Por Victoriano Rodríguez Santos
Economista, educador y máster en Recursos Humanos
Es necesario recordar el Papel de la Controlaría General de la República, desde donde surge en la vida nacional, mediante la Ley 22 que crea el primer Reglamento para el Control del Gasto Público, en Panamá (la historia completa en tiempo oportuno).
El viernes 16 de enero de 2026, en la tarde, para ser más preciso, me informaron sobre el cierre de la Oficina de Fiscalización de la Controlaría General en el Municipio de San Miguelito. Lo cierto es que ese despacho oficial no estaban recibiendo documentos desde la mañana de ese día.
De ser así, como se afirma, esa sería otra ”metida de pata” (equivocación) del contralor general, Anel ”Bolo” Flores o de quien impartió la orden para ejecutar esa nefasta acción durante horas laborables. Ni siquiera en en el gobierno militar fueron adoptadas medidas administrativas tan drásticas.
En el mundo entero hay hombres muy hombres, a quienes les estimula la confrontación pública con damas a las que no han podido manejar a su antojo.
Panamá no escapa de esos individuos, que proceden de una mujer, pero aos que les parece gracioso, interesante y quizás hasta feliz ese grotesco gesto repudiado en el ámbito nacional.
En la provincia de Chiriquí y en todo el territorio nacional, se enseña a los estudiantes a honrar a las mujeres, tratarlas como una rosa, no con improperios o adjetivos de descalificación. Lo cierto es que no todos provenimos de los mismos vientres ni las mismas enseñanzas de nuestros ancestros, aún cuando somos de las mismas poblaciones.
Jamás se había escuchado a un contralor de la República expresarse como lo ha hecho el actual, al referirse a las damas de forma despótica e hiriente.
A la diputada Dana Castañeda le dijo ”batallonera” (guerrillera). A Grace Hernández la acusó de ”santita” (diablita) y a la alcaldesa del distrito de San Miguelito, Irma Hernández, la llamó ”niña malcriada” por disentir de la opaca propuesta oficial.
¿Hasta cuándo se aceptarán en este país los epítetos que denigran de una u otra forma a figuras públicas, escogidas mayoritariamente por la población?
Esas faltas de respeto bien pudiesen ser objeto de una solicitud de desagravio por parte de la Asamblea Nacional de Diputados. Sin embargo, es difícil que ello ocurra, debido a los hilos que mueve el poder económico y político en la esfera parlamentaria.
De igual forma, los diputados panameños deberían estar solicitando la entrega de hojas de vida para ambos cargos. Uno por destitución y el otro por renuncia expresa del contralor.
Los ciudadanos deberían saber desde cuándo la Constitución y la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República permiten a un contralor ser mediador entre un dueño, accionista o socio de una empresa con un ministro, director general y, peor aún, con un alcalde en ejercicio.
De comprobarse todo lo anteriormente expuesto, la Asamblea Nacional de Diputados tendría un solo camino: la destitución del personaje de marras y escoger a un sucesor con altas cualidades técnicas, profesionales y humanas, y amor a la patria.
Soy el hijo de Juana.
¡Dios te salve Panamá!





Hay una interrogante que me gustaría escuchar alguna respuesta. El gobierno anunció que desde el primero de enero entendió que en San Miguelito había una urgencia notoria con lo de la recolección de la basura y por ello se decidió incorporar a la Autoridad de Aseo. Eso significaba que en ese momentlo ya Revisalud, que aun era la responsable por contrato de la recolección, estaba en el piso derrotada ya solo esperando que se acabará el contrato. En esta situación arriba descrita, la pregunta es cuales fueron las razones por lo cual el contralor llamo a la Alcaldesa, sirviendo de intermediario, para una reunión con la propietaria de Revisalud, para tratar de negociar una adenda qué le permitiera seguir operando por 6 meses mas a una empresa ya incapaz de cumplir con su contrato. Nunca se dijo quien era esa persona que aparecía como propietaria de Revisalud, pero lo cierto es que tenía que tener un vínculo muy estrecho con el contralor para que él se atreviera a realizar ese pedido.