El plan de los partidos es saquear el erario público

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Las elecciones del 2019 podrán a prueba la efectividad de la lucha contra la corrupción. (Foto: Carlos Lemos/Reuters).

El plan de los partidos es saquear el erario público

Por Marco A. Gandásegui, hijo
Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA

La mayoría de los panameños reclaman cambios en el orden político que está totalmente carcomido, sin posibilidad alguna de recomponerse. Lo primero que exige el pueblo es un final al despojo descarado de las riquezas del país por una pequeña oligarquía que gobierna desde hace casi 30 años. La corrupción se ha adueñado de las instituciones republicanas tanto del gobierno, como de los partidos políticos, pasando por una clase empresarial insaciable.

Al mismo tiempo, los panameños piden que los gobernantes– elegidos por el pueblo –cumplan con los programas de trabajo que proponen. El crecimiento económico del país y la eficacia del gobierno para recaudar fondos, tiene que traducirse en una calidad de vida decente para todos, que incluya educación para las nuevas generaciones, salud igual para todos y seguridad en las comunidades del país. Desde 1990, desapareció la noción de tener un plan de desarrollo nacional. Cada quinquenio el partido que llega a administrar el presupuesto nacional tiene un plan muy bien elaborado para saquear el erario público. Los partidos se olvidan del país y su gente, y sólo piensan en los negocios con fondos públicos que aumentan las fortunas de sus patrones.

La semana pasada, con el anuncio de un aumento de la tarifa de electricidad del 8 por ciento, el gobierno se descubrió por completo. Sin justificación creíble se pretendió traspasar una cuenta millonaria de la empresa ETESA a los consumidores. Si en efecto la mala administración de las líneas transmisoras de electricidad son la causa del déficit, hay que pedir cuentas y castigar a los responsables. Los administradores y los políticos deben presentar, de una vez, sus renuncias. Los sectores populares, con los estudiantes universitarios a la cabeza, salieron a la calle a protestar. Fueron recibidos por las fuerzas represivas del gobierno, causando daños irreparables.

Los partidos políticos –llamados de gobierno y de oposición– guardaron silencio mientras que el pueblo se tomaba las calles. Además de los universitarios, salieron educadores, trabajadores y sectores de la “sociedad civil”. Los partidos políticos han perdido la representación de los diferentes sectores de la sociedad panameña. En este momento están enfrascados en maniobras pre-electorales. Su preocupación principal es llegar al solio presidencial y reelegir a sus diputados.

El escándalo de las tarifas de electricidad se suma al anuncio hecho la semana anterior de que los diputados tienen varias “planillas” para nombrar sus seguidores y “servidores” por la suma de 300 millones de dólares anuales. Planillas acordadas entre el Ejecutivo y el órgano legislativo hace varios años. También estamos presenciando el juicio del expresidente Martinelli (2009–2014).

Se han dado 108 concesiones para construir represas sobre los ríos panameños. Hay un total de 41 que están operando. Los concesionarios constituyen lo que parece un “directorio” de los financistas de los partidos políticos. Aparecen los apellidos que suelen ser mencionados por los medios de comunicación como los “dueños” de los partidos.

Se acerca el torneo electoral de mayo de 2019 donde se enfrentarán los mismos partidos que se reciclaron hace treinta años, después de la invasión norteamericana de 1989. Cada uno tiene el mismo modelo para aplicar en su gestión administrativa.

Por un lado, cumplir con las exigencias de los organismos norteamericanos en materia de economía y en lo referente a las políticas sociales: Más desregulación, más flexibilización y más privatización. Además, reducir los presupuestos para la educación, salud y seguridad comunitaria. Por el otro lado, identificar los rubros presupuestarios más sustanciosos que pueden ser atacados y despojados de sus riquezas: Finanzas, infraestructura y el sector social.

Los partidos políticos, sin embargo, pierden cada vez más legitimidad y credibilidad. Su poder de convicción se corroe y no pueden caminar con la misma agilidad de antaño. Sectores económicos que financian a los partidos están lanzando candidatos independientes con la finalidad de sondear a los votantes que no quieren saber de los partidos. Incluso, los pre-candidatos se desprestigian al salir a la palestra, simplemente por la presencia del equipo partidista que le hace compañía. Los tres partidos más grandes (PRD, CD y Panameñista) realizarán primarias en los próximos dos meses. Ganarán candidatos que tienen alrededor de 30 años militando en los partidos. No hay caras nuevas ni propuestas que incluyan las necesidades del país. El partido de izquierda, el Frente Amplio por la Democracia (FAD), que no realizará primarias, tiene la oportunidad de presentar caras nuevas y propuestas contundentes.

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