestras de unas 275.000 plantas. Pero, por otro lado, el proyecto toma las observaciones de plantas subidas a la plataforma de ciencia ciudadana NaturalistaUY que han sido verificadas y que totalizan hoy unos 40.000 registros.
El sitio Flora Uruguaya Online ya está completamente operativo y, al mismo tiempo, está en construcción. Si bien incluye el 100% de las plantas vasculares conocidas que hay en nuestro territorio y hay fotos de más de 90% de las familias de plantas, aún resta cargar información e imágenes, sobre todo de las colecciones científicas (apenas se ha digitalizado cerca del 5% de ellas). Así que si bien es tiempo de festejar, también queda bastante trabajo por delante. De todo ello hablaremos con Mauricio Bonifacino, Victoria Valtierra y Ary Mailhos, tres de los autores del trabajo, integrantes del proyecto Flora Uruguaya Online y abnegados guardianes del herbario de Facultad de Agronomía.
Un trabajo “ciclópeo” que no se hacía desde más de 100 años
En el artículo lo dicen con claridad: nuestro país no contaba con una flora completa, y la que más se había acercado a ello “fue publicada hace más de un siglo”.
“Si ves la historia de los que se preocuparon por desenmarañar la madeja botánica y decir qué es lo que hay en Uruguay, el primero que hace un listado de especies es Ernesto Gibert”, cuenta Mauricio Bonifacino, del Laboratorio de Botánica del Departamento de Biología Vegetal de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República. En el artículo señalan que en su publicación de 1873, Enumeratio plantarum sponte nascentium agro Montevidensi, el naturalista francés presentó “una lista de 1.178 especies de plantas vasculares y algunas briofitas, basada en registros bibliográficos y especímenes de su herbario”. Pese a que la publicación de Gibert, que Mauricio saca de la biblioteca donde hacemos la entrevista, no tiene ni ilustraciones ni descripciones, el suyo “se considera el primer catálogo florístico de Uruguay”.
“Esa es la primera lista de plantas que hay en Uruguay. Después, en cuanto a catálogos botánicos, el otro grande que tuvo Uruguay es el de Guillermo Herter”, explica Mauricio. Publicada en 1930, Florula uruguayensis presenta una lista de más de 2.700 especies de plantas (Herter fue una figura un tanto “controversial”, entre otras cosas por su filiación, “bastante explícita” según señala Mauricio, al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, algo que le valió “el rechazo del establishment botánico de la época”).

Si bien los de Gibert y Herter eran catálogos con listas de plantas, Mauricio señala que una flora es más que eso. “El formato de una flora incluye además de la lista de especies, descripciones, ilustraciones, claves y demás”, sostiene. El primer trabajo que cumplió en buena medida con ello fue Flora uruguaya, de José Arechavaleta, que se publicó en diversos tomos entre 1898 y 1911 y abarcó más de 2.000 especies de plantas. “Hasta hoy en día la de Arechavaleta era la única flora que existía para Uruguay a nivel general. No está completa, pero no le faltó mucho”, señala Mauricio.
“Después hubo cosas parciales que estaban o bien circunscritas geográficamente, como Flora montevidensis, publicada por Atilio Lombardo entre 1982 y 1984, o a ciertos grupos, como es el caso del trabajo de Bernardo Rosengurt Gramíneas uruguayas, publicado en colaboración con Blanca Arrillaga y Primavera Izaguirre en 1970, o Leguminosas del Uruguay y regiones vecinas, de Primavera Izaguirre y Rosario Beyhaut, de 1998 y 2003”, recapitula.
El asunto es entonces que desde hacía más de 100 años que no se publicaba un trabajo comprensivo de toda la flora del país. Ese vacío vino a ser llenado por la Flora Uruguaya Online. ¿Por qué? “La razón para que no se haya publicado una flora comprensiva desde hace tanto tiempo es sencilla: lleva mucho trabajo”, confiesa Mauricio. Y de hecho, alguien venía trabajando sin prisa pero sin pausa con ese objetivo.
