Renato Lara, Maritza Alabarca, Celestino Villarreta…¡presentes!

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Madre y hermanos de Martiza Alabarca la recuerdan en su tumba.

Por Virgilio Cerrud
Sociólogo y docente universitario

La asociación ejército embajada de USA-CRU de Colón / Gobernación VS Dignidad y Resistencia del pueblo de Colón. Desenmascaremos a los traidores, vende patria y entreguistas.

Los tres mártires colonenses de enero de 1964, su memoria y su sacrificio por la soberanía y la patria merecen respeto. Se está recabando toda la información posible para descubrir, denunciar y repudiar la bajeza de permitir que militares (ingenieros) de Estados Unidos, que tienen sus manos manchadas de sangre de los hijos de la patria, pretendan realizar obras de remodelación en el CRU de la ciudad de Colón.

¿Hasta dónde ha llegado el entreguismo de esas autoridades colonense? En ese caso, el director del CRU de Colón y el gobernador de la provincia, al permitir que esos genocidas en medio de la delicada situación que vivimos en defensa de la soberanía se pretendan su sola presencia desafiante en nuestras calles. En pleno siglo XXI salen a relucir nuevamente los espejitos. Esta vez, le toca nada más y nada menos que al CRU de Colón de la Universidad de Panamá “defensora de la soberanía” y “conciencia crítica de la nación” ¿?

El ejército genocida norteamericano es el encargado de adiestrar, entrenar y preparar a los miembros del Servicio Nacional de Frontera, de la Aeronaval, de la Policía Nacional y a los miembros del cuerpo de Control de Multitudes, que no hacen otra cosa que salir a reprimir al movimiento social contestatario que se oponen a los memorándums de entendimiento firmados con los gringos.

No es casualidad la brutal y salvaje represión contra el pueblo que protesta. Pero esas autoridades arriba señaladas, director del centro y gobernador de la provincia, acompañan a personaje de la embajada que buscan garantizar que esos genocidas pretendan lavarse la cara realizando trabajos que son de exclusiva competencia de las autoridades universitarias. Obras que deberían estar ejecutándose con el presupuesto nacional.

La sangre derramada por los mártires colonenses inmolados en 1964 y la lucha de los estudiantes universitarios de Colón y el pueblo para conseguir una sede en los terrenos que revirtieron en cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter no debe ser mancillada por quienes se conforman con recibir espejitos. No hay que extrañarse de que, finalmente, el gobierno nacional pague el costo de las obras como en el Canal de Panamá, con los buques de guerra de Estados Unidos.

¿Dónde quedaron los 8,9 millones de dólares que debieron ser invertidos en las mejoras de las infraestructuras del CRU? ¿Qué se hizo el dinero?¿Cómo se ”fumigó” la plata? ¿Quién rinde cuentas sobre esos millones? Ello debería estar trabajando el contralor de la República y no estar cercando de hambre a la Universidad de Panamá, con el objetivo de arrodillarla y someterla a la política represiva del desgobierno de turno.

Las autoridades del CRU de Colón deberían estar al lado del pueblo que protesta. Hablamos de docentes, de trabajadores de la construcción, bananeros, de los originarios, de los campesinos, de los ambientalistas, de los desocupados, de los estudiantes universitarios y secundarios, de los guerreros del mar, en fin del pueblo que hoy se pronuncia contra las imposiciones del gobierno que no responde al soberano, sino a sus amos blanco (gringos) y a sus amos chocolates (los ricos de Panamá).

La Universidad de Panamá tiene un importantísimo papel que debió jugar en la actual coyuntura. En el caso de la Ley 462, tiene una propuesta que debería divulgar en los centros regionales, en las extensiones, en los programas anexos, para demostrar que hay una alternativa y poder desempeñar el papel por la cual fue creada como “conciencia crítica de la nación” y no estar de espalda a los intereses del pueblo.

El ejército de Estados Unidos sólo ha traído muerte a la juventud y humillación a la sociedad panameña. A traves de la Escuela de las Américas ayudó a adiestrar a gorilas militares que dieron golpes de estado a lo largo y ancho de América Latina, donde sacrificaron a miles de patriotas cuyo único pecado era luchar por mejores condiciones de vida. Por ello, el hecho de permitir que esas fuerzas se desplacen en territorio nacional sólo tiene un nombre: traición a la patria y a la memoria de los mártires.

Como decía el General Omar Torrijos :“no hay mal que dure 100 años ni pueblo que lo resista”. “Prefiero una juventud castrista que una juventud castrada”.

¡Así de sencilla es la cosa!

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