Por David Carrasco
Director de Bayano digital
Sol, lluvia y sereno es lo que han soportado millares de personas en Panamá durante horas para poder adquirir en diciembre de 2025 una caja o bolsa navideña subsidiada en 55 por ciento de su precio en el mercado. Filas interminables, sed, desmayos, sopor y empujones dominan ese escenario grotesco y absurdo, que más bien parece extraído del primer acto de la Corte de los Milagros o de un temerario experimento del fisiólogo Iván Pávlov.
Al presenciar ese primitivo sistema de distribución con el sello gubernamental, alguien desorientado y ansioso preguntó con el rostro tapado por la vergüenza: ¿Por qué nos hacen esto? ¿Dónde está el espíritu navideño y el amor al prójimo que predicaban Jesús y los fieles apóstoles en tiempos aciagos?
La pregunta vino como anillo al dedo y la respuesta inmediata también:
— Somos víctimas del Schadenfreude, un término alemán que describe el placer o gozo —en este caso de procedencia oficial— que se experimenta ante la desgracia, el fracaso o el sufrimiento de otras personas. Sin duda, hay mala voluntad y una operación de cálculo en la aplicación de un modelo indigno de comercialización privilegiado por el estatal Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA), la entidad responsable de la cuestionable organización ferial.
El proceso de distribuir alimentos en las calles no es nueva. Una teoría sugiere que los frailes de San Lorenzo distribuían ”panis et perna” (pan y jamón) a los pobres, según una publicación en Loquis, la plataforma de podcast geolocalizados de viajes que cuenta historias de las ciudades. En la antigua Roma ya había visos de premiar la obediencia al poder con favores temporales, como el pago en especies.
La vía Panisperna recuperó prestigio cuando en la década de 1930 se convirtió en el lugar donde un grupo de jóvenes y brillantes físicos italianos, liderados por Enrico Fermi (conocidos como ”los chicos de la vía Panisperna”), abrieron el camino a la fisión nuclear. Así la ciencia opacó a los que daban limosnas y propinas a los plebeyos.
Sobre la manipulación de masas, conviene resaltar que a las mentes absolutistas siempre les ha fascinado la idea de poner a los pobres en fila y hacerlos esperar, para obligarlos a la mansedumbre. En definitiva, sigue vigente el concepto de ”pan y circo» (del latín Panem et circenses), una expresión que describe la práctica de los gobiernos de distraer a la población con necesidades básicas (comida) y entretenimiento (espectáculos) para cubrir los problemas políticos o sociales importantes, desviando con ello la atención de asuntos cruciales, como la corrupción o la falta de infraestructura.
El presidente de la República, José Raúl Mulino, dijo a medios locales que el IMA “está trabajando a toda máquina” para que 500.000 cajas navideñas lleguen a las mesas de las familias panameñas en todo el país. En principio, no habría nada pecaminoso en ese anuncio, pero la traducción práctica del mensaje populista en un país aturdido y empobrecido, deja mucho que desear en materia del respeto a la dignidad del ser humano, la identidad y el orgullo nacional soberano.
Si de algo han servido las largas filas organizadas con el objetivo de adquirir las bolsas navideñas, es para demostrar que en Panamá, dueña de la riqueza canalera mal distribuida, hay un ejército de gente depauperada, de menesterosos y de jóvenes excluidos que se disputan los jamones ante la falta de mendrugo y de empleo decente.
Tal vez, ahora, con el auxilio de la historia, se comprenda mejor por qué los emperadores romanos ofrecían grano (pan) y espectáculos públicos (juegos de gladiadores, carreras de cuádrigas) para contentar a la plebe y evitar revueltas. El jamón y los manjares condicionados son un referente en la búsqueda de la satisfacción efímera, en medio de la pobreza galopante y de los excesos del poder político y económico que se nutre del show mediático.




