ONU autoriza debate bloqueo Cuba 2026: 136 votos y derrota diplomática de EE.UU.

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Votación mayoritaria de la ONU contra el bloqueo de EEUU a Cuba.

La Asamblea General de las Naciones Unidas autorizó el martes, con una mayoría contundente de 136 votos a favor, la celebración de un debate urgente solicitado por Cuba bajo el tema 38 de la agenda: «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba». Estados Unidos, junto a Argentina e Israel, votó en contra de que la sesión se realizara siquiera. Perdió. Nueve países se opusieron y treinta se abstuvieron.

El resultado marca la primera derrota diplomática de Washington en esta jornada, después de semanas de presión documentada del Departamento de Estado para impedir que el tema llegara al plenario.

Un debate que Washington intentó frenar dos veces

La votación de apertura no fue el único obstáculo que Estados Unidos intentó imponer. Apenas comenzada la sesión, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla debió solicitar una moción de orden, al cuestionar que la presidencia de la Asamblea no llamara al orden ante una intervención que, según señaló, carecía de carácter procesal: la Asamblea únicamente había autorizado abrir el debate, no sostener ya una discusión sustantiva sobre el fondo del asunto.

El episodio confirma lo que Cuba viene denunciando desde inicios de julio, cuando trascendió un cable diplomático firmado por el secretario de Estado Marco Rubio, dirigido a embajadas estadounidenses en todo el mundo, con instrucciones para presionar a gobiernos anfitriones y evitar que la ONU debatiera la agresión económica contra la isla. Según reveló entonces el propio Rodríguez, la misión permanente de Estados Unidos en Nueva York llegó a amenazar con acciones procesales para impedir que la Asamblea pudiera siquiera reunirse sobre el tema.

El discurso: del argumento jurídico al costo humano medible

En su intervención ante el plenario, Rodríguez Parrilla llevó la denuncia cubana a un terreno que resulta mucho más difícil de rebatir que el habitual argumento de soberanía: el de las cifras humanas. El canciller describió una política de casi 70 años, intensificada de forma dramática en los últimos siete meses, y caracterizó la conducta de Washington como una guerra no convencional cada vez más cruenta. Ubicó el cerco energético impuesto desde enero como lo que representa en la práctica: un bloqueo naval de facto, un acto de guerra que impide el suministro de combustible tanto comercial como humanitario a la isla.

Los datos que aportó no dejan margen para el argumento de la «ineficiencia interna» que suele esgrimir la propaganda adversaria contra Cuba: la tasa de mortalidad infantil en el país aumentó de 4 a 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos, lo que equivale a 1.780 muertes evitables de recién nacidos que, en otras condiciones, habrían sobrevivido con el equipamiento médico adecuado. La supervivencia infantil frente al cáncer, según los datos presentados, cayó del 85% al 65%.

La respuesta de Washington: cambiar de tema

Frente a estas cifras, la delegación estadounidense —representada por Jeff Bartos, encargado de Gestión y Reforma de la ONU— optó por desviar el eje del debate. En lugar de responder al costo humanitario expuesto, cuestionó el propósito mismo de la sesión, preguntando de forma retórica si serviría para liberar presos políticos en Cuba o restituir salarios a médicos cubanos enviados al exterior, y acusó al gobierno cubano de imponer a terceros Estados que rompan relaciones comerciales con la isla.

La estrategia no es nueva: cuando el daño humanitario documentado no admite réplica directa, la respuesta habitual de Washington ha sido trasladar la conversación al terreno político interno cubano, evitando toda referencia a las consecuencias medibles del bloqueo sobre la población.

Un respaldo internacional que crece en densidad, no solo en número

A lo largo de la jornada, decenas de delegaciones tomaron la palabra para respaldar la posición cubana, con matices que profundizan el reclamo más allá de años anteriores. China denunció que seis décadas de medidas unilaterales han generado lo que calificó como una catástrofe inmensa para el pueblo cubano, con pérdidas acumuladas que superan los 170 mil millones de dólares. Rusia, a través de su ministro de Asuntos Internos, Vladímir Kolokoltsev, señaló que el propio sistema de Naciones Unidas confirma que 4,2 millones de personas en Cuba necesitan asistencia humanitaria, y describió el cerco como un intento de revivir la Doctrina Monroe en la región.

Especialmente significativa resultó la intervención de Eritrea, en nombre del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas, que llamó directamente a la comunidad internacional a posicionarse para prevenir una agresión militar contra Cuba —un paso más allá del habitual reclamo económico—. Los diez países de la ASEAN, a través de Singapur, reiteraron su respaldo histórico a la causa cubana. Nicaragua calificó la política estadounidense de anacrónica, ilegítima y cruel, mientras que el Grupo de los 77 más China, con la voz de Uruguay, expresó preocupación puntual por la ampliación del artículo 3 de la Ley Helms-Burton, que intimida las relaciones comerciales de terceros países con la isla.

¿Simbolismo o avance real?

Es legítimo preguntarse si la jornada de hoy tiene un alcance más allá de lo simbólico, como ocurre habitualmente con la resolución anual que se vota cada octubre. La respuesta exige precisión: lo ocurrido este martes no fue una votación sobre una resolución vinculante —esa instancia llegará en octubre—, sino la autorización de un debate urgente sobre hechos que no existían en la sesión de octubre pasado: el cerco energético como acto de guerra, las amenazas militares explícitas contra la isla, y un deterioro humanitario ahora cuantificado en muertes evitables.

El valor de la jornada no reside en un texto jurídico, sino en un hecho político: en 2026, con una campaña de presión documentada del Departamento de Estado desplegada explícitamente para impedir que el tema se discutiera, la Asamblea General decidió, por mayoría aplastante, que sí se hablaría. Cuando el argumento no bastó para frenar el debate, Washington intentó impedir que el argumento se escuchara siquiera. Tampoco lo logró.

Proyección: lo que viene después del 7 de julio

Esta jornada deja a la diplomacia cubana en una posición más sólida de cara a dos frentes. En el plano multilateral, sienta una base documentada —con el respaldo explícito de decenas de países— sobre la escalada iniciada en enero de 2026, lo que fortalece los argumentos de cara a la resolución que se someterá a votación en octubre próximo, después de que en 2025 esa resolución registrara su peor respaldo histórico. En el plano comunicacional, la negativa de Estados Unidos a discutir las cifras humanitarias y su desplazamiento hacia el terreno político deja abierto un flanco que la diplomacia cubana y sus aliados previsiblemente seguirán explotando en los meses previos a esa votación.

La victoria de este 7 de julio es, ante todo, procesal y narrativa: Cuba logró que se hablara, en el foro más representativo del planeta, de una agresión que documenta con cifras de vidas humanas. La tarea que sigue es que ese debate se traduzca, en octubre, en un respaldo capaz de revertir la tendencia a la baja registrada el año pasado.

Este artículo recoge las intervenciones y resultados de la sesión de la Asamblea General de la ONU celebrada este 7 de julio de 2026 en Nueva York, a solicitud de Cuba. Fuentes: Prensa Latina, Cubadebate, teleSUR, Radio Habana Cuba, Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX), EFE.

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