“En forma paralela, conforme se publicaban estos trabajos sobre determinados grupos de plantas, estaba todo el trabajo que venía haciendo Eduardo Marchesi de relevamiento y sistematización de nuestra flora. Su gran trabajo de décadas hizo que el conocimiento para poder encarar la publicación de esta flora en línea estuviera disponible”, cuenta Mauricio.
El gigante trabajo de Marchesi ha sido reconocido en múltiples ocasiones, como, por ejemplo, cuando se le entregó el honoris causa de la Universidad de la República en 2022. En el artículo señalan que su “extenso resumen inédito de la flora, organizado por familias con claves para géneros y especies, junto con otros datos que incluyen distribución y fenología”, fue una pieza clave para que el equipo quebrara la maldición de los más de 100 años sin una flora abarcativa de toda nuestra diversidad botánica. Pero claro, a eso había que agregarle trabajo.
“Para unas 3.000 especies de plantas vas a tener miles de nombres para revisar, asegurarte de que las descripciones y las claves sean correctas, chequear los ejemplares y demás. Es un trabajo que no lo puede hacer una sola persona. El desafío es cómo y cuándo podés juntar a una determinada cantidad de gente que pueda asumir ese compromiso y dedicarle tiempo a eso”, comenta Mauricio. Y el asunto es que en el sistema de ciencia local, todo ese trabajo no es incentivado.
“¿Qué factor de impacto te parece que tiene una flora que sale publicada? ¿Cómo eso se reconoce en el currículum de quienes participan en la tarea? Es algo que lleva enormidad de tiempo y que, si bien es de gran utilidad, no se valora apropiadamente. Hoy los incentivos para los investigadores jóvenes pasan por la publicación frenética de artículos científicos”, lanza Mauricio.
Lo que dice alude al fenómeno conocido en inglés como publicar o perecer: la carrera de nuestros investigadores e investigadoras, así como en el resto del planeta, está valuada de acuerdo con la publicación de artículos en revistas científicas de impacto.

“El tiempo que te lleva darte cuenta de qué es una cosa y qué es otra cuando salís a la naturaleza no va con los tiempos que exige el sistema científico hoy. Aprender a diferenciar todas las especies de pastos del género Paspalum no es algo que vayas a lograr en una única salida de campo, ni en dos, y tal vez ni en diez. Eso es algo que pasa después de que calentaste la silla durante un tiempo largo mirando ejemplares, leyendo textos, volviendo al campo y demás. Y por más que todo eso no implique una innovación, por más que no haya especies nuevas ni nada, esa preparación es algo por lo que tenés que pasar si querés conocer la biodiversidad”, explica Mauricio. En todo ese tiempo, cualquier otro podría estar publicando varios artículos. O, como sucede, publica artículos y dedica un tiempo marginal a todo eso.
“Todas esas exigencias del sistema por publicar, si bien están más acentuadas ahora, se dieron también durante toda la trayectoria de Eduardo Marchesi. Él estaba con este proyecto de flora mientras además era docente y curador del herbario. Él tenía que hacer todo”, agrega Victoria Valtierra, también del Laboratorio de Botánica de la Facultad de Agronomía. “Como nos pasó también a nosotros, sus horas de trabajo no sólo iban para esa tarea ciclópea de armar una flora, sino que además tenía que dar clases, tenía que curar las plantas, y demás”, dice Mauricio.
De hecho, la idea de publicar la flora podría haberse dilatado muchísimo más: en un momento dejaron de soñar con publicarla en formato libro y decidieron que fuera en línea. “Eso aceleró mucho la tarea y permitió que el trabajo colaborativo fuera mucho más fácil”, subraya Mauricio satisfecho con la decisión. “Ni que hablar que nos gustaría tener la flora uruguaya en papel, pero es algo a lo que podemos apuntar una vez que tengamos la Flora Uruguaya Online avanzada”, sigue soñando.




