Jaguares podrían evitar intercambio biótico americano no tan grandioso

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El jaguar desempeña un importante papel en el balance natural.

STRI

El desarrollo urbano y agrícola, además de la deforestación a lo largo del Corredor Biológico Mesoamericano podrían estar generando un nuevo pasaje para especies invasoras adaptadas a la perturbación humana.

Por primera vez, los coyotes (Canis latrans) y los zorros cangrejeros (Cerdocyon mil) se están avistando a la vez. Según un estudio reciente realizado por investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) e instituciones colaboradoras, la deforestación a lo largo del Corredor Biológico Mesoamericano puede ser la razón por la cual las especies de cánidos de América del Norte y del Sur terminaron viviendo juntas en el este de Panamá, lejos de sus rangos originales.

Cuando el puente terrestre de Panamá emergió del mar hace millones de años, mamíferos como perezosos gigantes y felinos con dientes de sable se dispersaron entre América del Norte y del Sur a través del nuevo corredor que unió los continentes, un fenómeno conocido como el Gran Intercambio Biótico Americano.

Hoy, el desarrollo urbano y agrícola, además de la deforestación están generando un nuevo pasaje de hábitats deforestados, ideal para especies invasoras adaptadas a la perturbación humana. Los coyotes, nativos de las regiones que abarcan desde Canadá hasta México, y los zorros cangrejeros, comúnmente encontrados entre Colombia y el norte de Argentina, se encuentran entre estas especies.

Los coyotes se están expandiendo hacia el sur de Panamá.

“Sabíamos que los coyotes se estaban moviendo hacia el sur y los zorros hacia el norte, pero no sabíamos qué tan lejos habían llegado, o qué pasaría cuando se encontraran”, comentó Roland Kays, investigador asociado de STRI, científico del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte y coautor del reciente artículo publicado en el Journal of Mammalogy. “La captura sistemática con cámaras a través de bosques y tierras agrícolas nos ayudó a descubrirlo”.

Para comprender este fenómeno, los científicos combinaron monitoreo de cámaras trampa con observaciones de la literatura y registros de animales atropellados. Su análisis reveló que las poblaciones de coyotes y zorros cangrejeros han colonizado el corredor dominado por la agricultura entre la ciudad de Panamá y el lago Bayano. Incluso se detectaron algunos coyotes en el borde occidental del Parque Nacional Darién de Panamá, la última barrera antes de invadir América del Sur.

Los jaguares y otros depredadores de los bosques tropicales pueden haber formado una barrera, evitando que los coyotes se muevan más al sur. “Existe información sobre coyotes en Panamá desde 1981, y han progresado en todo el istmo gracias a la expansión de la frontera ganadera y agrícola y la deforestación en algunas áreas del país”, comentó Ricardo Moreno, investigador asociado de STRI, presidente e investigador de la Fundación Yaguará Panamá y coautor del artículo. “Si la población de jaguares disminuye y la deforestación aumenta en Darién, seguramente el coyote pronto ingresará a América del Sur”.

A pesar de originarse en lados opuestos del continente americano, estas dos especies de cánidos desarrollaron rasgos comparables: ambos son nocturnos, tienen dietas similares y usan los mismos tipos de hábitats. Nunca se han observado juntos en las cámaras trampa, pero los autores sugieren que sus características comunes podrían conducir a la competencia en su rango recientemente compartido.

Para los investigadores, una sorprendente revelación de este estudio fue la apariencia de algunos coyotes capturados por cámaras trampa. Muchos tenían colas inusualmente cortas, hocicos parecidos a perros y patrones de pelaje variables, lo que indica una posible hibridación reciente con perros. Esto podría beneficiar a los coyotes si heredan genes de perros asociados con el consumo de frutas, ya que podrían explotar mejor la fruta tropical.

Si la deforestación continúa en Panamá y América Central, los zorros cangrejeros y los coyotes podrían estar entre los primeros mamíferos en un nuevo “Intercambio biótico americano no tan grandioso” con impactos ecológicos desconocidos en las presas o competidores nativos. Para abordar este desafío, los científicos enfatizan la necesidad urgente de priorizar la investigación de conservación que continúa explorando los efectos de estas especies invasoras en relación con la fragmentación, la reforestación y la persistencia de los depredadores de ápices nativos, como los jaguares, en la región.

“Encontramos coyotes utilizando bosques tropicales fragmentados, pero no los bosques más grandes donde persisten los jaguares”, comentó Kays. “Creemos que mantener al jaguar en Darién también lo hará hostil a los coyotes”.

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