Hospital de Animales vs Hospital Oncológico

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Figuras del oficialismo ponen primera palada en el polémico Hospital.

Por Victoriano Rodríguez Santos
Economista, educador, máster en Recursos Humanos

Verdadera pena ajena es saber que tenemos un Órgano Ejecutivo que prefiere un Hospital de Animales o mascotas, antes que mejorar las instalaciones del Hospital Oncológico Nacional donde mueren personas cada día.

Ni en el gobierno de Hitler se supo de algo semejante. El führer hizo cosas peores para los humanos, pero entre humanos, no anteponía los animales a los humanos.

Dichosamente, hay algunos diputados de mente fresca y con sentimientos humanistas. Esperamos que todos analicen cuál es el beneficio para el país, aun cuando tengan que luchar contra dilapidadores de la Cosa Pública o perros rastreros, fieles o infieles.

No hay medicamentos para los panameños, pero lo tendrán los animales. ¿Son más importantes las mascotas que los seres humanos? Recordemos que en Panamá la construcción es la fuente principal de endeudamientos, sobreprecios y coimas.

Mientras el Hospital Susana Jones, en el distrito de San Miguelito, tiene una sala de hemodiálisis que es una coladera y hay otros nosocomios cuyas instalaciones tienden a caerse en pedazos, Mulino anuncia la construcción de un hospital millonario para mascotas. Definitivamente, algo no funciona bien en el sistema de inversiones públicas.

En la operación descrita se olvida la justicia social y el desarrollo integral del pueblo, tal cual lo exponía, resaltaba e impulsaba el general Omar Torrijos Herrera. Estamos llegando al fondo y no queremos darnos cuenta de ello.

Omar Torrijos se preocupó por desarrollar el campo y las comunidades pobres a través de la alfabetización, apertura de caminos y carreteras, siembra de escuelas y centros de salud. El actual gobierno parece más interesado en los animales que en las personas. Es obvio que algo no cuadra en el conflictivo proyecto oficial.

Lo anterior es comparable con un molino colocado contra el pueblo. Mientras sus aspas cortan el viento de la esperanza para los humanos, nos asfixiamos todos cada vez más.

Decía Omar: ”No se puede olvidar la humillación, la discriminación y la sangre de los mártires y héroes que dieron la vida por una patria libre y soberana”.

Soy el hijo de Juana. ¡Dios te salve, Panamá!

1 COMENTARIO

  1. Con todo respeto al autor, el planteamiento incurre en una falsa oposición: no es cierto que atender la salud animal implique abandonar la salud humana. Un Estado moderno debe y puede hacer ambas cosas, siempre que exista planificación, transparencia y control del gasto.
    La crisis del Hospital Oncológico Nacional, de los hospitales de San Miguelito y de muchos otros centros de salud no comenzó con el anuncio de un hospital veterinario, ni se resolverá cancelándolo. El verdadero problema ha sido, por décadas, la ineficiencia, corrupción, mala gestión y abandono estructural del sistema de salud, independientemente del gobierno de turno.
    Comparar esta decisión con regímenes totalitarios o con Hitler no solo es históricamente impreciso, sino que debilita el argumento y desvía la atención del fondo del asunto: la necesidad urgente de priorizar inversiones sociales con criterios técnicos y justicia social, no con indignación selectiva.
    La salud pública humana debe ser prioridad absoluta, sin discusión. Pero la salud animal también es un asunto de salud pública, especialmente en un país donde las zoonosis, el abandono animal y la falta de control sanitario generan impactos reales en comunidades vulnerables.
    El debate correcto no es “personas vs. animales”, sino:
    ¿Se están asignando los recursos con criterios claros?
    ¿Hay sobrecostos?
    ¿Existen mecanismos de fiscalización?
    ¿Por qué hospitales humanos siguen deteriorándose año tras año sin consecuencias para los responsables?
    Omar Torrijos hablaba de justicia social, sí, pero también de planificación, coherencia y responsabilidad del Estado. Usar su figura para justificar una narrativa emocional sin análisis técnico no honra su legado.
    Panamá no necesita más discursos que enfrenten a unos contra otros. Necesita instituciones que funcionen, prioridades claras y cero tolerancia a la corrupción, tanto en hospitales humanos como en cualquier otro proyecto público.

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